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Agosto 18, 2026

Un PS que avanza como un kayak…

Hace ya varias lunas que te conté que la socialdemocracia murió de mala muerte. Desaparecida la URSS, el cuco comunista, los socialdemócratas europeos se apresuraron a desmontar, desmantelar,  demoler y enterrar uno de sus más significativos logros: el llamado Estado de bienestar, ese modelo de sociedad en el que los trabajadores tenían algunos derechos y obtenían una parte relativamente justa de la riqueza producida.

Para ser ecuánimes, la construcción de ese Estado de Bienestar contó con la activa participación de otras fuerzas políticas de centro y de derecha: el miedo a las revoluciones es un poderoso acicate para la justicia social y económica. O si lo quieres poner de otro modo, el temor a la revolución social es un enérgico calmante para la rapacidad capitalista. Como no son tan boludos, entre perderlo todo y compartir, comparten. De mala gana, pero comparten. Más bien compartieron, visto que a contar de los años 80 han destruido sistemáticamente los avances sociales alcanzados al precio de mucha lucha y mucha sangre.
 
De modo que llegó un momento en que nadie logró discernir la diferencia que hay entre un gobierno de derechas y un gobierno de izquierdas. O entre sus programas económicos. Hace algunos días un ministro noruego de visita en Santiago aseguraba que “en Chile hay un consenso sobre el modelo económico que nadie pone en duda”. No es que ese ministro sea particularmente astuto. Simplemente conoce los programas de la Concertación y de la Alianza. Lo que tal vez el ministro no sabe es que ese “consenso sobre el modelo económico que nadie pone en duda” es el consenso de las elites, si uno osa llamar de ese modo a quienes manejan la manija en nuestro país. Porque el populacho (término utilizado por los fundadores de la teoría económica capitalista) no ha dado su opinión, entre otras cosas porque nadie se la ha pedido. Cada vez que a alguien se le ocurre la bendita idea de preguntarle a la ciudadanía, esta rechaza la privatización del agua, clama por la renacionalización del cobre, por el término del lucro en la educación, por un sistema de salud pública digna, etc.
 
Una de las consecuencias del “consenso” sobre el modelo económico en el ámbito planetario es precisamente la muerte de la socialdemocracia a la que adhirieron con un siglo de retraso los socialistas chilenos. Desembarcados de mala manera de los gobiernos europeos, algunos socialistas del viejo continente intentan un retorno en gloria y majestad dando un golpe de timón a la izquierda. En otras palabras avanzan como los kayaks: un golpe de remo a la izquierda, un golpe de remo a la derecha, y así.
 
El PS francés, -cuyo único presidente de la república fue elegido sobre la base de un programa que prometía la ruptura con el capitalismo (François Mitterrand 1981-1995)-, elabora en este momento su programa de gobierno para las elecciones presidenciales de 2012. En ese texto se dicen algunas barbaridades que le provocarían urticaria a sus pares chilenos, atento el personal:
 
El dominio creciente de la finanza somete nuestra economía a la voracidad de una minoría y a la tiranía del corto plazo. El rendimiento de las inversiones (el lucro) debe ser máximo e inmediato. Sacrificando el futuro, los salarios, el interés general. El capital ha triunfado masivamente sobre el trabajo”.
 
Uno lee eso y cree que los socialistas franceses partieron a tomarse el poder junto a los trabajadores manuales e intelectuales, a guillotinar un par de mangantes capitalistas, a vestir París de banderas rojas, a recuperar las gigantescas y exitosas empresas que creó el Estado francés, a redactar una nueva Declaración de los Derechos del Hombre, a restablecer las libertades públicas, la Soberanía del Pueblo y el imperio de la razón, en una palabra que fueron a hacer la Revolución. Con “R”.
 
¡Que nenni!
 
No. No sueñes. Recuerda lo del kayak: un golpe de remo a la izquierda, otro a la derecha.
 
Pierre Moscovici, -redactor del programa presidencial de los socialistas galos-, declara públicamente que no es para tanto. Entrevistado en una gran radio parisina, Moscovici declara:
 
«(El Partido Socialista) no es el Partido de Izquierda (parti de gauche). Yo no adherí al partido de Jean-Luc Mélenchon, no soy miembro del Partido Comunista, no soy favorable a las tesis del NPA (nuevo partido anticapitalista). Yo soy un reformista. Yo soy un socialdemócrata. Nosotros escribimos en nuestra declaración de principios, hace dos años, que aceptamos la economía de mercado. Nosotros funcionamos evidentemente en ese marco. No somos ilusos soñadores y por lo tanto queremos alcanzar  un compromiso más dinámico con la economía de mercado. Queremos regularla. Queremos corregir sus excesos. Queremos reducir las desigualdades que ella engendra».
 
Uno  cree estar escuchando a Lavín, o a Piñera, estos adalides de las “oportunidades” para el pobrerío, tema menor que tiene la ventaja de hacer desaparecer el tema mayor de los derechos ciudadanos.
 
Pierre Moscovici, que no es un “iluso soñador”, sueña con regular la economía de mercado… en medio de la más gigantesca crisis de la economía de mercado provocada justamente por las políticas desreguladoras que los socialistas, entre otros, pusieron en práctica en los últimos treinta años: la construcción europea ha consistido principalmente en la destrucción de toda forma de regulación de los mercados, en la privatización de todo lo que fue servicio público.
 
Un golpe de remo a la izquierda, un golpe de remo a la derecha, así avanza el kayak. Cuando no vuelca o  no se hunde. Por el momento la socialdemocracia europea y mundial se hunde. Me refiero a la actual socialdemocracia. La partidaria del libre mercado. La otra, la que contribuyó a construir el Estado de bienestar, la que propiciaba “la ruptura con el capitalismo”, está muerta. Y enterrada.