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Agosto 18, 2026

¡Sabinazo!

 Como un “sabinazo” ha sido calificada esta nueva performance de Joaquín Sabina, un nuevo disco (souvenir y mucho merchandansing, pero de buen gusto) y un tour promocional, que cubre buena parte de España, América Latina, y por supuesto Chile; principalmente por el éxito ventas (y de público) que ha obtenido en tiempo record.

A “El Flaco Sabina” le han bastado tan sólo diez días para obtener triple disco de platino en España y situarse en el número 1 del listado de los discos más vendidos. Con esta nueva entrega, Vinagre y Rosas  (luego de Alivio de luto y cuatro años de silencio) Sabina con su amigo el  poeta  Benjamín  Prado nos llegaron de Praga con versos, canciones memorables y unos subjetivos títulos, muy en su estilo, a pesar de ser colaboración. 
A Praga se fue con su cancionero al hombro poetizando a cuatro manos, ésta vez, para exorcizar la vida, la buena y la mala, al mismo tiempo que el amor el desamor, su temática brillante. Y esta entrega ha venido, en efecto, de la mano de un espectacular tour que partió el 20 de noviembre en Salamanca, que ya pasó por Madrid, el martes 15 de diciembre, fecha en que abarrotó el “Palacio de los Deportes” de la capital española para arribar a Barcelona un frío jueves 17 (y, donde volverá para ir cerrando la gira un lejano septiembre de 2010), pasando por Málaga, el martes 22, para cerrar esta primera etapa española de una exigente gira; que a partir de enero de 2010 itinerario por América Latina (Argentina, Chile, México y Uruguay) y cerrando, a propósito de ballatage, con más de 25 conciertos en varias ciudades de diferentes comunidades autonómicas de España, léase Madrid, Catalunya, Andalucía, etcétera, con la promesa seguramente cumplida de poner  fin a este estilo espectáculo en  su larga y dilatada carrera artística. 
Pero de todo esto fuimos testigos de la noche catalana y así la vimos. “El Dylan de Tirso de Molina” saltó al ruedo en Palau Sant Jordi el (monumental coliseo que la ciudad condal heredó de las olimpiadas del 92’) luego de una atmosférica entrada en los acordes de “Lili Marlen” atacando inmediatamente con el single de Vinagre y Rosas, tiramisú de Limón, vestido con una  extemporánea elegancia acostumbrada, entre mezcla rara de dandy decimonónico y Conde Crápula, con su traje de pingüino y su sombrero “bombín”, que a ratos nos recordó al gran “Charlot”. Luego de tres o cuatro de canciones del este último exitazo, haría su primera alocución -en verso como casi todo lo que dijo sin canción- de gracias y de homenaje a su maestro Leonard Cohen, el primer guiño de la noche, dedicándole el concierto al tiempo que se confesaba “estar siempre  componiendo la misma canción”.
Y no sería éste el único giño que le hicieran al poeta y cantautor canadiense, dado que Pancho Varona, Antonio García de Diego hicieron lo suyo, con un vestuario y una estética que aludía claramente al viejo Cohen. Dos de sus incondicionales de una banda tan sorprendente por fiato y madurez, que esta vez presentaba la joya de la noche, la bella corista Marita Barros (reemplazante de la Olga Román) que derrochó histrionismo y sensualidad a raudales.  Uno de los genuinos lujos de la noche.
Sabina con su simpatía que le caracteriza, con unas desbordantes ganas (a su edad) que aluden claramente su segunda vida, sin los consabidos excesos y vicios de antaño, se le ve un tío feliz. “¿Cómo has podido caer tan bajo, Sabina?” -se ha dicho no sin entera razón- se permite éste y toda clase de lujos. Sobre la teatral puesta en escena, los decorados, vestuarios, música incidental, luz y los irreverentes sonetos, rimó con maestría hasta en las presentaciones de su grupo y de paso, uno de los guiños polémicos de la noche, dijo con respecto, pero alto y claro “me gustaría volver a ver torear a José Tomás en la Monumental de Barcelona”. El gran torero español, la leyenda viva del ruedo, su amigo, ahora que en Catalunya se abrió la puerta a la prohibición de las corridas taurinas.
