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El misterio de la popularidad de Michelle es similar a la virgen; evitar todo tema conflictivo y entregar mensajes crípticos que recuerden a Santa Juana de Arco, patrona del Fascismo Francés o las tonterías que le comunicó Lucia la pastorcita de Fátima.
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Es que los incrédulos machistas de la casta política no entienden que los silencios de la Diosa constituyen la clave de su poder. Jamás Michelle abordará temas conflictivos, en público. Su idea es incluir y no excluir. Hará creer a los ingenuos que escucha a todo el mundo, pero siempre hará lo que quiere. Por eso, como no es tonta, no hablará nunca de nuestras relaciones con Bolivia, ni contará de sus bailoteos con el milico Chávez, menos abrirá su boquita para apoyar la muerte dulce de la eutanasia, o el aborto terapéutico – eso que los siúticos llaman “temas valóricos”. ¿Por qué se va a preocupar de la mítica clase media si su tarea se aboca al amor de los pobres, los niños y los viejos inválidos?.
Así habló, para el escándalo de los incrédulos, la diosa Michelle.
Rafael Luis Gumucio Rivas
