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Agosto 18, 2026

La defensa de las conquistas…

¿O era la conquista de las defensas? En fin que por la primera vez en veinte años íbamos a ver una oposición en acción, tú ya sabes, oposición, esa legítima actividad democrática que consiste para los sectores minoritarios en controlar y criticar la acción de la mayoría en el gobierno.

Por la primera vez en veinte años porque hasta ahora de oposición nada o muy poco, -una píldora del día después por aquí, un aborto terapéutico por allá-, nada que pudiese levantar multitudes sino más bien una cohabitación the chilean way: cogobierno y leyes consensuadas en un consenso consensual de tipo entre bueyes no hay cornadas.
 
Hubo que esperar veinte años para que una presidenta con tasas de aprobación superiores a las que en su día conociera Kim Il Sung deba entregarle la herramienta a la derecha dura: la cohabitación continúa pero a la Concertación ahora le toca la sábana de abajo. En otras épocas a esto le llamaban el juego de las “cambiaditas”.
 
Hubo que esperar veinte años para que un ex duro ex de izquierda pronunciase la palabra “pueblo”. Y amenazase, como un desplante torero, la defensa de las conquistas alcanzadas. ¿Oposición?
 
El personal, acojonado, se lo toma en serio. La presidenta, en una demostración de la sensibilidad social que explica sus tasas de popularidad en plan gran timonel, se decide a defender a brazo partido el empleo. Y partiendo, el de José Miguel Insulza. Públicamente, como para significar la importancia que ella le da a la vulnerabilidad social, le pide a Sebastián Piñera, -el enemigo-, que le conserve la sinecura al más que probablemente oxidado “panzer”. Los hogares modestos, en las poblaciones, deben respirar aliviados: los miserables tienen quién ruegue por ellos.
 
El inútil secretario general de una organización inútil podría, si Piñera accede, conservar el pituto. OEA, OEA, no estás allí por las puras brevas.
 
Y no solo él. Aquellos que portan sobre sus débiles espaldas el peso de las políticas de Estado, también. Juan Gabriel Valdés está al abrigo: el inusable Francisco Vidal, -ministro de la defensa de los boludos-, defiende a Juan Gabriel Valdés, eminente pitutador sin el cual la continuidad de la política exterior corre peligro, y las declaraciones un pelín imbéciles del aguilucho en jefe, el que golpea duro con avioncitos F16 de ocasión. ¡Qué paquete de claveles!
 
Gracias a JMI se podrán repetir los golpes de mano tipo Honduras. Gracias al otro, Haití seguirá siendo, ad eternum, una desgracia. Gracias al tercero, Chile seguirá siendo al país que compra armamento bélico con fines puramente pacíficos.
 
Gracias a todos, la cohabitación sigue igual. Pero con la Concertación en la sábana de abajo. Piñera accederá, seguramente, a mantener a Insulza en su exilio dorado: hoy por ti, mañana por la Alameda.
 
Juan Gabriel Valdés, en nombre de la patria, será un concertador (no el único) al servicio del gobierno de Piñera. Aquí no pasa nada. Business as usual, the chilean way.
 
Y si el curiosísimo Fulvio Rossi (Fulvio what?) declama que no habrá política de acuerdos, ni de consensos, pos eso: que le pregunte a la presidenta que ruega por los miserables. Oposición.