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Concepción etimológica de la palabra ideología. Ideología* tomado de εʹίδωλον “imagen”; tomado del griego ίδέα “apariencia”, “imagen” ideal de un objeto”, derivado de ίδείγ sinónimo y hermano del latín videre; también en el grecolatino Idolum “imagen”, palabra la cual, por lo visto, gozó en cierta medida de uso semipolar, en el Noroeste en la Edad Media, a juzgar por el uso bastante frecuente en localizaciones notariales como nombre de peñascos en forma de ídolo o imagen.
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Ideología[1], término generalmente acompañado de una connotación despectiva que se emplea para referirse a los puntos de vista políticos de los demás y que uno mismo considera inexistentes. Este uso deriva del empleo que hace Marx del mismo para referirse a la falsa conciencia que comparten les miembros de una clase social particular. Por ejemplo, y según Marx, los miembros de la clase capitalista comparten una ideología según la cual las leyes del libre mercado son naturales e impersonales, que los trabajadores en un régimen de libre mercado reciben el mayor salario que pueden realmente recibir y que la existencia de la propiedad privada sobre los medios de producción es algo natural y justificado, según Leo Strauss la ideología llegó a reemplazar a la filosofía política[2].
“La crisis de Occidente consiste en que la filosofía política ha sido reemplazada por la ideología”. Tomando en cuenta las definiciones etimológicas, podemos dilucidar que la palabra ideología analizada desde sus raíces nos liga directamente a referencias de imagen y apariencia, lo cual reflejado en la palabra en sí, nos habla del sentido vano que se le ha venido dando a la palabra, ya que (el menos desde mi punto de vista) la ideología antes que nada debe ser la base teórica, filosófica, etc. de cualquier movimiento o pensamiento. Analizando su origen, podemos descubrir que si el uso original de la palabra era para nombrar a peñascos en forma de “ídolos” puede ser que el sentido que actualmente se le da, pueda responder a éste mismo fenómeno es decir, que las ideologías no se sustentan por sí mismas en términos de cultura, filosofía e historia, sino en un término abstracto, irreal, erróneo e ilusorio es decir un “ídolo” que responde a las necesidades de los intereses dominantes y como vehículo de las relaciones de dominación. a) Concepción etimológica de la palabra globalización.
GLOBO[3], tomado del lat. Glŏbus “bola, esfera”, “montón”, “grupo de gente”.
F. de Herrera lo emplea en el sentido de “tierra” (elemento) RFE XL, 165 y Aut. Cita ejs. En Roa († 1637), Saavedra Fajardo (1640) y Pellicer (1626). Es frecuente en Lz. De Arenas (1633), cap. 20, etc. Con razón observa Capmany a fines del S. XVIII (Viñaza, 899) que es afrancesado decir el globo por el globo terráqueo, como hacían y hacen algunos.
Tomando en cuenta la observación de Capmany, tengo la definición de “globo terráqueo” que hace referencia directa al planeta que habitamos, de ésta forma procedo a analizar etimológicamente la palabra “mundo” que es la forma más común de nombrarlo.
MUNDO[4], descendiente semiculto del lat. mŭndus íd. 1ª doc.: Cid.
De uso general desde el principio (Berceo; Apol.; J. Ruiz; Conde Luc.; etc.). Sin embargo debió existir esporádicamente la forma popular mondo, que en vista de la rima debemos restituir en el Auto de los Reyes Magos: “uno omne es nacido de carne, / que es senior de todo el mundo, / asi como el cilo es redondo” (v.39). Esta forma pronto quedó eliminada, generalizándose la cultista mundo, introducida por el lenguaje de los sermones eclesiásticos; lo mismo ocurrió en portugués, mientras que los demás romances tienen formas de evolución popular, al menos en apariencia, aunque el fr. Mod. Monde (frente al ant. Mont) revela también semicultismo en su vocal final. Se ha afirmado repetidamente que la locución pronominal todo el mundo, port. Todo o mundo, es un galicismo arraigado (fr. Monde ‘gente’)
Ambos conceptos globo y mundo, tienen un significado común, que es el de “gente” (en globo por Glŏbus “grupo de gente” y en mundo por el galicismo monde “gente” aparte de los significados únicos a cada uno de los dos conceptos que vienen siendo: “bola, esfera”, “montón”. A partir de esto, encuentro que “ globalización” es una acción que viene del verbo “globalizar” y a su vez globalizar es una concepción etimológica que une el concepto de “globo” con el sufijo izar, (-izar. Del lat. -izāre). Sufijo que forma verbos que denotan una acción cuyo resultado implica el significado del sustantivo o del adjetivo básicos, bien por reducción del complemento directo a cierto estado, en los transitivos, como en carbonizar, esclavizar, impermeabilizar, bien por la actitud del sujeto, en los intransitivos. Escrupulizar, simpatizar.) [5] y globalización es también una concepción etimológica que se forma con “globo” y el sufijo ción, (-ción.(Del lat. -tĭo, -ōnis) sufijo que forma sustantivos verbales, que expresan acción y efecto. Aparece en la forma -ción, no precedido de vocal, en ciertos sustantivos generalmente procedentes del latín. Función, lección, producción. Los creados en español toman la forma -ación, si el verbo del que derivan es de la primera conjugación. Grabación; -ición, si es de la tercera.[6]
De ésta manera y aplicando el sufijo –ción que como está explicado en el párrafo anterior expresa acción y efecto al concepto globo “gente” tenemos una forma base que es algo parecido a gente-izar, resulta que la palabra en su sentido más directo es homogeneizar un grupo de gente o uniformar un grupo de gente.
Ahora, en nuestra realidad, en nuestro contexto, la homogeneización de conciencias y pensamientos ocurre en gran medida, gracias a los medios de comunicación, los cuales, cosa extraña, no están para ejercer la función que los describe, es decir, el servicio que prestan no es comunicar en el sentido integral de la palabra, sino que faltaría agregar unas pequeñas palabritas para definir su función real: comunicar la información que al poder establecido le parece conveniente dar a conocer.
