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1.- El cuadro político post 13 de diciembre está signado por los siguientes elementos: Triunfo de la derecha en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, y marcadamente en los sectores populares (10 comunas más pobres del país). El 42,31 % de los votos en las diez ciudades con mayor desempleo del país y el 51,02 % en las diez comunas con mayor tasa de pobreza, entre ellas las comunas mapuche. (Estudio estadístico de El Mercurio, 15 de diciembre, citado en la. Editorial de Punto Final, Nº 701, 24 diciembre 2009 “Votar hasta que duela” ).
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2. El triunfo de la derecha se puede graficar tanto en el candidato del sector, Sebastián Piñera (44.05 %, frente a una Concertación que no alcanzó el 30 %), como en la estrategia de potenciar a una figura, bastante única, que en sí misma pareciera haber postulado “la disolución de los opuestos”, cual fue Marco Enríquez – Ominami.
3.
Para derrotar a la Concertación , y de paso invisibilizar a la izquierda, la derecha tuvo que hacer gala de un impresionante pragmatismo, aceptando en los hechos la postura progresista en lo valórico que representó ME-O. Ello, pese a las rencillas entre los dos conglomerados que representan la Coalición por el Cambio, expresadas en la última fase de la Campaña con la parcialidad del candidato Piñera hacia Chahuán frente a Lavín en la Quinta Costa , y en las batallas locales. Sin embargo, no cabe duda que el que la UDI haya aceptado temas, hasta entonces impensados – como la unión civil de personas del mismo sexo o apertura al debate al aborto terapéutico, aislando las posiciones más integristas como la José Antonio Kast, marcó una tónica fuerte de pragmatismo, que ha llevado incluso a algunos a hablar de la “renovación de la derecha”, la cual se profundizaría si ellos llegaran al gobierno. De ahí que se pueda afirmar que en la derecha chilena conviven al menos tres almas: la principal de ellas, la UDI , que a pesar de no haber impuesto al candidato presidencial, posee una inmensa cuota de poder, es el partido más grande de todo el espectro político nacional, con una nutrida representación parlamentaria (40 diputados, 9 senadores), y una no despreciable inserción en el mundo popular, factor que podría ser decisivo en el posible triunfo de Piñera. Esta ala de la derecha, es además el sector duro de ella, identificada ideológicamente con el conservadurismo valórico, y por su defensa hasta hace muy poco tiempo de la “obra” de la dictadura militar. La otra sensibilidad derechista, es aquella vinculada al mundo empresarial y al poder del dinero y las finanzas, con un sello cultural liberal y que tiene en RN y el candidato-empresario su principal representación. También dentro de ese sector existe un reciclado grupo que proviene del mundo del agro y del nacionalismo (“los momios”) que ha jugado un papel determinante en restañar las heridas que produjeron las fracturas y disputas entre RN y la UDI , cuando sus jefes Longueira y Piñera se batieron en una interminable disputa. También en esta coyuntura, se han allegado a la derecha – como producto de la crisis de la Concertación- algunos personajes liberales provenientes del PPD, como Flores y Schaulsohn, quienes, a través de un partido que aún no alcanza a constituirse como tal (ChilePrimero), han apoyado al candidato Sebastián Piñera. En ese acto, los dos ex -líderes han pretendido romper la lógica y las fronteras de la línea divisoria entre la derecha y la izquierda, entre progresistas y conservadores, como un “valor” que pretende borrar las diferencias ideológicas entre los distintos sectores de la política chilena. Las distintas corrientes, pese a los conflictos del pasado reciente, en esta coyuntura ha vivido una tregua, situación que podría cambiar de no obtener Piñera el triunfo esperado.
