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La gente de derecha que sabe cómo vota ha votado siempre por quienes no van a subir los impuestos. Para ellos defender a los más ricos de los impuestos es cosa de “principios”, como dice la UDI, y cuestión gravemente dañina para el crecimiento del producto y la lucha contra la pobreza, como dice Büchi, ministro principalísimo de un gobierno que disminuyó las pensiones, hizo crecer al país en no más del 2% anual y llevó la cantidad de pobres a más del 40%.
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Por ello los anuncios de Piñera sobre de dónde sacar los dineros para la reconstrucción sonaron a la traición de Pedro para una extrema derecha que se sintió casi crucificada.
-“Que alguien me explique” escribieron a los diarios.
La verdad es que no es fácil la explicación.
Se trata de un moco de pavo para los ABC1 y de una limosna inducida para las grandes mineras pero la verdad es que cualquier modificación a la actual distribución de la renta suena al inicio de la catástrofe “socialista”. Esa que ni siquiera intentó seriamente la Concertación en veinte años, porque “no se podía”.
¿Podría ser ésta una estrategia legislativa para acallar a la oposición y posibilitar una aprobación rápida del plan? Es el “pensamiento” de Luis Larraín.
¿Podría tratarse de una herramienta para lograr la unificación congresista y la gran careta de la llamada unidad nacional? Piensan sesudamente otros.
¿No será una manera de trasladar el quid de la cuestión de los impuestos no pagados por el Presidente a los impuestos que deben pagar otros ricos para ayudar a los más pobres? La teoría pícara.
Si Piñera, por último, votó por el NO, es partidario de la democracia, respeta los derechos de los homosexuales y cree en los impuestos para lograr el bien común, ¿cuál es su diferencia con la derecha de la Concertación? ¿Qué tendrá que proponer ésta, en una elección futura, si hasta en relación con Cuba y Venezuela piensan lo mismo?
La verdad es que cuesta pensar en una impensada estrategia o en un sabio intento de descabezamiento ideológico del adversario.
¡Estamos frente a un Presidente que en un mes no ha podido nombrar a todos los gobernadores y seremis y que tiene a la intemperie a ancianos, niños y mujeres víctimas del terremoto porque no se le ocurre facilitarles alojamientos en edificios deshabitados, hoteles, iglesias, estadios, regimientos…!
¡Y que a un mes de ser electo sigue siendo dueño de una empresa televisiva que se comprometió a vender antes de ser electo!
Estamos frente a un Presidente que cree que se dice “lóngevo” y que Chile “preside” el Grupo de Río.
A un gobierno que se ha caracterizado por lo chanta y lo negligente, con reiteración, no se le puede adjudicar una seria política administrativa que desconsidere, incluso, los burdos intereses de sus principales partidarios.
Hubo, hace 15 años atrás, un gobierno que también “golpeó a la cátedra”.
Habiendo sido elegido por una amplia mayoría democrática, antipinochetista, deseosa de ver alguna vez al tirano pagando sus crímenes, se esmeró por salvar al dictador, detenido en el extranjero, de la justicia española o inglesa.
Ese gobierno levantó los mismos argumentos de su oposición: que los extranjeros – se decía con cierto matiz racista – no tenían derecho a juzgar a un chileno; que un ex Presidente de la República no podía ser juzgado así; que el detenido tenía más de 70 años y que un anciano así, más encima con evidentes lagunas mentales (¡), no podía ser llevado ante los tribunales de ningún estado de derecho.
Los que votaron por Frei presenciaron incluso cómo su Presidente llamó al Consejo de Defensa del Estado a no seguir adelante, “por razones de Estado”, en el lío de los pinocheques.
Para la Concertación de 1994 la cuestión de los derechos humanos era tan fuerte como la cuestión de los impuestos es para la derecha de 2010.
¿Por qué, entonces, pasó eso con Frei y pasa, ahora, esto con Piñera?
Vote por una de estas tres alternativas:
a) Se trata de gobiernos en esencia chantas;
b) Se trata de Presidentes, en definitiva, muy parecidos, o
c) Todas las anteriores.