De ésta forma entendemos que un mundo globalizado es un mundo tratado como un producto, como un mercado, con la información conveniente, de ésta forma el sistema establecido obtiene lo que necesita, y lo que necesita son consumidores, “los avisos proclaman que quien no tiene, no es: quien no tiene auto, o zapato de marca, es un nadie, una basura.[…] Los medios de comunicación, que muestran la actualidad como espectáculo fugaz, ajeno a la realidad y vacío de memoria, bendicen y ayudan a perpetuar la organización de la desigualdad creciente”[7] para seguir reproduciendo este monstruo voraz que es el sistema capitalista en el cual vivimos inmersos.
La globalización se puede definir como un fenómeno económico, político, social, tecnológico, ambiental y cultural, cuyos efectos rebasan las fronteras nacionales dada la creciente interacción e interdependencia entre las personas, los países y los mercados.
El denominador común a estos espectaculares cambios es el vigor de una economía de mercado, que persigue de manera cada vez más implacable el objetivo de ocupar todo el espacio disponible, pasar del aislamiento a la coordinación y a la convergencia hacia estadios más avanzados de globalización[8]. En la actualidad la tendencia básica de la nueva economía, que deja sentir eficazmente sus efectos sobre otros campos de la actividad humana y social es el movimiento hacia la globalización. De manera muy general la globalización puede definirse como “el conjunto de procesos que conducen a un mundo único” o con otros términos el fenómeno se refiere al “hecho de que las interrelaciones entre los seres humanos han adquirido proporciones globales y se han transformado en dicho proceso”[9]. Las sociedades se tornan interdependientes en todos los aspectos de su vida pública y el alcance de tales interdependencias deviene realmente global. Atendiendo a su raíz terminológica[10], la globalización puede entenderse como el conjunto de procesos de cambio, factores o causas, actores o agentes y fases o etapas que tienen lugar, actúan, “se reproducen, repercuten o se identifican en el espacio mundial”.
Ángel Martínez González-Tablas entiende que son muchos los tipos de globalización a los que referirse y que guardan entre ellos “densas interdependencias”, haciendo una anotación interesante, en el sentido de que si bien la globalización no puede reducirse a pura ideología, pero ”es indudable que hay también una fuerte componente ideológica”, cuando se consideran los procesos implicados en la globalización, al menos desde la lectura liberal de tales procesos[11]. En la actualidad ningún país, constituye un espacio autosuficiente. Para algunos autores la referencia al decisivo papel de las nuevas tecnologías constituye el carácter diferenciador del actual proceso de globalización económica respecto de otros momentos históricos precedentes, ya que como consecuencia de la aplicación tecnológica “las barreras naturales del tiempo y del espacio se han reducido enormemente; el coste de la circulación de la información y de la comunicación ha bajado extraordinariamente y la comunicación global es cada vez más barata e instantánea”. Desde este supuesto es obvio que se favorecen las transacciones económicas, los mercados se despliegan por el espacio global y alcanzan una variedad cada vez mayor de bienes y servicios[12]. De la Dehesa identifica la globalización como un conjunto de cambios esencialmente de tipo económicos, que convergen hacia un espacio de libertad. y globalidad, es decir, “un proceso dinámico de creciente libertad e integración mundial de los mercados de trabajo, bienes, servicios, tecnología y capitales”[13].
Según Vilas[14], la ideología de la globalización se sustenta en las siguientes proposiciones:
i) La globalización es un fenómeno nuevo;
ii) La globalización es un proceso homogéneo;
iii) Gracias a la globalización todos seremos, antes o después, iguales;
iv) La globalización conduce al progreso y al bienestar universal;
v) La globalización de la economía lleva a la globalización de la democracia; y,
vi) La globalización acarrea la desaparición progresiva del Estado, o al menos una pérdida de importancia del mismo. Se trata, anota, de una ideología conservadora que encubre la realidad para inhibir la voluntad de modificarla. Como toda ideología conservadora, enfoca de manera selectiva al mundo de acuerdo con una configuración de poder establecida, a la que se pretende preservar y consolidar. Presenta así como indispensable e inevitable una configuración contingente de la realidad, y como resultado de la dinámica inmanente de la técnica lo que es en realidad producto de decisiones particulares en función de objetivos e intereses específicos. La dinámica egoísta del mercado y la búsqueda de la ganancia pecuniaria por sobre cualquier otra consideración son exaltadas como la realización de la razón y del progreso, postulando como un avance hacia la modernidad, e inclusive la “posmodernidad”, lo que en muchos aspectos es un regreso a las modalidades más perversas y depredadoras del capitalismo. Las afirmaciones que integran esta ideología conservadora, manifiesta, no se encuentran avaladas ni por la historia ni por la observación del presente; por el contrario, cuando son contrastadas con la realidad la mayoría de ellas resulta desvirtuada, o por lo menos tan fuertemente acotada que pierde toda validez. Dicho en otras palabras, las citadas proposiciones están equivocadas. A criterio de Romero[15], la globalización desde el punto de vista ideológico es el argumento neoliberal que busca justificar la inevitabilidad de someter el desarrollo de los países a los dictados del mercado, bajo el supuesto de la igualdad de oportunidades para todos. En este marco se aprecia la intensificación del proceso de apertura de los países menos desarrollados, como requisito para la pretendida inserción competitiva en los mercados internacionales. Sin embargo, la realidad difiere sustancialmente del planteamiento teórico, toda vez que en la práctica globalización no significa homogeneización de las economías, sino por el contrario profundización de la brecha económica y tecnológica entre los países más desarrollados y el resto de naciones del planeta. En este sentido, el concepto de globalización constituye el pretexto para ampliar el dominio del capital transnacional sobre las economías menos avanzadas, mediante los flujos de capital de préstamo e inversiones directas, así como de la penetración de los medios de comunicación masiva. El SELA[16], indica que la ideología de la