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Agosto 18, 2026

Soy técnico (dice) y ellos no tienen gente (I)

Desde la ventana de su amplia  oficina miró a la calle, le sorprendió el caminar rutinario de los otros, en medio de la catástrofe. Mal agradecidos, las AFPs, las universidades privadas, los celulares, las carreteras, los PGE, nada-nada de gratitud, las aguas privatizadas que es más moderno, nada, tampoco los TLC.

Al mirar el reloj de pared, como cábala postrera no quiso acudir a su Cartier, sintió algo que aceleró sus pulsaciones, el momento había llegado, dentro de un par de minutos empezaría la reunión con las nuevas autoridades.
 
Salió de su (?) despacho  y Anita no le derramó  la melosa pregunta de rigor, ¿a qué hora vuelve jefe?. Ni sumisa,  ni coqueta como siempre, hizo que miraba con más atención el computador; ahora el verbo auxiliar era indiferencia. Y con él,  que la “había traído” luego que se la cambiara a un operador por 200 votos al nacional en una interna partidaria.
 
Pero se  tranquilizó, o quiso hacerlo: con la convicción y determinación que da la desesperación se dijo; soy técnico y ellos no tienen gente. Si, era convincente, se lo repitió varias veces, mientras subía el ascensor, fue como un calmante milagroso. Si, soy técnico y ellos no tienen gente.
 
Llegó hasta la ovalada sala de reuniones del ministerio que podía acoger a lo menos 30 personas, ese mobiliario vetusto, que se pudo cambiar en benefició de todos-todos si el  marmota de la empresa, hijo de una amante juvenil reactivada, no hubiera mandado la factura número 1. Ninguna gestión es perfecta se excusó. Muchas otras cosas, se hicieron bien hechas, si muchas, demasiadas había determinado el pueblo ingrato y la ultra dinamitera. Los ideologismos impidieron ver el valor de lo técnico y las capacidades de gestión
 
Por un momento pensó que serían pocos, pero no, estaban todos. Todos en la lucha, nadie había renunciado. Silencio total, las miradas se esquivaban, claro la situación no daba para develar complicidades.
 
Pasaron los minutos, el silencio, su mente le volvió a la juventud. Estaba de nuevo en Conchalí, los 80, la militancia antidictatorial. Su fino sentido de la supervivencia, de que donde se este se debe escalar, le había llevado al MAPU, por descarte. Los comunistas, puros obreros pobres, los socialistas divididos y luchadores (en ese entonces), el MIR niñitas y niñitos bien, pero muchos peligros. El MAPU pocos militantes, escasa posibilidades de martirologio revolucionario muchos proyectos. Que hermosa palabra, una definición, un concepto para ser justos, donde se funden lo público-privado, la subjetividad y la razón histórica y… topón para adentro.
 
Es cierto que en la casa de la entonces compañera Mabel lo encontraron picante de entrada, de Ñuñoa se va a Las Condes no a Conchalì, le dijo su suegra angustiada a la “discola” hija luego de verlo por primera vez.
 
Que repugnante palabra: “díscolos”, traidores desde la cuna, inconformistas profesionales, saboteadores, hacerle el juego a la derecha, porque no fueron como sergito que supo recapacitar. Como no entienden estos resentidos que defender al viejo Pinochet es pragmatismo un acto de alta política, de estado, pragmatismo, real-politik.
 
Pero la emprendedora suegra-señora cambió de opinión luego que el tarambana de su hijo Arturito entrara como asesor de Codelco y ganara millones con informes verbales y que luego continuara la “conga” iluminando con “luminarias” poblaciones pobres, vale otro, este es un modelo que da oportunidades a la gente, a los emprendedores.
 
Oh, la dictadura, años duros, durísimos esperando que los suecos depositaran. Y la Escuela Agrícola en Curacavì ?. no se plantó ni una cebolla, y los sindicatos italianos, bueno todo es parte del proceso, pero fue como un aprendizaje para el futuro, andar con harta plata en el bolsillo, no haber tenido que trabajar y gastar como new rich, sin que se note mucho, mucho pues algo siempre se nota.
 
Luego la alegría llegó. La democracia de los acuerdos. La primera vez que apareció con la Mabel en la página social de “El Mercurio” que alegría, el éxito, individual y colectivo, un winner,” somos la envidia de la izquierda latinoamericana”, se autolisonjeò, puros perdedores.
 
Sólo el destentado papà, jubilado dirigente sindical, puso la nota discordante: “ten cuidado cuando lo hacemos bien “El Mercurio” no nos pone”. Este viejo es muy porfiado, quizás votó por Arrate o por MEO, no quiso ni pensarlo, podía ser hasta el segundo.
 
Educación pública ?. Un resabio de las ineficiencias del pasado, no, no las “niñitas” no irían a un colegio municipalizado. Al San Ignacio, si, pero de El Bosque, por eso de la vocación social y por eso de que los otros colegios top exigen a un familiar haber estudiado ahí antes.
 
La profundización de la democracia se le hizo sensible y le permitió entender la unidad universal del ser, su barriga que hasta estas alturas ya le colgaba, se articuló con una acogida también creciente en el género opuesto. El poder es erótico se explicó-justificó.
 
Todo era tan bello, la vida era bella. Si hasta cuando supo que la Mabel lo estaba cagando con el profesor de gimnasia, supo comprenderlo. Pragmatismo se dijo. El se estaba tirando a una lectora de noticias de súbito y sudoroso ascenso televisivo.
 
Cuando mandó a apaleara esos picantes que van hacer katarsis homenajeando a Allende el 11 de Septiembre, se repitió; pragmatismo, mucho pragmatismo.
 
Al chofer le empezó a llamar luchito, quería ser un jefe choro.
 
Tantas cosas por la mente y no llegaban.
 
 
(CONTINUARA)
 
ROBERTO AVILA TOLEDO