Y así se fue desplegando un show de calidad digno de los mejores en su género, un espectáculo sugestivo, atmosférico, poético, plagado de reminiscencias y sutilezas, especialmente cuando le sale toda la dimensión trovadoresca de poeta urbano y de bar, que evoca, con gran sensibilidad, la nostálgica, la desazón el amor y el des-amor; refirmando, una vez más, que “El Sabina”, “El  Rimbaud de Úbeda” (su díscolo discípulo), no tiene nada que envidiarle a su maestro Cohen, ni siquiera en lo aguardentoso sonido de su voz, que, muy en su estilo, está como un buen mosto, entre más viejo mejor.
Luego de la presentar la nueva entrega, con su acostumbrado eclecticismo rítmico, donde no faltaron las bases y los moldes del son, el tango, el bolero ranchero, el rock, el rap… para encajar las letras paridas a cuatro manos en Praga “por puro amor y por puro desamor”, dos de sus tópicos brillantes. Echamos de menos la Violetas para Violeta, ese original cover de La Carta de la gran Violeta Parra, en donde nos recuerda con sorna a “los gringos de Guasington (…)” e interroga con desparpajo “Pregúntele a los milicos que hicieron en La Moneda”. Claro, sus destinatarios naturales estaban esta vez a más catorce mil kilómetros de distancia, al otro lado del mundo. Vino el esperado paseo por sus grandes éxitos de la mano de un merecido entreacto.
El retorno al escenario del monumental “Santi Jordi” fue  apoteósico. Guitarra negra, taburete y un magnífico Y sin embargo te quiero con su corista, la escultural Mme. Barros, como le llamó en algunos momentos.
Sin lugar a dudas que el mejor Sabina es el poeta, el trovador urbano, viejo y desgatado de amores y de bares, el que nos llena el alma y la sensibilidad y quedó reflejado cuando en el peak del concierto en Calle de la melancolía “El Sant Jordi” se encendió entero de mecheros emulando las antorchas que harían célebre al monstruo de la Quinta Vergara del Festival de Viña del Mar. Un excelente recorrido por el mejor de “los Sabina”, acústico, casi a capela, con sus ensoñaciones y ovaciones.
Este trayecto por la trova, no podía ser, y en Barcelona, sin la presencia, de un invitado estelar como Joan Manuel Serrat, el trovador catalán que acaba ser galardonado con el Premio Nacional de las Músicas Actuales (“por su inconfundible talento y trayectoria y su influencia al imaginario popular, junto la difusión de los poetas y sus obras”, destacó el jurado), para recordar juntos Contigo del repertorio de Dos pájaros de un tiro. Este mágico instante con Serrat fue una de las grandes y agradecidas sorpresas de la noche, luego del cual Sabina hizo otro de sus ya celebres guiños, alabó al coro diciendo “mucho mejor en Madrid” y el público le respondió a coro por largos minutos: “¡Vote Sabina!. ¡Vote Sabina…!” a lo que Sabina en un guiñazo (y en abierta alusión a la crisis del sistema político y al desprestigio de la clase política) con su acostumbrada rapidez espetó “no me dedicaría a la política, porque no quiero que mi hija se avergüence de su padre”. Aplausos… La otra sorpresa de la noche sería “Estopa”, un exitoso dúo madrileño con el quienes interpretó 19 días y 500 noches. Nada, un saludo a la bandera.
Pasadas las tres horas, entonando el repertorio ranchero, sus tres conocidos éxitos en este estilo, se fue cerrando el telón haciendo el primer abandono definitivo de escena, que fue en realidad el primero de tres bis que debió hacer para evitar que el “Sant Jordi”  se cayera, literalmente, a pedazos con estruendoso (y zapateado) coro “¡¡¡oé, oé, oé, oé…Sabina, Sabina…!!!” En cada una de las salidas hizo tres o cuatro canciones más, hasta que al final se quedó en escena contemplando y agradeciendo al público mientras la última canción sonada de fondo, en  playback igual que como comenzó todo esta hermosa, sensible y evocativa noche, coronada por Princesa y Noches de boda, pasando por El Pirata Cojo y con un Sabina completamente reconciliado con el oficio de trovador, luego tantas infidelidades con las musas del amor y del verso, esas “que siempre están follando con Serrat”, como señaló. Lo claro es que “aún tenemos Sabina…” para rato, aunque anuncia con este trayecto el comienzo de su retirada.
 
Fco-Javier Alvear, investigador y especialista/analista en comunicación política y electoral, doctorando en Antropología en la URV de Tarragona. Catador de saberes, con formación en humanidades, estética y ciencias sociales. Es miembro del “Club Internacional de la Prensa” y de “Reporteros sin fronteras”, colaborador del diario “Clarín”, de la “Revista Mà” de Amic-UGT y ONGs. Además de cantor de tango y bolero es un chef aficionado.