4. Por el lado de la Concertación , la bajísima adhesión obtenida el 13 de diciembre, señala a este conglomerado como los mayores responsables de haber dilapidado el capital político que tuvieron a comienzos de los 90, tras haber ejercido y practicado hasta el cansancio “la democracia de los acuerdos” o el “consociacionalismo” de Lijphart (o proceso de acomodación de las élites gobernantes en una sociedad). Y un excelente ejemplo de cómo no se deben hacer las cosas; la Concertación , en sus 17 años de gobierno demostró que las expectativas de “la alegría ya viene”, es decir, el acceso al poder para la satisfacción de las necesidades y expectativas de un sector de la sociedad civil, había fracasado, planteándose casi el tema de gobernar como una cuestión tautológica (“gobernar por gobernar”), sobre todo de un sector importante y hegemónico de la Concertación , subsumiendo la mayoría de las veces a ese otro que sí está por los cambios y que sí es progresista. Quizás el mayor error de la Concertación , bastante vapuleada en estos días, fue pensar que ese acuerdo interno de sus dos almas, lo que Lagos llamó tan certeramente “la economía social de mercado” (¿?) era una receta for ever. Y, mientras tanto, el descontento crecía, y la derecha, entre buena gestión local y corrupción, lo alentaba y lo alentaba. Ejemplos sobran, y ya se han dicho, pero quizás – lo que no se ha subrayado lo suficiente – es la incapacidad y falta de voluntad política para hacer cumplir el Instructivo del ex presidente Lagos, sobre participación ciudadana (2001); en ese documento, que teóricamente realzaba la importancia de la ciudadanía en la gestión moderna, alentaba a avanzar en el “Estado red” del que habla Manuel Castells, como la única forma de garantizar gobernabilidad, o dicho de otra forma, la única forma de garantizar bases sustentables, legitimidad y legitimación del ejercicio del poder. 5. Para ser justos con lo que representó la candidatura de ME-O, en primer lugar habría que repetir que ésta es la representación máxima de la crisis del conglomerado oficialista. La alta adhesión lograda (20.12%) es una expresión –latente en la sociedad chilena- del descontento hacia el funcionamiento de la política en general y la fatiga y descomposición de la Concertación en particular. El voto captado por ME-O, es lo que el sentido común ha denominado “voto de protesta o voto castigo” como característica principal, más allá de los esfuerzos del propio ME-O por dotarlo de sentidos progresistas, izquierdistas, liberales y/o transversales. Cabe señalar que esa denominación permitió a esta opción captar también el descontento de un sector liberal de la derecha, todo ello muy bien explotado por el duopolio de la prensa escrita que sirvió de caja de resonancia para la irrupción de esta candidatura con la exacerbación de los conflictos al interior de la Concertación y la invisibilización de la izquierda representada por Arrate, hasta el primer foro presidencial televisado. Sin duda que el resultado del 13 de diciembre puede ser interpretado perfectamente como lo que nunca se oficializó: las primarias de la Concertación. Después de su derrota (al no haber pasado a segunda vuelta ni haber obtenido un escaño parlamentario), ciertamente que su opción de dejar “en libertad de acción” a su electorado -aunque ello no sea novedad-, está abriendo un hoyo negro de incertidumbre en esta encrucijada. Así las cosas, ME-O se ha transformado en un personaje imperturbable, incapaz de leer –ni de proponer, por ende – los movimientos y gestos de cualquier otro que no sea su propia individualidad, y cual el guión de una de sus películas, está actuando exactamente como anunció que lo haría durante su campaña. Y, en el escenario actual, también el sector derechista que lo apoyó está haciendo lo esperado: es la cuenta de ahorro que Sebastian Piñera tenía para usarla ahora en la 2ª vuelta, que alcanza aproximadamente un tercio de sus adherentes, según la encuesta CEP de diciembre. El resto de su electorado se encuentra ahora frente a un dilema: la neutralidad de Marco ha convertido a sus electores en un campo de batalla entre los que levantan la opción de anular y los que quieren unirse a la cruzada contra la derecha. De ser así, esta situación también sería un potencial político-electoral que jugaría un factor decisivo en el triunfo o