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El pastor Charles Harper, ex director de la Oficina de DDHH para América Latina del Consejo Mundial de Iglesias (1973-1992), fue galardonado el 4 de marzo, con la orden Bernando O’Higgins, en el grado de Gran Oficial por el Embajador Carlos Portales, en su calidad de representante permanente de Chile ante los organismos internacionales en Ginebra.
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Desde 1973, Harper ocupó el cargo de director de la Oficina de Derechos Humanos para América Latina del Consejo Mundial de Iglesias. Desde su cargo desarrolló una sistemática y enérgica denuncia en los foros internacionales de las violaciones de los derechos humanos y una eficaz protección de muchas personas perseguidas, encarceladas y torturadas en países del continente.
Al recibir la condecoración Harper dijo: “El 11 de septiembre de 1973 hubo un terremoto en Chile, un terremoto político y militar originado en la maldad humana, en el profundo pecado, que trajo la desesperación, la muerte y el sufrimiento. Un terremoto que despertó la sensibilidad y la conciencia de pueblos y naciones de todo el mundo”. Recalcó que “si fue posible una respuesta, se debió a la voluntad del Consejo Mundial de Iglesias, a la comunidad de iglesias en muchos países comprometida en un servicio a la humanidad fundamentado en la justicia”.
Harper recordó la potente obra de lucha y esperanza donada a Ginebra por el pintor chileno José Venturelli, autor de siete vitrales alusivos a los Derechos Humanos en el templo de la Madeleine en el centro de Ginebra. Años despues de su muerte, su hija obsequió al Consejo Mundial de Iglesias un cuadro de su padre titulado “La Piedra”, que muestra a un hombre de pie, protegido por el poncho andino, una mano cerrada y lista para resistir mientras que la otra está abierta, llamando al diálogo.
“Esa mano cerrada es un símbolo de la resistencia al poder ilegítimo y a sus políticas de represión, la mano abierta representa el sueño de la libertad y de la democracia reencontrada, una mano extendida a todos en la nación y a todas las naciones, sin fronteras ideológicas ni políticas y, dirigido a todos los pueblos del mundo.Una mano de esperanza. Es lo que hemos visto y aprendido de Chile”, concluyó.
A la ceremonia en la residencia del Embajador Portales asistió tambien el pastor metodista uruguayo Emilio Castro, quien también recibió el 14 de octubre de 2009 la Orden de Bernardo O’Higgins, en el grado de
Comendador, por el reconocimiento en la defensa de los derechos humanos en Chile.
Ahora y entonces, el Embajador Portales subrayó que “a través de esta condecoración, mi país desea agradecer su trabajo en favor de la protección de los derechos humanos y, fundamentalmente, todo lo que Ud. y el Consejo Mundial de Iglesias hicieron por tanta gente que sufrió durante la dictadura militar”. La Orden de Bernardo O’Higgins fue instituída en 1956 para recompensar a personalidades extranjeras con una participación sobresaliente en las artes, las ciencias, la educación, la industria y el comercio y la cooperación humanitaria y social.
Durante su gestión como secretario general del Consejo Mundial de Iglesias (1984-1992) el pastor Castro promovió y apoyó programas y acciones de solidaridad de ese organismo con el pueblo chileno, incluyendo a los exiliados y familiares de desaparecidos.A nombre de éstos, Fernando Ruiz había solicitado a la Misión chilena otorgar estos debidos reconocimientos. Los chilenos que llegaron a Suiza, recuerdan que en ese entonces, los representantes ecuménicos de Chile y otros países de América Latina alertaban la opinión pública sobre la amenaza militar y sobre la creciente cantidad de personas perseguidas, detenidas o refugiadas debido a sus ideas políticas y se pidió al Consejo Mundial de Iglesias, con sede en Ginebra, que creara nuevos instrumentos ecuménicos, para asegurar la protección de los derechos humanos en la región.
Las iglesias comprendieron rapidamente lo que estaba pasando y buscaron una solución para ayudar a los perseguidos tanto chilenos como extranjeros. Una delegación del Consejo viajó para coordinar esfuerzos con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados en Mendoza y otra delegación viajó para recoger información en las iglesias de Santiago, Buenos Aires y Lima. Así se creó el Comité Pro Paz, junto con la Iglesia Católica, bajo la autoridad del cardenal Raúl Silva Henríquez y con el apoyo decidido de representantes de las Iglesias Evangélicas Luterana, Metodista, Pentecostal y Ortodoxa.
Tanto Emilio Castro como Charles Harper hicieron posible la relación que permitió responder a los pedidos de ayuda de las Iglesias miembros y demás amigos ecuménicos en Chile. Al Comité Pro Paz, le sucedió la Vicaría de la Solidaridad asentada en las tradiciones progresistas del Padre Hurtado, el Concilio Vaticano II, la Teología de la Liberación y el Movimiento de Cristianos por el Socialismo, que están representados en el nudo dramático del trance social al interior de la Iglesia misma que nos recuerdan a los curas Llido (desaparecido), Alsina (fusilado en Santiago en 1973), Miguel Woodward (asesinado en el buque escuela Esmeralda apenas en septiembre 1973)…tres crucificados ue como escribe Boero, “no es acaso la parrilla, el equivalente contemporáneo de la cruz?”
El apoyo del CMI a la resistencia moral ciudadana, a la lucha contra la dictadura y contra el olvido de presos y desaparecidos fue enorme, reconoce Fernando Ruiz, señalando que es gracias a estos esfuerzos ecuménicos unidos al gran caudal pro-democracia que hemos logrado tener una memoria histórica y una veintena de resoluciones de la Asamblea General de NU que condenaron a los generales traidores de Chile y su gente. Por su destacada acción es que estabamos en deuda con Emilio Castro, de padre chileno, pastor metodista uruguayo y Secretario General del Consejo Munial de Iglesias (1985-1992) y con Charles R Harper en su papel de director ejecutivo de la Oficina de Derechos Humanos del CMI para AL (1973-1992). Ambos se opusieron a las injusticias y lograron que muchas otras congregaciones, autoridades y organismos tambien se unieran a la protesta, tales como El Comité Nacional de Ayuda a los Refugiados (CONAR), el Comité de Cooperación para la Paz en Chile (COPACHI), la Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (FASIC), la Vicaría de la Solidaridad del Arzobispado (ICR) de Santiago, el Servicio Evangélico para el Desarrollo (SEPADE), el Centro Ecuménico Misión Urbana Rural (CEMUR) entre otras. Porque ambos pastores lucharon incansablemente por la restitución de la democracia en Chile, el representante de Memoria y Justicia, subraya que el gobierno democrático chileno tenía que oir esta demanda de contribuir al reconocimiento de los que han hecho posible volver a abrir las grandes alamedas…
Desde Ginebra,
María Inés Bussi