globalización realza el fundamentalismo del mercado; exalta la libertad de comercio; impulsa el libre flujo de los factores de la producción, excepción por supuesto de la mano de obra que permanece sometida a restricciones de distinta índole; propugna el desmantelamiento del Estado; asume la monarquía del capital; promueve la utilización de nuevas tecnologías; y, favorece la homologación de las costumbres y la imitación de las pautas de consumo y fortalece la sociedad consumista. Sus partidarios, señala, han sido exitosos como propagandistas, ya que han conseguido convencer de las bondades de la globalización incluso a quienes constituyen sus víctimas potenciales. De manera sagaz han defendido la idea de que lo que resulta conveniente para los grupos dominantes de los países desarrollados es conveniente para todos, desconociendo el hecho de que la globalización tiene ganadores y perdedores. Para Olesker[17], la ideología de la globalización arguye la inevitabilidad de la misma y de sus consecuencias, de tal forma que, por un lado, amenaza con la marginación y autodestrucción a quien se oponga a ella y, por otro, predica que la salvación o el avance de los países tiene solamente un camino, cual es, ser competitivo en el mercado mundial. En ese sentido, la ideología y el desarrollo comunicacional cumple un papel relevante en la consolidación del modo de acumulación. Ferrer[18] habla de una visión fundamentalista de la globalización. Ella sugiere que el dilema del desarrollo en un mundo global ha desaparecido por la sencilla razón de que actualmente las principales decisiones no son adoptadas por las sociedades y sus estados sino por los agentes transnacionales. El mensaje es, consecuentemente, contundente: lo único que puede hacerse es implementar políticas amistosas para los mercados funcionales a los intereses dominantes, tales como, apertura de la economía, desregulación de los mercados reales y financieros, achicamiento del Estado a las expresiones mínimas consistentes en la preservación de la seguridad y el orden jurídico, el equilibrio fiscal y la estabilidad de los precios. Entonces, las políticas adecuadas permitirían que los agentes transnacionales sean atraídos y promuevan el crecimiento económico y la competitividad internacional de los países elegidos, siendo así posibles la acumulación de capital y el incremento de la productividad, presumiblemente también con la expansión del empleo; por el contrario, adoptar políticas mal recibidas por los mercados generaría fuga de capitales, inestabilidad, estancamiento económico y marginación. Para Amín[19] el uso del término mundialización o globalización es parte de un discurso ideológico encaminado a legitimar las estrategias del capital en una fase de su expansión imperialista; discurso que presenta a la globalización como una fatalidad, independiente de la naturaleza de los sistemas sociales, actuando como una ley de la naturaleza originada por el estrechamiento del espacio planetario. García Morales[20] contradice a quienes aceptan una globalización que genera una gigantesca transformación política, que suprime al marco nacional y estatal de las economías, ocultando la operación del capital, los cursos de acumulación y de concentración, colocando en su lugar la operación abstracta del mercado redistribuidor de oportunidades, sustentado en supuestos que ponen al trabajo como instrumento de producción al lado de la omnipotencia tecnológica sin claros centros de control. Bonefeld[21] anota que el término “globalización” se sustenta en la idea de que una sociedad cohesiva y aislada y una economía doméstica ya no se sostienen, evidenciándose la creación de una economía y de una sociedad verdaderamente globales y de la dependencia de la vida cotidiana de fuerzas globales, haciéndose la aseveración de que la globalización se ha constituido en una transformación cualitativa del capitalismo, desarrollándose una nueva relación de interdependencia más allá de los estados nacionales. El Foro de Investigación y Acción Participativa para el Desarrollo de la Sociedad del Conocimiento (FIAP)[22] señala: El fenómeno de la globalización se nos suele presentar con tintes marcadamente idílicos. Pareciera que con la globalización ya existe un mundo plenamente desarrollado, libre y democrático, en el que todos los países y personas cuentan con igualdad de oportunidades y en el que no existe ninguna restricción para la libertad de pensamiento y la circulación de las ideas. Se nos sugiere que la globalización está configurando un nuevo espacio sin clases en el que el flujo de capitales es transparente, equilibrado y generador de riquezas universales, y en el que las innovaciones tecnológicas se difunden generosa y dinámicamente entre un país y otro alcanzando por igual a todas las capas sociales. Implícita o explícitamente, se pretende asimilar ‘globalización’ con integración social universal, y ‘mundialización’ con sociedad abierta y sin fronteras para todos. Estas pretensiones no se corresponden con la realidad. Como todos los mitos, la globalización también tiene su particular decálogo ideológico que realmente es lo primero que se globaliza. Se trata de una serie de principios que constituyen la columna vertebral del capitalismo global:
1. Absolutización de la economía: los intereses económicos priman sobre las razones políticas y sociales. 2. El referente máximo es el movimiento del capital especulativo y su margen de operación (beneficios).
3. El capital solo se afinca en la medida que su componente especulativo tiene garantizados márgenes suficientes de beneficio a corto y medio plazo.
4. Todo lo que potencialmente pueda ser rentable es susceptible de convertirse en capital privado. La propiedad privada es inviolable.
5. El Estado es el problema; el mercado, la solución.
6. La desregulación económica y laboral, las privatizaciones y el libre intercambio sin trabas, son los factores básicos e imprescindibles del desarrollo.
7. El Estado deberá garantizar la libertad económica y no intervendrá en el libre comercio, salvo para subvencionar la radicación de empresas, asumir los costes de aquellas que no generen suficientes beneficios o sanear los fallidos de las grandes entidades financieras.
8. El desempleo es una simple variable estadística, consecuencia de modelos sociales proteccionistas y de la falta de adaptación de la sociedad al libre mercado.
9. No existen más derechos sociales que aquellos que se consiguen en el mercado. La democracia es un principio universalmente válido… excepto en el ámbito laboral.