la derrota de Eduardo Frei el 17 de enero. Junto con ella, la de todas las fuerzas políticas y sociales a las que no les da lo mismo quien gobierne los destinos de Chile entre el 2010 y el 2014. Marco se encuentra en la disyuntiva de proyectar su liderazgo, siendo o no parte de la reyerta que se aproxima. Si no lo hace, como lo ha señalado acertadamente Pepe Auth, corre el riesgo de pasar a la historia como el factor necesario que facilitó la llegada de la derecha a La Moneda por la vía electoral, después de 50 años. Lo anterior, sumado al hecho que los votos nulos y blancos disminuirán decisivamente en 2ª vuelta, muestran que serán estos electores los que jugarán un papel determinante en las próximas elecciones. 6. Finalmente, la izquierda y la opción de Arrate obtuvo varias victorias el 13 de diciembre, tanto en el plano cuantitativo como cualitativo: con el 6,2 superó su votación histórica, lo que fue más significativo en lugares históricos de izquierda (PAC), o en los que se realizó trabajo territorial, a través de los Comandos Comunales (es el caso de Ñuñoa, con 11% y La Reina cerca del 10%). Pero también salió gananciosa en relación a los temas instalados: Asamblea Constituyente, renacionalización del cobre y las riquezas básicas, educación pública de calidad y democratización de los medios de comunicación, por señalar algunos. En tal sentido, el acuerdo democrático de los 12 puntos aceptados y difundidos por el Comando de Frei, dan cuenta de ello. Pero también ha ganado en madurez y credibilidad, lo que se expresó antes de la segunda vuelta, en la propuesta de compromiso de los tres candidatos de Arrate, frente a la inminente arremetida de Piñera. Lo anterior, unido al triunfo de Tellier, Carmona y Gutiérrez, posibilitó que desde el mismo día 13, en la sede del Comando de Arrate, se reiterara la disposición al diálogo para llegar a acuerdos y derrotar a la derecha. Y ello, a la misma hora en que, a pocas cuadras, Enríquez-Ominami daba libertad de acción a sus electores, señalando, desde su derrota pese a la alta votación obtenida (20%) que tanto Frei como Piñera representaban el pasado, y que lo único rescatable en el panorama era ese 20% de la población, lo que si uno analiza el tema con cierta calma, no deja de sonar como un análisis mezquino. Y finalmente, se ha ganado en liderazgo: si el 2005 desde el Juntos Podemos se mostró una falta de coordinación en el mensaje post primera vuelta, y recién la segunda semana de enero las fuerzas de la izquierda (PC-IC, Fuerza Social y Nueva Izquierda) llamaron a votar por Bachelet, esta vez, fue distinto. La significativa diferencia Frei-Piñera, unida a la instalación de la discusión sobre la segunda vuelta en el Comando de Arrate a comienzos de diciembre, junto a hechos simbólicos irrefutables como el rechazo a los presidentes de los partidos de la Concertación desde su sector en el Court Central del Estadio Nacional, y la presión de líderes de este sector como Pepe Auth y José Antonio Gómez, Juan Pablo Letelier, Germán Correa, entre otros, han permitido que no sólo se realice un llamamiento unitario (con excepciones poco significativas), sino que, en menos de una semana, se haya comenzado a trabajar para detener a la derecha. La izquierda que levantó la candidatura y el programa que Jorge Arrate representó, será reconocida en el futuro por haber roto el inmovilismo y salir de la queja como práctica política. El que plantee en esta coyuntura sea más que el mal menor, y que su participación en la segunda vuelta no sólo constituya una simple sumatoria al candidato concertacionista que enfrenta a la derecha en el balotaje, sino la ejerza desde un discurso y sentido progresista, le permite abocarse a la tarea de reconstruirse nacionalmente como una alternativa seria de poder. Hoy eso pasa por levantar y ser parte de un programa que represente a todas las fuerzas que sienten y quieren participar de la batalla política que representa la 2ª vuelta y que nos pone en la disyuntiva de ofrecerle al país la oportunidad de profundizar la democracia o de colaborar, por acción u omisión, con el triunfo de Piñera y el consiguiente retroceso a todo nivel de la sociedad y del sentido común, del espacio público y de la necesaria dignificación de la política que esta opción, sin duda, significaría.
COMITÉ DE INDEPENDIENTES DE IZQUIERDA, CINDA
3.
