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En la presentación de su gabinete Piñera cometió el error de calificar al viejo Museo Histórico Nacional como un museo “lóngevo”. Lóngevo. En castellano, y en chileno, se dice longevo, no lóngevo. La falla es grave tratándose del Primer Mandatario que, además, dice esforzarse por realizar un gobierno “de excelencia”. Los comunicadores del nuevo gobierno deben hacerlo en castellano.
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No han cometido errores parecidos los ex mandatarios chilenos, de después de Pinochet. Se debe corregir al Presidente electo, sobre todo ahora que se acerca la realización en Chile del V° Congreso de la Lengua Española. En Valparaíso, del 2 al 5 de marzo. Asistirá el Rey de España. No podemos arriesgarnos a pasar vergüenza.
Ya es suficiente con tener un Canciller, y posible Vicepresidente de la República, que nada sabe de relaciones políticas internacionales, o un Ministro de Salud que se ha destacado por dirigir la clínica del Presidente y tratar la salud de su hermano.
Ese gabinete se presentó además con sus proclamadas características:
-Sería un gabinete en que no se darían “premios de consuelo” a figuras derrotadas en elecciones populares. Se nombró a Joaquín Lavín, derrotado para Presidente y recién para Senador; a Jaime Ravinet, derrotado para Alcalde; a Catalina Parot, derrotada para Diputado, y a Ena Von Baen, derrotada para Senador. Cuatro premios de consuelo. Récord.
-Sería un gabinete sin cuoteo. No hubo cuoteo. Hubo “equilibrio”. Tanto para la UDI, tanto para Renovación Nacional. El mismo número de ministros para cada uno.
-Sería un gabinete que diera paso a “la diversidad”. Hubo 21 ministras y ministros de derecha y uno de la derecha de la Concertación.
-Sería un gabinete “cercano a la gente”. Cercano a la gente en Falabella, en Cencosud, en SQM.,y no sabemos si en LAN. En “24 Horas” se especuló que la mayoría de los ministros no conocía la Plaza de Armas.
-Finalmente sería un gabinete “todo terreno”. 24 por 7. Uno de los ministros comunicó el día después de ser nominado y presentado que viajaría en pocos meses más a Sudáfrica y que tenía ya las entradas para los tres partidos seguros de Chile. Para él y su familia.
El país no podía esperar un gabinete menos derechista y menos lleno de grandes empresarios o de achichincles de los grandes empresarios. Eso eligió el país. Pero el país podía esperar una cierta consecuencia en lo prometido. Algo.
Al menos ocho ministros caerían, a contar de marzo, en graves conflictos de intereses. Tendrán que ajustarse a la ley y a las nuevas disposiciones relacionadas con el fideicomiso ciego, como su Presidente.
El llamado mundo empresarial se mostró confiado con el gabinete.
El mundo sindical y gremial se mostró profundamente desconfiado. El Presidente de la FECH le auguró “corta vida al ministro Lavín”, ahora un sorpresivo experto en Educación. “Esperaba un ministerio social, dijo Lavín, y me sorprendió el Ministerio de Educación”. A buen entendedor.
La ceremonia en el lóngevo Museo Histórico Nacional fue pintoresca.
El Presidente electo presentó a sus ministras y ministros, al compás de veintidós “El Presidente electo presenta…”
La presentadora del acto una y otra vez llamó la atención del Presidente electo y lo convocó con firmeza “al centro” del escenario. Estaba a su derecha mirando al público.
El piso del escenario no era plano y ello casi trajo al suelo al Ministro Ravinet, que nunca antes tropezó en sus juramentos.
Y la guinda fue que por momentos se cortó la transmisión, fallaron los micrófonos o los parlantes, y se vio al Presidente electo golpear con su índice derecho reiteradamente el aparato, al mismo tiempo que lo soplaba con fuerza.
Finalmente el discurso estaba más o menos escrito (se trataba del primer discurso del Presidente electo rodeado de sus ministros, algo así como un 21 de Mayo) y fue extenso y excesivamente reiterativo. El Presidente electo, además, recordó de manera confusa palabras de Benjamín Vicuña Mackenna saludando a los soldados chilenos de la Guerra del Pacífico. El Presidente electo dice que busca mejorar las relaciones con Perú.
Lo que más reiteró el Presidente electo en el discurso fue que se trataba de “un gabinete de excelencia”.
Para ello el Presidente electo condecoró a cada ministro con un pendrive colgado al cuello, en una imitación de final de curso de un liceo en que se reparten computadoras, mapas y diplomas.
Pero la verdad es que lo que natura non da los pendrives no prestan.
