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A más de una semana del terremoto ocurrido en Chile, el país está sumido en una discusión que no soluciona ni va a solucionar nada porque se trata de una pugna política en vísperas de que asuma el nuevo presidente, lo que sucederá el próximo jueves.
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El nuevo presidente será Sebastián Piñera,quien se inició en política a fines de los años 80 del siglo pasado como uno de los hombres de la nueva derecha, en un momento en que las dictaduras iban de salida. Este empresario está en la lista Forbes de los hombres más ricos del mundo,en la que no hay otro chileno a su nivel,lo que teóricamente lo convierte en el hombre más rico del país.
Su proyecto de gobierno tiene como meta que Chile sea el primero de América Latina en convertirse en país del primer mundo,a través de un plan económico que aplicarán graduados en Harvard,el tecnológico de Massachussets y otras instituciones estadunidenses y europeas.
Este proyecto parece hoy imposible de realizarse, dada la magnitud de la destrucción causada tanto por el terremoto como por el tsunami,los tsunamis no son otra cosa que la acepción “moderna” de los viejos maremotos.La percepción de que el proyecto piñerista tendría que modificarse ha desatado una discusión acerca de quien es el responsable de los daños sufridos por el pais.
El punto en el que se ha centrado el debate es el del tsunami,porque no se avisó a tiempo a la población de las zonas costeras para que se refugiara en los lugares altos.Y no se avisó porque la oficina de la Armada o Marina,cometió errores, primero dijo que sí habría Tsunami, después dijo que no y finalmente el asunto no quedó claro y el tsunami arrasó con balnearios,pueblos y ciudades ubicados junto al mar,todos con un peso importante en la economía chilena.
La magnitud del desastre no se conoció de inmediato,la ayuda tardó en llegar a los lugares afectados como sucede habitualmente en cualquier lugar y por primera vez en la historia sísmica chilena se produjo saqueo y pillaje a 24 horas del sismo,cuando todavía no se podía alegar hambruna, sobre todo porque no sólo se buscaba comida,algunos se llevaban televisores y otros whisky importado, porque participó gente de todas las clases sociales.
El problema entonces hay que analizarlo desde otro ángulo.La dictadura pinochetista rompió el tejido social chileno y los gobiernos de la coalición de centro izquierda que ha gobernado desde la salida del dictador no ha procurado reconstituirlo porque tampoco ha modificado el modelo económico.
Los sindicatos están disminuidos en función de ese modelo,las juntas de vecinos de hecho ya no existen y los centros de madres ya no juegan un rol social sino que sólo reciben dádivas del Estado.
Ahí está el verdadero problema y eso no se resuelve con enviar a militares y policías a reprimir,como demandaba el aún presidente electo ante las dudas de la presidenta Bachelet sobre entregarle el control de las ciudades siniestradas a las fuerzas armadas y decretar toques de queda como en la época dictatorial.
Lo cierto,no sólo para Chile, sino para todos los países latinoamericanos,que han declarado ahora que revisarán sus planes para enfrentar terremotos y tsunamis,es que sin organización y participación social ningún plan,de ningún tipo,funciona.
Su proyecto de gobierno tiene como meta que Chile sea el primero de América Latina en convertirse en país del primer mundo,a través de un plan económico que aplicarán graduados en Harvard,el tecnológico de Massachussets y otras instituciones estadunidenses y europeas.
Este proyecto parece hoy imposible de realizarse, dada la magnitud de la destrucción causada tanto por el terremoto como por el tsunami,los tsunamis no son otra cosa que la acepción “moderna” de los viejos maremotos.La percepción de que el proyecto piñerista tendría que modificarse ha desatado una discusión acerca de quien es el responsable de los daños sufridos por el pais.
El punto en el que se ha centrado el debate es el del tsunami,porque no se avisó a tiempo a la población de las zonas costeras para que se refugiara en los lugares altos.Y no se avisó porque la oficina de la Armada o Marina,cometió errores, primero dijo que sí habría Tsunami, después dijo que no y finalmente el asunto no quedó claro y el tsunami arrasó con balnearios,pueblos y ciudades ubicados junto al mar,todos con un peso importante en la economía chilena.
La magnitud del desastre no se conoció de inmediato,la ayuda tardó en llegar a los lugares afectados como sucede habitualmente en cualquier lugar y por primera vez en la historia sísmica chilena se produjo saqueo y pillaje a 24 horas del sismo,cuando todavía no se podía alegar hambruna, sobre todo porque no sólo se buscaba comida,algunos se llevaban televisores y otros whisky importado, porque participó gente de todas las clases sociales.
El problema entonces hay que analizarlo desde otro ángulo.La dictadura pinochetista rompió el tejido social chileno y los gobiernos de la coalición de centro izquierda que ha gobernado desde la salida del dictador no ha procurado reconstituirlo porque tampoco ha modificado el modelo económico.
Los sindicatos están disminuidos en función de ese modelo,las juntas de vecinos de hecho ya no existen y los centros de madres ya no juegan un rol social sino que sólo reciben dádivas del Estado.
Ahí está el verdadero problema y eso no se resuelve con enviar a militares y policías a reprimir,como demandaba el aún presidente electo ante las dudas de la presidenta Bachelet sobre entregarle el control de las ciudades siniestradas a las fuerzas armadas y decretar toques de queda como en la época dictatorial.
Lo cierto,no sólo para Chile, sino para todos los países latinoamericanos,que han declarado ahora que revisarán sus planes para enfrentar terremotos y tsunamis,es que sin organización y participación social ningún plan,de ningún tipo,funciona.
