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Agosto 18, 2026

Refik Algan: “El impávido dormido”.

Talvez, influenciada por el romanticismo del siglo XIX que encarnó,  las ideas de lo fantástico,  sensible, onírico y nostálgico, donde  los escenarios de África y Medio Oriente irrumpieron con fuerza, con sus colores y exotismo en el horizonte creativo, esperaba encontrar en los relatos de Refik Algan, algo de irreal en los relatos que nos presenta en  su nuevo libro “El impávido dormido”.

 Gratamente desilusionada, me encontré que los cuentos y los textos cortos contenidos en este libro no tenían nada de esa ilusión romántica, que uno se imagina está lleno medio Oriente y en este caso Turquía, país que está a medio camino entre Europa y Oriente.

Las historias que nos cuenta Refik son historias comunes y actuales, que bien podrían haber sido relatadas por un amigo del autor a viva a voz y este, las transmitió a nosotros. O que nos podrían suceder a nosotros.  Sus cuentos, llegan a nosotros por medio de un narrador que, en primera persona nos habla de  un tema principal y aprovecha los temas menores que surgen a partir de ese relato. Eso, los hace universales sin que el autor pierda su identidad, sus orígenes. 

Los cuentos cortos tienen un problema que es que, como  no son una simple sucesión de anécdotas, sino una estructura literaria que  en pocas palabras deben desarrollar el discurso, es decir hacer una introducción al cuento, desarrollar el tema y hacer un cierre o desenlace, el autor debe  sintetizar  en sus episodios y en su estructura literaria. Entonces, se corre el riesgo de no extender bien el núcleo de la historia o bien, de  hacer un cierre anticipado dejando al lector con la sensación de que falto algo, que todavía al autor le faltaba algo por contar. 

En los relatos del libro “El imperio impávido” felizmente nos encontramos con cuentos que, aún cuando son cortos, satisfacen al lector porque  están bien estructurados, haciendo que el lector sienta que leyó todo.  Personalmente, me gustó mucho aquel relato, en que el autor cuenta como llegó a la casa de sus padres luego de la muerte de ambos, como relata el reencuentro con su memoria.

Valen mucho estos cuentos cortos, que justamente por ello son muy, pero muy entretenidos.

Loreto Soler