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Agosto 18, 2026

TERREMOTO: La rebelión de la naturaleza

A mis nueve años de edad, 1960, viví un terremoto más terrible del actual. Era un mocoso que no se daba cuenta de lo que sucedía bajo mis pies. Las casas caían al igual que plumas de pollos apenas desplumados. Los funerales fueron más de dos mil.

Ricos y pobres en el mismo barco. Unos lloraban sus muertos con reservas de comidas en sus sótanos, otros, sin saber que hacer, pues se veían obligados pedir fiado al negocio de la esquina un poco de pan con aji en salsa y una que otra garrafa de vino. Funerales chilenos, obvio, que nunca pasan sin ser vistos en los barrios.

Hoy, 2010, otro terremoto que deja en la calle a más de un millón de compatriotas. Hoy no se sale a pedir fiado sino que a buscar alimentos. Miles y miles de chilenos tienen la plata para pagar el pan o la leche, los fideos o el gas…, pero, sin embargo, todos los mercados no los abren por temor a que se les robe.

Chile nunca ha sido organizado. Tremenda  guea poh… Eso lo saben hasta los más giles. Para salir del caos que ha creado el terremoto, no es necesario usar la represión o lanzar bombas lacrimogenas… No señores, paren el hueveo, no se trata de un partido de fútbol, sino de un terremoto que ha dejado de rodilla a toda la sociedad chilena.

Una nación organizada pues toma los hilos de la situación y en un dos por tres controla todo el panorama. Grupos de voluntarios, expertos en terremotos, salvavidas, monjitas para cuidar cabros perdidos, carabineros a las puertas de los grandes mercados controlando el consumo y el orden, militares en rescates de victimas bajo los escombros, curas organizando comedores, en fin, hospitales con todos sus doctores y personal; todo el aparato debe ser una bobina de hilo y no una caja de moneditas sueltas.

Es penoso leer algunos columnistas desenchufados y acusan de arrogantes a los chilenos. Cada país tiene su cultura y su propio carácter. El terror se vive de formas diversas pero siempre con una cultura que no se pierde. Hoy pude comunicarme con familias amigas de Chile. “Cómo están”? Pregunté. “Cómo toro pa’ la exposición” fue la respuesta. Cierto, uno puede encontrar la respuesta algo agueona… pero en fin de cuentas con tanto muerto en la punta de la nariz logran darse fuerzas con un humor poco simpático para los que de verdad no conocen a los chilenos.

Muchos sufren y al mismo tiempo se ríen: “Chucha que tendremos gloriado, compipa”, dicen entre ellos. Para el que leerá el articulo pues se enfrentará a las dos caras de un pueblo aporreado. Chile es lo que conocemos, independientemente de su modernidad actual, pero no es la sensación del nuevo chileno que toma champagne en un bautizo y come caviar en una reunión de amigos. El chileno sigue siendo el chileno bueno para el gueveo… y eso no debe dar cabida al racismo antichileno que se ha visto nacer en estos días por parte de vecinos de Chile.
Podemos decir que somos algo importante en todo el mundo. Podemos decir que Chile es un seminario de acontecimientos; podemos decir que nunca nos hemos creído europeos sino que chilenos con piojos de Chile pero nunca prestados.

Chile se levantará en poco tiempo… también llegarán otras rebeliones de la naturaleza, pero para ello, contamos con la historia y sus despelotes… y si llega otra calamidad, pues, ahora, señores no es castigo de Dios sino que la tierra es patrona y señora de nuestras vidas… para ello, el gobierno debe prepararse para ayudar a su pueblo y no para apalearlo porque es barbarismo… y no modernidad…  

Godosky