Para derrotar a la Concertación , y de paso invisibilizar a la izquierda, la derecha tuvo que hacer gala de un impresionante pragmatismo, aceptando en los hechos la postura progresista en lo valórico que representó ME-O. Ello, pese a las rencillas entre los dos conglomerados que representan la Coalición por el Cambio, expresadas en la última fase de la Campaña con la parcialidad del candidato Piñera hacia Chahuán frente a Lavín en la Quinta Costa , y en las batallas locales. Sin embargo, no cabe duda que el que la UDI haya aceptado temas, hasta entonces impensados – como la unión civil de personas del mismo sexo o apertura al debate al aborto terapéutico, aislando las posiciones más integristas como la José Antonio Kast, marcó una tónica fuerte de pragmatismo, que ha llevado incluso a algunos a hablar de la “renovación de la derecha”, la cual se profundizaría si ellos llegaran al gobierno. De ahí que se pueda afirmar que en la derecha chilena conviven al menos tres almas: la principal de ellas, la UDI , que a pesar de no haber impuesto al candidato presidencial, posee una inmensa cuota de poder, es el partido más grande de todo el espectro político nacional, con una nutrida representación parlamentaria (40 diputados, 9 senadores), y una no despreciable inserción en el mundo popular, factor que podría ser decisivo en el posible triunfo de Piñera. Esta ala de la derecha, es además el sector duro de ella, identificada ideológicamente con el conservadurismo valórico, y por su defensa hasta hace muy poco tiempo de la “obra” de la dictadura militar. La otra sensibilidad derechista, es aquella vinculada al mundo empresarial y al poder del dinero y las finanzas, con un sello cultural liberal y que tiene en RN y el candidato-empresario su principal representación. También dentro de ese sector existe un reciclado grupo que proviene del mundo del agro y del nacionalismo (“los momios”) que ha jugado un papel determinante en restañar las heridas que produjeron las fracturas y disputas entre RN y la UDI , cuando sus jefes Longueira y Piñera se batieron en una interminable disputa. También en esta coyuntura, se han allegado a la derecha – como producto de la crisis de la Concertación- algunos personajes liberales provenientes del PPD, como Flores y Schaulsohn, quienes, a través de un partido que aún no alcanza a constituirse como tal (ChilePrimero), han apoyado al candidato Sebastián Piñera. En ese acto, los dos ex -líderes han pretendido romper la lógica y las fronteras de la línea divisoria entre la derecha y la izquierda, entre progresistas y conservadores, como un “valor” que pretende borrar las diferencias ideológicas entre los distintos sectores de la política chilena. Las distintas corrientes, pese a los conflictos del pasado reciente, en esta coyuntura ha vivido una tregua, situación que podría cambiar de no obtener Piñera el triunfo esperado.
4. Por el lado de la Concertación , la bajísima adhesión obtenida el 13 de diciembre, señala a este conglomerado como los mayores responsables de haber dilapidado el capital político que tuvieron a comienzos de los 90, tras haber ejercido y practicado hasta el cansancio “la democracia de los acuerdos” o el “consociacionalismo” de Lijphart (o proceso de acomodación de las élites gobernantes en una sociedad). Y un excelente ejemplo de cómo no se deben hacer las cosas; la Concertación , en sus 17 años de gobierno demostró que las expectativas de “la alegría ya viene”, es decir, el acceso al poder para la satisfacción de las necesidades y expectativas de un sector de la sociedad civil, había fracasado, planteándose casi el tema de gobernar como una cuestión tautológica (“gobernar por gobernar”), sobre todo de un sector importante y hegemónico de la Concertación , subsumiendo la mayoría de las veces a ese otro que sí está por los cambios y que sí es progresista. Quizás el mayor error de la Concertación , bastante vapuleada en estos días, fue pensar que ese acuerdo interno de sus dos almas, lo que Lagos llamó tan certeramente “la economía social de mercado” (¿?) era una receta for ever. Y, mientras tanto, el descontento crecía, y la derecha, entre buena gestión local y corrupción, lo alentaba y lo alentaba. Ejemplos sobran, y ya se han dicho, pero quizás – lo que no se ha subrayado lo suficiente – es la incapacidad y falta de voluntad política para hacer cumplir el Instructivo del ex presidente Lagos, sobre participación ciudadana (2001); en ese documento, que teóricamente realzaba la importancia de la ciudadanía en la gestión moderna, alentaba a avanzar en el “Estado red” del que habla Manuel Castells, como la única forma de garantizar gobernabilidad, o dicho de otra forma, la única forma de garantizar bases sustentables, legitimidad y legitimación del ejercicio del poder. 