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El senador y ex presidente de Chile Eduardo Frei Ruiz Tagle (hijo del también ex presidente democristiano Eduardo Frei Montalva, asesinado por la dictadura) posee un importante apéndice nasal y pronosticó con humor que ganará por una nariz, como en una reñida carrera ecuestre.
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Esa es la bomba de tiempo que deja Michelle Bachelet, torturada, presa, exiliada, digna, pero que nada cambió en el país, ni despertó esperanzas, ni movilizó voluntades juveniles. Se corre pues el riesgo de que si el caballo gris democristiano le ganase por una nariz al caballo negro proimperialista, todo el establishment, después del ¡Uf! de alivio inicial, no vea lo que pasa en el país, ni a quienes exigen cambios sociales en los desorganizados sectores populares, pero también a los que reclaman mano dura en una derecha que está ganando base de masas. Arrate, que también fue militante de la Concertación hasta poco antes de ser candidato presidencial de los comunistas, y éstos mismos podrían vender su progenitura política por el plato de lentejas de su participación en el Parlamento, que está totalmente desprestigiado.
Entonces, ¿qué pasaría con los votos de repudio que canalizó Marco Enríquez-Ominami, los cuales podrían evolucionar tanto en un sentido anticapitalista como en una dirección anarcoide (el asco por la política, el no nos interesa el poder) e incluso hacia un fascismo social? Nada garantiza en efecto que el hipotético milagro de la nariz larga vuelva a producirse indefinidamente. Sobre todo si, con la continuación de la crisis mundial, se agravan las dificultades económicas de los chilenos pobres (la inmensa mayoría) y Washington mete más sus sucias manos en la política del Cono Sur. ¿Basta acaso un voto útil en favor de un personaje probadamente inútil para impedir que la bestia fascista levante cabeza? ¿Las maniobras políticas, los acuerdos y las mayorías parlamentarias –que no son más que sombras de las luchas sociales que se proyectan en la pared– pueden satisfacer la urgente necesidad de salir del pantano neoliberal pospinochetista o la enorme sed de cambios sociales y culturales?