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Al escuchar el último debate presidencial en mi país, Chile, quedé estupefacto. Piñera dijo que durante su gobierno Chile avanzaría para a ser un país desarrollado en ocho años, alcanzando nuestro PIB per cápita al de Portugal. Agregó que hoy eran de 14.000 y 24.000 dólares, respectivamente.
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Nadie le preguntó, por supuesto, a que PIB per cápita se refería, si al nominal o al ajustado por la paridad de poder adquisitivo. El primero representa el nivel económico internacional de la población de un país. El segundo, además, lo ajusta por el costo de vida de cada país.
Por esa razón, en los países en desarrollo, como Chile, el PIB nominal es inferior al ajustado, porque el costo de vida es más bajo que en los países desarrollados, debido a que sus impuestos son menores y la mano de obra es barata (bajos salarios). En los desarrollados, en cambio, los montos de ambos son similares Y esa diferencia también se presenta hoy entre nuestro país y Portugal.
En efecto, según el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial el PIB per cápita nominal y el ajustado por el costo de vida de Chile, el año 2008 (se indica el promedio entre las cifras de ambas instituciones porque no son idénticas) eran de US$ 10,114 y 14.497 y los de Portugal, en cambio, eran de US$ 22.942 y 22.682, respectivamente. En otras palabras, Piñera se estaba refiriendo al PIB ajustado por el costo de vida.
Tal promesa es imposible, sin embargo, salvo que Piñera hubiera descubierto la piedra filosofal de la economía.
Tendría que aumentar el PIB per cápita nominal de US$ 10.114 a US$ 22.942, es decir, más que duplicarlo en ocho años, porque ese PIB es la base del ajustado por el costo de vida que tiene en mente. En otras palabras, Chile debería crecer a los menos en 11% anual y siempre que la economía de Portugal solamente se eleve unos décimos de punto porcentual.
A la vez, debería cerrar la brecha entre los PIB ajustados por los costos de vida de Chile y Portugal, y la mejor manera de hacerlo es incrementado los de nuestra economía, en especial los salarios y tributos, en un 50%. Las otras alternativas son duplicar el valor derl peso chileno en dólares o disminuir a la mitad la población, es decir, el per cápita.
Ningún país, salvo asiéticos, como China y los dragoncillos, ha logrado un milagro similar.
La única explicación de este ofertón es la demagogia o que el candidato de la derecha crea que puede hacer crecer la economía de nuestro país a la velocidad con que incrementó su fortuna personal, de la nada, a más de 500 mil millones de pesos (mil millones de dólares), en poco más de 30 años. Si lo lograra, transformaría a Santiago de Chile en un lugar de peregrinaje de personajes como los sucesoires de Obama, Hu, Putin, Sarkozy, Lula, además de profesores de economía, incluso premios nobeles, etc.
No obstante, tengo mis serias dudas. Hasta ahora nadie ha encontrado la piedra filosofal de la economía, aunque otros también lo creyeron recientemente en Wall Street, y nos arrastraron a una catástrofe.
Al poco seguir el debate tuve otra gran sorpresa, pero esta vez de un periodista, del canal de TV de propiedad de Piñera, quien preguntó a Frei su opinión acerca de la exigencia de la OCDE, para aceptarnos en su seno, de establecer la “flexibilidad laboral”.
Al parecer, no conocía demasiado la materia. Según el índice de libertad económica, que elaboran todos los años The Wall Street Journal y The Heritage Fundation, que cubre a 183 países, a través de 10 libertades específicas, entre ellas las de comercio, empresarial, del gobierno y del trabajo, Chile ocupa el lugar 11 (es superado por solamente 8, de los 30, miembros de la OCDE).
En cuanto a la libertad de trabajo, que se define como flexibilidad laboral, solo 11 de los países miembros de OCDE tienen más, y 19 menos, que Chile. Y en el caso de Portugal, la meta de Piñera, tiene casi la mitad de nuestra flexibilidad: 75 puntos, Chile, vs, 40,3, Portugal.
En otras palabras, salvo que The Wall Street Journal y The Heritage Foundation se hubieran repentinamente convertido a la izquierda, Chiie tiene más que amplia libertad económica y flexibilidad laboral para ser miembro de la OCDE. Y tenemos amplio espacio para regularlas.