10. Los valores ecológicos son un coste, no una inversión. Machado[23] sostiene:
La globalización postula de nuevo un modelo centralista y ejerce su influencia totalitaria en la política internacional, en las normas jurídicas, en la comunicación, con una ética selectiva y excluyente que espera que observemos con resignación como escogen de nuestra región tal o cual recurso natural, tal o cual rama, tal o cual cerebro, y lo articulan en el lugar exacto de sus necesidades, cuando no nos exportan una tecnología contaminante. La globalización, en tanto ideología hegemonista y selectiva, busca siempre una premisa: es bueno y aceptable lo que es bueno y aceptable para los intereses de los centros de poder. Observamos que si bien una buena parte de la humanidad no ha disfrutado de los avances de la modernidad, esta nueva fase de expansión capitalista adopta una filosofía en virtud de la cual todos partimos de cero. De capitalismo imperialista no se habla, de sus culpas por las desigualdades de hoy no se habla, de nuevo se postula formalmente que todos somos libres e iguales ante el mercado que aparece como Dios y es el que impone justicia, su justicia. Siendo el eje el mercado omnipotente, a ello deben amoldarse las explicaciones filosóficas, sociológicas, jurídicas. Para Jans[24] los conceptos que sustentan la ideología de la globalización y donde encuentra su nutriente, son los siguientes: i) La concepción neoliberal, que plantea la exaltación del mercado como regulador de toda la actividad humana, frente al cual, toda otra actividad de los hombres, tiene que subordinarse.
ii) Existe un abandono de la concepción capitalista clásica, donde primaban las necesidades de la propiedad de los medios de producción, del control de las fuentes generadoras de materias primas y la búsqueda del monopolio en los mercados. La nueva concepción del capitalismo es financiera exclusivamente, donde las capitales financieros han llegado a ser superiores en veinte veces el valor del comercio internacional. La clave del capitalismo de la globalización se basa en la oportunidad, la movilidad y la competitividad. Objetivamente, la producción, dejó de depender de los recursos naturales, y a los financistas no les preocupa quién tiene la propiedad de los medios de producción. La gestión no está sustentada en instalaciones físicas, equipos o maquinarias, sino en el conocimiento y la organización. Hoy, todos los esfuerzos de gestión, se vinculan a la capacidad de mejoramiento de la organización, con la finalidad de optimizar la eficiencia y estimular la creatividad. Ese es el paradigma del capitalismo de inicios del siglo XXI. iii) El abandono a las limitaciones nacionales. En ese sentido, ni siquiera se puede hablar de que prima un internacionalismo, es decir, una relación entre naciones, sino un transnacionalismo, o sea, una estrategia que traspasa los marcos nacionales. Todo obstáculo que imponga cualquier Estado Nacional en términos políticos o culturales, se convierte en una limitación a la globalización, es decir, al nuevo orden mundial y, por lo tanto, materia de alguna forma de sanción. Fariñas[25] afirma que la globalización es una ideología en sí misma, esto es, una ideología paneconomicista y monocultural al servicio de un grupo particular, que pone en marcha un proceso nuevo de dominación hegemónica o de colonización a nivel planetario cada vez más intenso; que consigue reemplazar la primacía del estado-nación por la de las nuevas empresas transnacionales (ETN) y sus ciegos mecanismos financieros; y que trata de anular las culturas locales a través de la imposición de una supuesta “cultura global”, cuyo fin es el de homogeneizar social y culturalmente el mundo. En consecuencia, la globalización implica una ideología única, dogmática y triunfalista, cuyos sustentos universales incuestionables y absolutos son el “libre mercado”, la “tecnología” y el “capital”.
*Corominas, Joan y Pascual, José Antonio, Diccionario crítico etimológico castellano e hispano, Editorial Gredos, Madrid, 1991.
Juan Octavio Cervantes Dueñas
“La crisis de Occidente consiste en que la filosofía política ha sido reemplazada por la ideología”. Tomando en cuenta las definiciones etimológicas, podemos dilucidar que la palabra ideología analizada desde sus raíces nos liga directamente a referencias de imagen y apariencia, lo cual reflejado en la palabra en sí, nos habla del sentido vano que se le ha venido dando a la palabra, ya que (el menos desde mi punto de vista) la ideología antes que nada debe ser la base teórica, filosófica, etc. de cualquier movimiento o pensamiento. Analizando su origen, podemos descubrir que si el uso original de la palabra era para nombrar a peñascos en forma de “ídolos” puede ser que el sentido que actualmente se le da, pueda responder a éste mismo fenómeno es decir, que las ideologías no se sustentan por sí mismas en términos de cultura, filosofía e historia, sino en un término abstracto, irreal, erróneo e ilusorio es decir un “ídolo” que responde a las necesidades de los intereses dominantes y como vehículo de las relaciones de dominación. a) Concepción etimológica de la palabra globalización.
GLOBO[3], tomado del lat. Glŏbus “bola, esfera”, “montón”, “grupo de gente”.
F. de Herrera lo emplea en el sentido de “tierra” (elemento) RFE XL, 165 y Aut. Cita ejs. En Roa († 1637), Saavedra Fajardo (1640) y Pellicer (1626). Es frecuente en Lz. De Arenas (1633), cap. 20, etc. Con razón observa Capmany a fines del S. XVIII (Viñaza, 899) que es afrancesado decir el globo por el globo terráqueo, como hacían y hacen algunos.
Tomando en cuenta la observación de Capmany, tengo la definición de “globo terráqueo” que hace referencia directa al planeta que habitamos, de ésta forma procedo a analizar etimológicamente la palabra “mundo” que es la forma más común de nombrarlo.
MUNDO[4], descendiente semiculto del lat. mŭndus íd. 1ª doc.: Cid.
