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Agosto 18, 2026

Hay que radicalizar la crisis del sistema político

En materia constitucional y de regímenes políticos, el dicho famoso “Chile a medias”, cae como anillo al dedo. Pareciera que los políticos chilenos son algo así como los “maestros chasquillas”, que arreglan una llave para que la inundación salga por la otra. No en vano, “el maestro Faúndez” y su celular fue representativo de un período de la sociedad chilena, en transición ininterrumpida.  

 

El ex presidente Ricardo Lagos y todos sus ministros iniciaron las acciones de recauchaje constitucional dejando intacto el carácter autoritario de la Carta Fundamental de 1980. Ahora, cuando para la opinión pública el Parlamento está en su más alto nivel de desprestigio y se hace evidente que un alto número de senadores y de diputados se ha convertido en vitalicio secuestrando el poder soberano de los electores, por medio del método de tener  a todos los inscritos encuestados y fichados, las castas políticas han captado que esta situación de pérdida de poder de representación no podía continuar, razón por la cual el Ejecutivo propone limitar los mandatos de diputados a tres períodos, es decir, doce años de mandato continuo en el tiempo, y de senadores, a dos períodos de ocho años, lo que equivale a dieciséis años consecutivos. Considero que este proyecto proponer un cambio típico del “Chile a medias”, que denuncio en este artículo. Si lo miramos bien, los senadores durarán cuatro períodos presidenciales y los diputados tres.
 
            ¿Por qué no ir al fondo del asunto? Estoy convencido de que sin un cambio radical de la Constitución vigente, a mi modo de ver inaceptable por autoritaria, los pequeños paños tibios de reformas, para que nada cambie, de poco sirve. Pienso que el sistema monárquico presidencial hace tiempo hizo agua, por consiguiente, es necesario reemplazarlo por el semipresidencialismo, que garantiza un mayor equilibrio de poderes. El senado tiene mucho sentido en el régimen presidencial norteamericano, donde duran nueve años y tienen un enorme poder para controlar el ejecutivo; en Chile hemos querido copiar este sistema, con un período de ocho años, además, con el agregado de que eligen por mitades, creando serios problemas, en ocasiones, a los gobiernos monárquicos presidenciales, elegidos por la soberanía popular. En los regímenes parlamentarios o semipresidenciales el senado no tiene facultades políticas, cuando son bicamerales. No entiendo cuál es la razón de la subsistencia del senado en Chile; de mantenerse, creo más útil que el senado fuera representativo de las grandes corrientes de pensamiento nacional, siendo elegidos por cuatro años, con una sola reelección, en un solo colegio nacional.
 
            Los diputados, que en verdad deben representar los distritos regionales, deben tener la totalidad de las facultades políticas; a mi modo de ver, debe incluir incluso los proyectos que impliquen gastos fiscales, además de las facultades  propias de un régimen semipresidencial, es decir, un primer ministro que represente la mayoría parlamentaria, la censura al gabinete y la facultad del presidente de la república para disolver la cámara de diputados. En el caso del proyecto actual, creo que debiera limitarse la reelección de diputados a un solo período, lo que sumaría ocho años en el cargo, más que suficiente para “un servidor público” con verdadera vocación; se trata de representar a sus electores y no “apernarse”; se trata de ser elegido por ciudadanos y no domésticos carneros, por eupátridas y no por ilotas.
 
            Para continuar con el “Chile a medias” a que estamos acostumbrados por “el peso de la noche autoritaria” propongo que se agregue a la reforma propuesta la obligación de primarias obligatorias, controladas por el Servicio Electoral, para la presentación de candidaturas a todos los cargos de elección popular – incluido en el proyecto la elección de intendente y consejeros regionales- todos los cargos deberán durar cuatro años, en una elección el mismo día, y un plebiscito revocatorio, si la ciudadanía lo solicita, a los dos años de mandato. Esta propuesta supone que el presidente de la república duraría cuatro años, con una sola reelección..
 
            En síntesis, los diputados deben durar cuatro años, con una sola reelección; los senadores, ocho sin reelección, o cuatro con reelección. Asimismo presidente de la república, alcaldes, intendentes, consejeros y concejales, cuatro años con una sola reelección. Todos los candidatos serán elegidos en primarias abiertas y controladas por el Servicio electoral.
 

Rafael Luís Gumucio Rivas