|
El terremoto en Chile produjo una pronta respuesta solidaria de la mayor parte de la ciudadanía, la que desde los primeros días se dispuso a hacer algo, fuera una tarea directa de apoyo a los damnificados o haciendo un aporte monetario. No suficientemente mencionado sin embargo, ha sido el significativo apoyo de los chilenos del exterior, los que ahora se hallan ante la incógnita de qué políticas tomará el nuevo gobierno frente a ellos.
|
Sin embargo, como ya señalaba, la solidaridad con los damnificados y con el país gravemente deteriorado, si bien prioritaria en este momento, tarde o temprano debe dejar espacio también a un riguroso examen de las responsabilidades de quienes – movidos por un insaciable afán de lucro – permitieron que la destrucción tanto a viviendas como a infraestructuras públicas del país fuera mucho mayor de lo que cabía esperar.
Del mismo modo, eventualmente lo que ha sido este aporte de la comunidad chilena en el exterior (y que seguramente continuará en los meses venideros) debe ser debidamente considerado por parte del conjunto de la sociedad chilena y en especial del nuevo gobierno. Aunque algunos puedan no considerar oportuno levantar el tema del derecho a voto en el exterior en este momento, por otra parte el hecho que en estos días se produzca la transferencia del mando presidencial de Michelle Bachelet a Sebastián Piñera, hace de esta demanda un punto muy pertinente. De paso debería servir para que el nuevo gobierno hiciera algún pronunciamiento sobre sus políticas – si tiene algunas – respecto de los chilenos de la diáspora.
A pocos días de asumir aun no se sabe a quien el nuevo gobierno designará a cargo de la Dirección para la Comunidad del Exterior (DICOEX), una agencia gubernamental dependiente del Ministerio de Relaciones Exteriores creada bajo el gobierno de Ricardo Lagos (el socialista Eduardo Ortíz fue su primer director) y que – aunque no exenta de críticas (¿quién no lo está?) – en el balance final aparece evaluada favorablemente por las comunidades del exterior porque al menos reflejó un sincero y efectivo esfuerzo por darle un instrumento de vinculación orgánico a estas comunidades con el gobierno y la sociedad chilena. En los últimos cinco o seis años estuvo a la cabeza de la Dicoex Anita de Aguirre, quien se dio el trabajo de visitar a los chilenos en muchos países (en Canadá estuvo dos veces) y que deja en general un balance positivo de su gestión. Siendo este un cargo de responsabilidad política y de confianza del presidente de la república y de su ministro de Relaciones Exteriores, las comunidades del exterior no saben quién será el reemplazante de la actual directora. Naturalmente todos estamos conscientes que ese cambio tendrá que darse y que a partir del 11 de marzo o al poco tiempo después que tome a que el nuevo director de Dicoex asuma su cargo, las comunidades del exterior tendrán que lidiar con alguien que responderá a un lineamiento político de derecha. Bueno, ese conglomerado político es el que ganó la elección después de todo. Sólo cabe esperar que quien quiera asuma ese cargo tenga al menos algún interés y ojalá un mínimo de receptividad, para entender y abogar por las inquietudes de esta vasta comunidad externa, que por lo demás no está constituida solamente de exiliados con una posición de izquierda (a esta altura ni siquiera estoy seguro que ese segmento de la diáspora, el de los salidos en el tiempo inmediato y cercano al golpe de estado de 1973, sea mayoritario, bueno en verdad eso nadie lo sabe, tendría que haber una votación para despejar la incógnita…).
Sin duda el tema central, por lo menos en el plano político, con el que el nuevo jefe o jefa de Dicoex tendrá que lidiar será el de la demanda por el derecho a voto en el exterior. Es de esperar que dada la solidaria respuesta de los residentes externos en estos días – incluyendo una generosa donación de un empresario chileno residente en Estados Unidos a la Teletón, aunque el mayor aporte como siempre viene de aportes individuales pequeños pero multiplicados por muchos miles de donantes – la desdeñosa afirmación de que “los chilenos del exterior no tienen vinculación con el país” haya quedado suficientemente desacreditada. Los chilenos del exterior sí nos hemos preocupado, no sólo de nuestras familias, sino del conjunto de la sociedad chilena. He podido ver a gente emocionada hasta las lágrimas ante las imágenes de lugares del país con los cuales tenían un especial vínculo afectivo y que hoy yacen en ruinas.
Por cierto uno puede correr el riesgo de quedar como ingenuo si espera consideraciones de sensibilidad de parte de quienes se mueven básicamente por intereses económicos y cálculos políticos. En todo caso preferiría que si la respuesta del nuevo gobierno y sus nuevas autoridades en Dicoex respecto del derecho a voto en el exterior va a ser negativa, que al menos nos lo digan abiertamente: “No queremos que voten porque: 1. Uds. son un universo electoral desconocido, que no podemos anticipar para qué lado se inclinará. Por tanto aplicaremos eso de “en la duda abstente” y dejaremos el status quo; 2. Uds. siempre tienen más gente activa e influyente en el lado izquierdo del espectro político por lo tanto desconfiamos de que allí nos vaya a ir muy bien; 3. No tenemos gente para hacer campaña en el exterior, pero la izquierda sí tiene esa gente. Jódanse, no le vamos a dejar que puedan emitir el voto definitorio en una elección presidencial”.