De uso general desde el principio (Berceo; Apol.; J. Ruiz; Conde Luc.; etc.). Sin embargo debió existir esporádicamente la forma popular mondo, que en vista de la rima debemos restituir en el Auto de los Reyes Magos: “uno omne es nacido de carne, / que es senior de todo el mundo, / asi como el cilo es redondo” (v.39). Esta forma pronto quedó eliminada, generalizándose la cultista mundo, introducida por el lenguaje de los sermones eclesiásticos; lo mismo ocurrió en portugués, mientras que los demás romances tienen formas de evolución popular, al menos en apariencia, aunque el fr. Mod. Monde (frente al ant. Mont) revela también semicultismo en su vocal final. Se ha afirmado repetidamente que la locución pronominal todo el mundo, port. Todo o mundo, es un galicismo arraigado (fr. Monde ‘gente’)
Ambos conceptos globo y mundo, tienen un significado común, que es el de “gente” (en globo por Glŏbus “grupo de gente” y en mundo por el galicismo monde “gente” aparte de los significados únicos a cada uno de los dos conceptos que vienen siendo: “bola, esfera”, “montón”. A partir de esto, encuentro que “ globalización” es una acción que viene del verbo “globalizar” y a su vez globalizar es una concepción etimológica que une el concepto de “globo” con el sufijo izar, (-izar. Del lat. -izāre). Sufijo que forma verbos que denotan una acción cuyo resultado implica el significado del sustantivo o del adjetivo básicos, bien por reducción del complemento directo a cierto estado, en los transitivos, como en carbonizar, esclavizar, impermeabilizar, bien por la actitud del sujeto, en los intransitivos. Escrupulizar, simpatizar.) [5] y globalización es también una concepción etimológica que se forma con “globo” y el sufijo ción, (-ción.(Del lat. -tĭo, -ōnis) sufijo que forma sustantivos verbales, que expresan acción y efecto. Aparece en la forma -ción, no precedido de vocal, en ciertos sustantivos generalmente procedentes del latín. Función, lección, producción. Los creados en español toman la forma -ación, si el verbo del que derivan es de la primera conjugación. Grabación; -ición, si es de la tercera.[6]
De ésta manera y aplicando el sufijo –ción que como está explicado en el párrafo anterior expresa acción y efecto al concepto globo “gente” tenemos una forma base que es algo parecido a gente-izar, resulta que la palabra en su sentido más directo es homogeneizar un grupo de gente o uniformar un grupo de gente.
Ahora, en nuestra realidad, en nuestro contexto, la homogeneización de conciencias y pensamientos ocurre en gran medida, gracias a los medios de comunicación, los cuales, cosa extraña, no están para ejercer la función que los describe, es decir, el servicio que prestan no es comunicar en el sentido integral de la palabra, sino que faltaría agregar unas pequeñas palabritas para definir su función real: comunicar la información que al poder establecido le parece conveniente dar a conocer.
De ésta forma entendemos que un mundo globalizado es un mundo tratado como un producto, como un mercado, con la información conveniente, de ésta forma el sistema establecido obtiene lo que necesita, y lo que necesita son consumidores, “los avisos proclaman que quien no tiene, no es: quien no tiene auto, o zapato de marca, es un nadie, una basura.[…] Los medios de comunicación, que muestran la actualidad como espectáculo fugaz, ajeno a la realidad y vacío de memoria, bendicen y ayudan a perpetuar la organización de la desigualdad creciente”[7] para seguir reproduciendo este monstruo voraz que es el sistema capitalista en el cual vivimos inmersos.
La globalización se puede definir como un fenómeno económico, político, social, tecnológico, ambiental y cultural, cuyos efectos rebasan las fronteras nacionales dada la creciente interacción e interdependencia entre las personas, los países y los mercados.
El denominador común a estos espectaculares cambios es el vigor de una economía de mercado, que persigue de manera cada vez más implacable el objetivo de ocupar todo el espacio disponible, pasar del aislamiento a la coordinación y a la convergencia hacia estadios más avanzados de globalización[8]. En la actualidad la tendencia básica de la nueva economía, que deja sentir eficazmente sus efectos sobre otros campos de la actividad humana y social es el movimiento hacia la globalización. De manera muy general la globalización puede definirse como “el conjunto de procesos que conducen a un mundo único” o con otros términos el fenómeno se refiere al “hecho de que las interrelaciones entre los seres humanos han adquirido proporciones globales y se han transformado en dicho proceso”[9]. Las sociedades se tornan interdependientes en todos los aspectos de su vida pública y el alcance de tales interdependencias deviene realmente global. Atendiendo a su raíz terminológica[10], la globalización puede entenderse como el conjunto de procesos de cambio, factores o causas, actores o agentes y fases o etapas que tienen lugar, actúan, “se reproducen, repercuten o se identifican en el espacio mundial”.
Ángel Martínez González-Tablas entiende que son muchos los tipos de globalización a los que referirse y que guardan entre ellos “densas interdependencias”, haciendo una anotación interesante, en el sentido de que si bien la globalización no puede reducirse a pura ideología, pero ”es indudable que hay también una fuerte componente ideológica”, cuando se consideran los procesos implicados en la globalización, al menos desde la lectura liberal de tales procesos[11]. En la actualidad ningún país, constituye un espacio autosuficiente. Para algunos autores la referencia al decisivo papel de las nuevas tecnologías constituye el carácter diferenciador del actual proceso de globalización económica respecto de otros momentos históricos precedentes, ya que como consecuencia de la aplicación tecnológica “las barreras naturales del tiempo y del espacio se han reducido enormemente; el coste de la circulación de la información y de la comunicación ha bajado extraordinariamente y la comunicación global es cada vez más barata e instantánea”. Desde este supuesto es obvio que se favorecen las transacciones económicas, los mercados se despliegan por el espacio global y alcanzan una variedad cada vez mayor de bienes y servicios[12]. De la Dehesa identifica la globalización como un conjunto de cambios esencialmente de tipo económicos, que convergen hacia un espacio de libertad. y globalidad, es decir, “un proceso dinámico de creciente libertad e integración mundial de los mercados de trabajo, bienes, servicios, tecnología y capitales”[13].
