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Agosto 18, 2026

Esa política de los consensos (intra-elite)

Sebastián Piñera ha reiterado en más de una oportunidad el llamado a construir durante su gobierno un gran acuerdo nacional en determinadas materias; agregando, que sería muy importante para Chile reiterar la política de los “consensos” que tanto “beneficio” acarreó para el país durante el gobierno de Patricio Aylwin Azócar.

Al respecto, cada estrategia y accionar tienen sus momentos, tiempos y ritmos, es por ello que la llamada “política de los consensos” tuvo su aplicación hasta el máximo posible durante el primer gobierno concertacionista. Aquello se puede explicar porque Chile venía saliendo de la dictadura militar con todas sus leyes de amarre y cuando Augusto Pinochet estaba presente con todo su poder e influencia a nivel militar y político.

Pero aquella estrategia de los consensos cumplió un determinado objetivo en una coyuntura específica. Para algunos significó estabilidad y gobernabilidad institucional; mientras que para otros representó “transar” hasta lo más mínimo, produciendo en el país la progresiva atomización de las organizaciones sociales, la despolitización de la sociedad y el gradual “analfabetismo cívico” de los ciudadanos, con todas las consecuencias que hoy estamos viviendo.

Sin embargo y más allá del análisis que pueda hacerse de aquella “política de los consensos” surge una interrogante: ¿Por qué Sebastián Piñera hace este llamado después que algunos de sus asesores más cercanos hablaron del “desalojo” de la Concertación?. Es decir, vociferaron  y despotricaron tanto contra los gobiernos de la Concertación. Al respecto podemos prospectar algunas respuestas. Primero, él y la derecha no tienen mayoría en el Congreso para aprobar sus proyectos, por lo tanto, requiere de los votos de la oposición para sacar adelante algunas de sus iniciativas y promesas de campaña; en segundo lugar, Piñera presume que va a encontrarse con una Concertación muy herida, por lo tanto -con toda seguridad- será una oposición muy vigilante, firme y crítica de su accionar, es decir, antes de ir a la confrontación, preferirá “transar” determinados proyectos con tal de aprobarlos y no quedar con sus promesas incumplidas; en tercer lugar, gran parte de las fuerzas y organizaciones sociales de este país (CUT, ANEF, Colegio de Profesores, Federaciones de Estudiantes) han expresado su desconfianza con las políticas que pueda implementar un gobierno de derecha, por lo tanto, convocar a la Concertación, al Partido Comunista (que poseen vínculos con estas organizaciones) sería un buen respaldo para amilanar el descontento o la protesta de estos sectores; en cuarto lugar, es conocido que al interior de la derecha hay discrepancias de fondo sobre determinadas materias valóricas e institucionales, por ello a la hora de legislar sobre aquellos temas y al no contar con el apoyo de la UDI, una buena estrategia es recurrir a tu adversario político, retomando aquella vieja premisa: “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”.

Si lo que va quedando de la Concertación, piensan nuevamente reeditar la “política de los consensos”, quiere decir que una vez más caerá en las reglas del juego y en el terreno que presenta la derecha; peor aún, hará oídos sordos al llamado de atención de la ciudadanía y de un porcentaje importante de concertacionistas. Por ello, todos aquellos que a contar de marzo se sitúen en la vereda del frente al nuevo gobierno, tienen una oportunidad significativa para plantearse como una auténtica y legítima oposición a una forma de gobierno y a un determinado modelo económico, político y social; para eso se requiere ampliar y cambiar al interlocutor y establecer política de los consensos, pero con los ciudadanos y no solamente con las elites en el poder, que legislan y hablan en nombre del resto de la población.

Finalmente, los sectores opositores al nuevo gobierno, tienen y tendrán la responsabilidad histórica, política y el objetivo de bajar de su sitial y establecer un diálogo directo con la ciudadanía, para de esta forma construir legítimas redes sociales de poder, pero a nivel de sociedad civil; de lo contrario, se mantendrá y seguirá fomentando aquel círculo vicioso de las cúpulas de poder, las maquinarias internas, el burocratismo y una actividad política desde arriba y de espaldas a la ciudadanía.

*Académico de Historia de Chile Contemporánea en el Depto. de Historia, Universidad de Concepción.

E-mail: monsalvez@gmail.com