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Barack Obama lleva un año presidiendo los destinos de Estados Unidos. Es un lapso relativamente corto si uno piensa que quizás se pase otros siete en la Casa Blanca. Pero en poco más de 12 meses se ha complicado la vida de manera inesperada. Parece haber decepcionado a muchos de los que votaron por él en noviembre de 2008.
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En otros renglones la situación tampoco ha mejorado. En Irak sí parece haber programado el retiro las tropas de ocupación, pero en Afganistán podría estar metiéndose en honduras. No ha cerrado Guantánamo. Tampoco ha cumplido el plazo para concluir con Rusia un nuevo tratado que reduzca el tamaño de los arsenales nucleares. Peor aún, ha autorizado un importante incremento en el presupuesto para mejorar las cabezas nucleares existentes. No parece ser ése el camino que conduzca a un mundo libre de armas nucleares que proclamó en varios discursos el año pasado. La prueba definitiva de sus intenciones en materia de desarme nuclear la tendremos próximamente, cuando dé a conocer el nuclear posture review que fijará el rumbo de su administración para los años venideros en esta materia. De ello hablaremos en otra ocasión.
Como si lo anterior no fuera suficiente, acto seguido decidió abrir otro frente. Emprendió por enésima vez en la historia moderna de su país una reforma a fondo del sector salud. Para evitar los errores del presidente Clinton, decidió endosar al Congreso la redacción inicial del proyecto de ley correspondiente. Hubo cierta lógica en esa decisión, ya que los demócratas cuentan con amplias mayorías en ambas cámaras. Pero el tiro le ha salido por la culata. Por un lado, Obama no supo explicar al pueblo estadunidense el alcance de la propuesta que en general cuenta con el apoyo de una mayoría, pero que en lo particular se ha visto complicada por la falta de visión de los propios congresistas y de los intereses de los grupos que les sufragan buena parte de sus campañas electorales.
Como si lo anterior no fuera suficiente, acto seguido decidió abrir otro frente. Emprendió por enésima vez en la historia moderna de su país una reforma a fondo del sector salud. Para evitar los errores del presidente Clinton, decidió endosar al Congreso la redacción inicial del proyecto de ley correspondiente. Hubo cierta lógica en esa decisión, ya que los demócratas cuentan con amplias mayorías en ambas cámaras. Pero el tiro le ha salido por la culata. Por un lado, Obama no supo explicar al pueblo estadunidense el alcance de la propuesta que en general cuenta con el apoyo de una mayoría, pero que en lo particular se ha visto complicada por la falta de visión de los propios congresistas y de los intereses de los grupos que les sufragan buena parte de sus campañas electorales.
Como si lo anterior no fuera suficiente, acto seguido decidió abrir otro frente. Emprendió por enésima vez en la historia moderna de su país una reforma a fondo del sector salud. Para evitar los errores del presidente Clinton, decidió endosar al Congreso la redacción inicial del proyecto de ley correspondiente. Hubo cierta lógica en esa decisión, ya que los demócratas cuentan con amplias mayorías en ambas cámaras. Pero el tiro le ha salido por la culata. Por un lado, Obama no supo explicar al pueblo estadunidense el alcance de la propuesta que en general cuenta con el apoyo de una mayoría, pero que en lo particular se ha visto complicada por la falta de visión de los propios congresistas y de los intereses de los grupos que les sufragan buena parte de sus campañas electorales.