Según Vilas[14], la ideología de la globalización se sustenta en las siguientes proposiciones:
i) La globalización es un fenómeno nuevo;
ii) La globalización es un proceso homogéneo;
iii) Gracias a la globalización todos seremos, antes o después, iguales;
iv) La globalización conduce al progreso y al bienestar universal;
v) La globalización de la economía lleva a la globalización de la democracia; y,
vi) La globalización acarrea la desaparición progresiva del Estado, o al menos una pérdida de importancia del mismo. Se trata, anota, de una ideología conservadora que encubre la realidad para inhibir la voluntad de modificarla. Como toda ideología conservadora, enfoca de manera selectiva al mundo de acuerdo con una configuración de poder establecida, a la que se pretende preservar y consolidar. Presenta así como indispensable e inevitable una configuración contingente de la realidad, y como resultado de la dinámica inmanente de la técnica lo que es en realidad producto de decisiones particulares en función de objetivos e intereses específicos. La dinámica egoísta del mercado y la búsqueda de la ganancia pecuniaria por sobre cualquier otra consideración son exaltadas como la realización de la razón y del progreso, postulando como un avance hacia la modernidad, e inclusive la “posmodernidad”, lo que en muchos aspectos es un regreso a las modalidades más perversas y depredadoras del capitalismo. Las afirmaciones que integran esta ideología conservadora, manifiesta, no se encuentran avaladas ni por la historia ni por la observación del presente; por el contrario, cuando son contrastadas con la realidad la mayoría de ellas resulta desvirtuada, o por lo menos tan fuertemente acotada que pierde toda validez. Dicho en otras palabras, las citadas proposiciones están equivocadas. A criterio de Romero[15], la globalización desde el punto de vista ideológico es el argumento neoliberal que busca justificar la inevitabilidad de someter el desarrollo de los países a los dictados del mercado, bajo el supuesto de la igualdad de oportunidades para todos. En este marco se aprecia la intensificación del proceso de apertura de los países menos desarrollados, como requisito para la pretendida inserción competitiva en los mercados internacionales. Sin embargo, la realidad difiere sustancialmente del planteamiento teórico, toda vez que en la práctica globalización no significa homogeneización de las economías, sino por el contrario profundización de la brecha económica y tecnológica entre los países más desarrollados y el resto de naciones del planeta. En este sentido, el concepto de globalización constituye el pretexto para ampliar el dominio del capital transnacional sobre las economías menos avanzadas, mediante los flujos de capital de préstamo e inversiones directas, así como de la penetración de los medios de comunicación masiva. El SELA[16], indica que la ideología de la globalización realza el fundamentalismo del mercado; exalta la libertad de comercio; impulsa el libre flujo de los factores de la producción, excepción por supuesto de la mano de obra que permanece sometida a restricciones de distinta índole; propugna el desmantelamiento del Estado; asume la monarquía del capital; promueve la utilización de nuevas tecnologías; y, favorece la homologación de las costumbres y la imitación de las pautas de consumo y fortalece la sociedad consumista. Sus partidarios, señala, han sido exitosos como propagandistas, ya que han conseguido convencer de las bondades de la globalización incluso a quienes constituyen sus víctimas potenciales. De manera sagaz han defendido la idea de que lo que resulta conveniente para los grupos dominantes de los países desarrollados es conveniente para todos, desconociendo el hecho de que la globalización tiene ganadores y perdedores. Para Olesker[17], la ideología de la globalización arguye la inevitabilidad de la misma y de sus consecuencias, de tal forma que, por un lado, amenaza con la marginación y autodestrucción a quien se oponga a ella y, por otro, predica que la salvación o el avance de los países tiene solamente un camino, cual es, ser competitivo en el mercado mundial. En ese sentido, la ideología y el desarrollo comunicacional cumple un papel relevante en la consolidación del modo de acumulación. Ferrer[18] habla de una visión fundamentalista de la globalización. Ella sugiere que el dilema del desarrollo en un mundo global ha desaparecido por la sencilla razón de que actualmente las principales decisiones no son adoptadas por las sociedades y sus estados sino por los agentes transnacionales. El mensaje es, consecuentemente, contundente: lo único que puede hacerse es implementar políticas amistosas para los mercados funcionales a los intereses dominantes, tales como, apertura de la economía, desregulación de los mercados reales y financieros, achicamiento del Estado a las expresiones mínimas consistentes en la preservación de la seguridad y el orden jurídico, el equilibrio fiscal y la estabilidad de los precios. Entonces, las políticas adecuadas permitirían que los agentes transnacionales sean atraídos y promuevan el crecimiento económico y la competitividad internacional de los países elegidos, siendo así posibles la acumulación de capital y el incremento de la productividad, presumiblemente también con la expansión del empleo; por el contrario, adoptar políticas mal recibidas por los mercados generaría fuga de capitales, inestabilidad, estancamiento económico y marginación. Para Amín[19] el uso del término mundialización o globalización es parte de un discurso ideológico encaminado a legitimar las estrategias del capital en una fase de su expansión imperialista; discurso que presenta a la globalización como una fatalidad, independiente de la naturaleza de los sistemas sociales, actuando como una ley de la naturaleza originada por el estrechamiento del espacio planetario. García Morales[20] contradice a quienes aceptan una globalización que genera una gigantesca transformación política, que suprime al marco nacional y estatal de las economías, ocultando la operación del capital, los cursos de acumulación y de concentración, colocando en su lugar la operación abstracta del mercado redistribuidor de oportunidades, sustentado en supuestos que ponen al trabajo como instrumento de producción al lado de la omnipotencia tecnológica sin claros centros de control. Bonefeld[21] anota que el término “globalización” se sustenta en la idea de que una sociedad cohesiva y aislada y una economía doméstica ya no se sostienen, evidenciándose la creación de una economía y de una sociedad verdaderamente globales y de la dependencia de la vida cotidiana de fuerzas globales, haciéndose la aseveración de que la globalización se ha constituido en una transformación cualitativa del capitalismo, desarrollándose una nueva relación de interdependencia más allá de los estados nacionales. El Foro de Investigación y Acción Participativa para el Desarrollo de la Sociedad del Conocimiento (FIAP)[22] señala: El fenómeno de la globalización se nos suele presentar con tintes marcadamente idílicos. Pareciera que con la globalización ya existe un mundo plenamente desarrollado, libre y democrático, en el que todos los países y personas cuentan con igualdad de oportunidades y en el que no existe ninguna restricción para la libertad de pensamiento y la circulación de las ideas. Se nos sugiere que la globalización está configurando un nuevo espacio sin clases en el que el flujo de capitales es transparente, equilibrado y generador de riquezas universales, y en el que las innovaciones tecnológicas se difunden generosa y dinámicamente entre un país y otro alcanzando por igual a todas las capas sociales. Implícita o explícitamente, se pretende asimilar ‘globalización’ con integración social universal, y ‘mundialización’ con sociedad abierta y sin fronteras para todos. Estas pretensiones no se corresponden con la realidad. Como todos los mitos, la globalización también tiene su particular decálogo ideológico que realmente es lo primero que se globaliza. Se trata de una serie de principios que constituyen la columna vertebral del capitalismo global:
1. Absolutización de la economía: los intereses económicos priman sobre las razones políticas y sociales. 2. El referente máximo es el movimiento del capital especulativo y su margen de operación (beneficios).
