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Agosto 18, 2026

Concertación 2010. Se acabó la odisea del espacio

No cabe duda que “el terremoto” es “el gran problema” de Chile hoy.  Pero nombrémoslo bien: el gran problema de la política progresista chilena de hoy es cómo actuar en este país terremoteado, en este país azotado por la catástrofe, en el mismo país construido hasta 2009, con la misma injusticia existente al 26 de febrero pero ahora con una gran porción  derrumbada, y con mayores problemas productivos, sanitarios, económicos y sociales. Ah, y con un gobierno de derecha dirigido por Piñera. 

Ese es el Chile a analizar por la Concertación y por todos nosotros.

Y entonces las interrogantes no son sólo “cuánto cuesta la reconstrucción” (discusión secundaria que “apasiona” a Piñera) sino quién reconstruye, para quién se reconstruye y cómo se reconstruye (dando protagonismo a regiones, profesionales y trabajadores, o acentuando el centralismo y haciendo sujeto de la reconstrucción a los grandes comerciantes y productores de insumos que abordarán la catástrofe social como base de sus lucrativos negocios).

Todas las respuestas a esas preguntas son políticas.

¿Cómo está la Concertación 2010?

La Concertación ya no es mayoría absoluta y ya no se acerca al 50%. Los que votamos contra Piñera sí nos acercamos, pero la Concertación no. La de 2010 es una Concertación derrotada, por primera vez, en una elección presidencial, y reducida a un importante 30% del electorado. En el Congreso es la mitad; en la ciudadanía un tercio. Se acabó La Odisea del Espacio.

Más allá de tal o cual énfasis en buscar “qué falló que se perdió” o en soñar que se habría ganado si se da tal reajuste a los profesores o se termina con el 7% de descuento a los jubilados, la política en la Concertación, como en todas partes, se hará con determinadas líneas, con determinados partidos y con determinadas personas.

Las diferencias de línea en la Concertación 2010 ya no son las de fines de los 80 (entre partidarios de una Concertación amplia y los partidarios de una Concertación “chica y estrecha”) ni la de los tiempos de Frei Ruiz Tagle (entre autocomplacientes y autoflagelantes que afirmaban “La gente quiere cambios” hacia la izquierda) ni la de tiempos de Ricardo Lagos (entre disciplinados y díscolos). Tampoco la de tiempos de Bachelet (cuando la Concertación se dividió).

Al interior de la Concertación hay tres líneas en ciernes:

-A algunos les gustaría seguir al adelantado Zaldívar y acercarse más a Piñera y a lo que llaman “la centro-derecha” ( la derecha de los hermanos Walker o de los Sabaj, mirada con cariño de tatas por Valdés y Aylwin) para afirmar un gobierno liberal, procapitalista “moderado” y católico en lo valórico, anti ALBA y anti Cuba; debilitar a la UDI y a los legionarios de Maciel y del Opus Dei, y sentar las bases de una nueva Code para el 2014.

-A otros les gustaría sacar las cuentas de “lo bueno y lo malo que se ha hecho” para, por cierto, plantear mejorar lo que hay -nadie nunca se propone empeorar- y empujar algún liderazgo más o menos real, más o menos mediático, para hacer una oposición “inteligente” o “sensata”, hasta “constructiva”, y recomponer para 2013 un escenario un poco mejor que el de 2009, con una izquierda minoritaria obligada a apoyarlos y con el descabezamiento previo de todos los que fueron y serán díscolos, no se sabe cómo pero con ellos ni a misa.

-Finalmente hay quienes piensan que la Concertación de Latorre, Escalona, el PPD y el PR fue derrotada antes de la elección presidencial por sus propias limitaciones estructurales (y desgaste) y que ha llegado el momento de sentar las bases de una nueva amplia fuerza democrática pro-libertad y pro-justicia, enraizada en el movimiento antidictatorial de los 70 y los 80, fundada en una clara centroizquierda, con justas reivindicaciones reformistas y atenta a convencer a los cuatro millones de electores que se incorporarán muy pronto al registro electoral, la mayoría de ellos jóvenes. Cuando se habla de “una nueva mayoría progresista” se habla de establecer una alianza desde el social cristianismo hasta las izquierdas, no de una Concertación como la actual más un tres por ciento.

Las pujas, ya iniciadas, por quién debe encabezar (o liderar como se dice ahora) –ya no se habla de dirigir, porque se hace diferencias entre dirigir y encabezar o liderar- ya se notan.

El escalonismo (su líder es hoy Bachelet) y todo lo demás, en el PS, con “el todo lo demás” bastante desfigurado por apuestas etarias y desapuestas familiares escasamente renovadas.

El girardismo y el laguismo en el PPD, más todo lo demás, que no logra convocar.

El gutismo-alvearismo, y todo lo demás, en la DC, con Walker por la derecha y Ascencio por la izquierda, y “los Príncipes” esperando, todo ello en un partido político del 14 por ciento.

Que nazcan mil flores en la Concertación no está mal, en esta fase nacional de derechización, pero hay que tener conciencia de que este ramillete es sólo del importante 30% y que deberá desarrollarse otro, de parecida envergadura, para que ambos sean realmente “mayoría nacional”.

El 2013 no será el 90.

Ni tampoco el 2010.