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A catorce días de la segunda vuelta electoral, el panorama político chileno sigue siendo desastroso. Por un lado están los que se niegan a renunciar a las cúpulas partidarias, por otro los que no hacen un mea culpa, y más allá los que sostienen la validez del voto nulo o blanco como castigo a la Concertación, argumentando que Piñera y Frei son la misma cosa.
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Somos expertos respondiendo a los golpes, no obstante nos olvidamos de hacer propuestas concretas para encantar a la señora Juanita de la población La Legua, o a don Lucho del almacén de la esquina. Dejamos que la Derecha se instalara en demasiados municipios y les dejamos el paso libre para engatusar a nuestros jóvenes. Nos dimos por excluidos y no enfrentamos la pelea como antaño, cuando al miedo lo combatíamos con organización, el hambre con solidaridad, y el sufrimiento con cariño fraterno.
Muchos argumentan que si Piñera gana, las contradicciones se agudizarán y el pueblo bajara a las Alamedas y ahí se quedará, sin embargo ¿por qué no fuimos capaces de dar esa conducción todo este tiempo?
Si la derecha llega a La Moneda, no saldrá de ahí por un largo rato, ocupará el dinero ahorrado en hacer un gobierno populista, comprando votos y conciencias, intentará aplicar el borrón y cuenta nueva, dejando a los criminales en total libertad, bombardeará las poblaciones con consignas de paz y bienestar, lavará el cerebro de los niños para que no sepan que hubo una dictadura, cobrará revancha y nos hará retroceder mil pasos.
¿Qué les diremos entonces a nuestros hijos y nuestros nietos? ¿Qué fuimos testarudos, que no quisimos ser más generosos con la Concertación no votando por el mal menor? ¿Qué el voto nulo o blanco no era votar por Piñera? ¿Qué los acuerdos fueron imposibles de ser alanzados porque había posturas intransigentes en los votantes? ¿Qué yo te castigo y saco la lengua porque no me diste la mano?
La Concertación ha tenido aciertos y muy buenos, pero también errores, el principal en no haber llamado a una Asamblea Constituyente, base para generar una nueva Constitución Política, donde los derechos de todos chilenos -de dentro y fuera del país- estuvieran garantizados y representados, y donde nadie quedase excluido en las contiendas electorales por un sistema binominal, aberrante y arcaico.
Quedan catorce días…, dos semanas en que todos debemos ser capaces de aunar voluntades, y exigir de Frei y La Concertación, la firma de acuerdos que SÍ deberán cumplirse esta vez, para impedir que la Derecha entre a La Moneda.
Hagámosle un regalo a las generaciones futuras, no botemos a la basura nuestro voto con un nulo o blanco, ellos merecen un Chile mejor que el que Piñera les puede ofrecer.
Rossana Cárcamo