3. El capital solo se afinca en la medida que su componente especulativo tiene garantizados márgenes suficientes de beneficio a corto y medio plazo.
4. Todo lo que potencialmente pueda ser rentable es susceptible de convertirse en capital privado. La propiedad privada es inviolable.
5. El Estado es el problema; el mercado, la solución.
6. La desregulación económica y laboral, las privatizaciones y el libre intercambio sin trabas, son los factores básicos e imprescindibles del desarrollo.
7. El Estado deberá garantizar la libertad económica y no intervendrá en el libre comercio, salvo para subvencionar la radicación de empresas, asumir los costes de aquellas que no generen suficientes beneficios o sanear los fallidos de las grandes entidades financieras.
8. El desempleo es una simple variable estadística, consecuencia de modelos sociales proteccionistas y de la falta de adaptación de la sociedad al libre mercado.
9. No existen más derechos sociales que aquellos que se consiguen en el mercado. La democracia es un principio universalmente válido… excepto en el ámbito laboral.
10. Los valores ecológicos son un coste, no una inversión. Machado[23] sostiene:
La globalización postula de nuevo un modelo centralista y ejerce su influencia totalitaria en la política internacional, en las normas jurídicas, en la comunicación, con una ética selectiva y excluyente que espera que observemos con resignación como escogen de nuestra región tal o cual recurso natural, tal o cual rama, tal o cual cerebro, y lo articulan en el lugar exacto de sus necesidades, cuando no nos exportan una tecnología contaminante. La globalización, en tanto ideología hegemonista y selectiva, busca siempre una premisa: es bueno y aceptable lo que es bueno y aceptable para los intereses de los centros de poder. Observamos que si bien una buena parte de la humanidad no ha disfrutado de los avances de la modernidad, esta nueva fase de expansión capitalista adopta una filosofía en virtud de la cual todos partimos de cero. De capitalismo imperialista no se habla, de sus culpas por las desigualdades de hoy no se habla, de nuevo se postula formalmente que todos somos libres e iguales ante el mercado que aparece como Dios y es el que impone justicia, su justicia. Siendo el eje el mercado omnipotente, a ello deben amoldarse las explicaciones filosóficas, sociológicas, jurídicas. Para Jans[24] los conceptos que sustentan la ideología de la globalización y donde encuentra su nutriente, son los siguientes: i) La concepción neoliberal, que plantea la exaltación del mercado como regulador de toda la actividad humana, frente al cual, toda otra actividad de los hombres, tiene que subordinarse.
ii) Existe un abandono de la concepción capitalista clásica, donde primaban las necesidades de la propiedad de los medios de producción, del control de las fuentes generadoras de materias primas y la búsqueda del monopolio en los mercados. La nueva concepción del capitalismo es financiera exclusivamente, donde las capitales financieros han llegado a ser superiores en veinte veces el valor del comercio internacional. La clave del capitalismo de la globalización se basa en la oportunidad, la movilidad y la competitividad. Objetivamente, la producción, dejó de depender de los recursos naturales, y a los financistas no les preocupa quién tiene la propiedad de los medios de producción. La gestión no está sustentada en instalaciones físicas, equipos o maquinarias, sino en el conocimiento y la organización. Hoy, todos los esfuerzos de gestión, se vinculan a la capacidad de mejoramiento de la organización, con la finalidad de optimizar la eficiencia y estimular la creatividad. Ese es el paradigma del capitalismo de inicios del siglo XXI. iii) El abandono a las limitaciones nacionales. En ese sentido, ni siquiera se puede hablar de que prima un internacionalismo, es decir, una relación entre naciones, sino un transnacionalismo, o sea, una estrategia que traspasa los marcos nacionales. Todo obstáculo que imponga cualquier Estado Nacional en términos políticos o culturales, se convierte en una limitación a la globalización, es decir, al nuevo orden mundial y, por lo tanto, materia de alguna forma de sanción. Fariñas[25] afirma que la globalización es una ideología en sí misma, esto es, una ideología paneconomicista y monocultural al servicio de un grupo particular, que pone en marcha un proceso nuevo de dominación hegemónica o de colonización a nivel planetario cada vez más intenso; que consigue reemplazar la primacía del estado-nación por la de las nuevas empresas transnacionales (ETN) y sus ciegos mecanismos financieros; y que trata de anular las culturas locales a través de la imposición de una supuesta “cultura global”, cuyo fin es el de homogeneizar social y culturalmente el mundo. En consecuencia, la globalización implica una ideología única, dogmática y triunfalista, cuyos sustentos universales incuestionables y absolutos son el “libre mercado”, la “tecnología” y el “capital”.
*Corominas, Joan y Pascual, José Antonio, Diccionario crítico etimológico castellano e hispano, Editorial Gredos, Madrid, 1991.
Juan Octavio Cervantes Dueñas
[1] Audi, Robert, The Cambridge dictionary of philosophy, Cambridge University Press, Cambridge, 1999.
[2] Filosofía política 2, estudio de la naturaleza y justificación de las instituciones coercitivas. Las instituciones coercitivas van según su tamaño de la familia al Estado y las organizaciones mundiales, como las Naciones Unidas. Son instituciones que al menos a veces emplean la fuerza o la amenaza de la fuerza para controlar el comportamiento de sus miembros. La justificación de tales instituciones coercitivas exige mostrar que sus autoridades tienen derecho a la obediencia y sus miembros el deber correlativo de obediencia; es decir, que tales instituciones tienen una autoridad legítima sobre sus miembros.
Los filósofos políticos clásicos, como Platón y Aristóteles, se interesaron principalmente por dar una justificación a las ciudades- Estado como Atenas y Esparta. Perp, históricamente, a medida que fueron posibles y deseables instituciones coercitivas mayores, los filósofos políticos trataron de justificarlas. Tras el siglo XVII, muchos filósofos políticos se centraron en la justificación de las naciones- Estado, cuya reivindicación de una autoridad legítima está restringida por la geografía y la nacionalidad. Pero de vez en cuando, con más frecuencia en los siglos XIX y XX, algunos filósofos políticos tratan de justificar distintas formas de gobierno mundial, con poderes mayores que los ejercidos actualmente por las Naciones Unidas.
Los filósofos políticos clásicos, como Platón y Aristóteles, se interesaron principalmente por dar una justificación a las ciudades- Estado como Atenas y Esparta. Perp, históricamente, a medida que fueron posibles y deseables instituciones coercitivas mayores, los filósofos políticos trataron de justificarlas. Tras el siglo XVII, muchos filósofos políticos se centraron en la justificación de las naciones- Estado, cuya reivindicación de una autoridad legítima está restringida por la geografía y la nacionalidad. Pero de vez en cuando, con más frecuencia en los siglos XIX y XX, algunos filósofos políticos tratan de justificar distintas formas de gobierno mundial, con poderes mayores que los ejercidos actualmente por las Naciones Unidas.
[10] Giddens, Anthony , en el libro – Un mundo desbocado, editorial Taurus, Madrid 2000, p. 19 – 20 – recuerda que el término globalización no es una palabra “particularmente atractiva o elegante”, aunque sea nueva y muy socorrida. En el ámbito de la lengua francesa el término globalización suele sustituirse por el de mundialización. Guillermo de la Dehesa en Comprender la globalización (Alianza, Madrid 2000, p. 18 – 19) defiende que entre los primeros en usar el término globalización habría de mencionarse a a Theodore Levitt (1983) y en 1990 Michael Porter se sirvió del término globalización en el proceso de diferenciación conceptual de dos tipos de empresas, la multinacional y la global. Con el mismo significado Kenichi Ohmae (Borderless World: Power and straegy in the interlinked economy, Nueva York, Harper Business 1990) considera que la empresa global es aquella “que ha abandonado su identidad nacional y que opera como una identidad sin patria en una escala mundial”.
[11] Martínez González-Tablas, Ángel, De la (s) globalización (es) y sus efectos, El País, 30 de diciembre de
2000, p. Opinión / 11.
[12] Carrillo Salcedo, Juan Antonio, Globalización y orden internacional, Secretariado de publicaciones de
la Universidad de Sevilla, Sevilla 2005, p. 18
[14] Vilas, Carlos, Seis ideas falsas sobre la globalización. Argumentos desde América Latina para refutar una ideología, Globalización.org, Biblioteca de Documentos, pp. 1-2 (http://www.globalizacion.org/biblioteca/Vilas%20Globalizacion%20Falsa.htm)
[15] Romero, Alberto , Universidad y globalización, Universidad de Nariño, Colombia, p. 3 (http://www.eumed.net/cursecon/colaboraciones/A_Romero-universidad-y-globalizacion.htm)
[16] SELA, El proceso de globalización, en Globalización, inserción e integración: tres grandes desafíos para la región, Serie Documentos Globalización, No. 8, Caracas, junio 2000, p. 2
(http://lanic.utexas.edu/~sela/docs/spdi8-2000.htm)
[17] Olesker, Daniel, Imperialismo y globalización, Montevideo, p. 4 (http://www.archivochile.com/Imperialismo/doc_poli_imperial/USdocimperial0021.pdf)
[18] Ferrer, Aldo , Hechos y ficciones de la globalización, en Revista Capítulos, No. 53, SELA, Caracas, enero-junio 1998, p. 4 (http://www.sela.org/DB/ricsela/EDOCS/SRed/2005/11/T023600000017-11-Hechos_y_ficciones_de_la_globalizacin.htm)
[19] Citado en La globalización: aspectos económicos, políticos, sociales y culturales (http://ejesprimaria.blogcindario.com/2005/06/00001-1-globalizacionaspectos-economicos-politicos-sociales-yculturales.html)
[20] García Morales, Federico, Globalización: definiciones, ideología y realidades, en Globalización, Revista Mensual de Economía, Sociedad y Cultura, septiembre 1999, p.1 (http://rcci.net/globalizacion/llega/fg096.htm)
[21] Bonefeld, Werner, Las políticas de la globalización: ideología y crítica, en Globalización, Revista Mensual de Economía, Sociedad y Cultura, julio 1998, p.1
(http://rcci.net/globalizacion/fg041.htm)
[23] Machado, Darío, Globalización y medios de comunicación. Un comentario
(http://www.baietz.org/zaharra/es/gogoeta/global/machado_globalizacion.htm)
(http://www.baietz.org/zaharra/es/gogoeta/global/machado_globalizacion.htm)