5. Para ser justos con lo que representó la candidatura de ME-O, en primer lugar habría que repetir que ésta es la representación máxima de la crisis del conglomerado oficialista. La alta adhesión lograda (20.12%) es una expresión –latente en la sociedad chilena- del descontento hacia el funcionamiento de la política en general y la fatiga y descomposición de la Concertación en particular. El voto captado por ME-O, es lo que el sentido común ha denominado “voto de protesta o voto castigo” como característica principal, más allá de los esfuerzos del propio ME-O por dotarlo de sentidos progresistas, izquierdistas, liberales y/o transversales. Cabe señalar que esa denominación permitió a esta opción captar también el descontento de un sector liberal de la derecha, todo ello muy bien explotado por el duopolio de la prensa escrita que sirvió de caja de resonancia para la irrupción de esta candidatura con la exacerbación de los conflictos al interior de la Concertación y la invisibilización de la izquierda representada por Arrate, hasta el primer foro presidencial televisado. Sin duda que el resultado del 13 de diciembre puede ser interpretado perfectamente como lo que nunca se oficializó: las primarias de la Concertación. Después de su derrota (al no haber pasado a segunda vuelta ni haber obtenido un escaño parlamentario), ciertamente que su opción de dejar “en libertad de acción” a su electorado -aunque ello no sea novedad-, está abriendo un hoyo negro de incertidumbre en esta encrucijada. Así las cosas, ME-O se ha transformado en un personaje imperturbable, incapaz de leer –ni de proponer, por ende – los movimientos y gestos de cualquier otro que no sea su propia individualidad, y cual el guión de una de sus películas, está actuando exactamente como anunció que lo haría durante su campaña. Y, en el escenario actual, también el sector derechista que lo apoyó está haciendo lo esperado: es la cuenta de ahorro que Sebastian Piñera tenía para usarla ahora en la 2ª vuelta, que alcanza aproximadamente un tercio de sus adherentes, según la encuesta CEP de diciembre. El resto de su electorado se encuentra ahora frente a un dilema: la neutralidad de Marco ha convertido a sus electores en un campo de batalla entre los que levantan la opción de anular y los que quieren unirse a la cruzada contra la derecha. De ser así, esta situación también sería un potencial político-electoral que jugaría un factor decisivo en el triunfo o la derrota de Eduardo Frei el 17 de enero. Junto con ella, la de todas las fuerzas políticas y sociales a las que no les da lo mismo quien gobierne los destinos de Chile entre el 2010 y el 2014. Marco se encuentra en la disyuntiva de proyectar su liderazgo, siendo o no parte de la reyerta que se aproxima. Si no lo hace, como lo ha señalado acertadamente Pepe Auth, corre el riesgo de pasar a la historia como el factor necesario que facilitó la llegada de la derecha a La Moneda por la vía electoral, después de 50 años. Lo anterior, sumado al hecho que los votos nulos y blancos disminuirán decisivamente en 2ª vuelta, muestran que serán estos electores los que jugarán un papel determinante en las próximas elecciones. 6. Finalmente, la izquierda y la opción de Arrate obtuvo varias victorias el 13 de diciembre, tanto en el plano cuantitativo como cualitativo: con el 6,2 superó su votación histórica, lo que fue más significativo en lugares históricos de izquierda (PAC), o en los que se realizó trabajo territorial, a través de los Comandos Comunales (es el caso de Ñuñoa, con 11% y La Reina cerca del 10%). Pero también salió gananciosa en relación a los temas instalados: Asamblea Constituyente, renacionalización del cobre y las riquezas básicas, educación pública de calidad y democratización de los medios de comunicación, por señalar algunos. En tal sentido, el acuerdo democrático de los 12 puntos aceptados y difundidos por el Comando de Frei, dan cuenta de ello. Pero también ha ganado en madurez y credibilidad, lo que se expresó antes de la segunda vuelta, en la propuesta de compromiso de los tres candidatos de Arrate, frente a la inminente arremetida de Piñera. Lo anterior, unido al triunfo de Tellier, Carmona y Gutiérrez, posibilitó que desde el mismo día 13, en la sede del Comando de Arrate, se reiterara la disposición al diálogo para llegar a acuerdos y derrotar a la derecha. Y ello, a la misma hora en que, a pocas cuadras, Enríquez-Ominami daba libertad de acción a sus electores, señalando, desde su derrota pese a la alta votación obtenida (20%) que tanto Frei como Piñera representaban el pasado, y que lo único rescatable en el panorama era ese 20% de la población, lo que si uno analiza el tema con cierta calma, no deja de sonar como un análisis mezquino. Y finalmente, se ha ganado en liderazgo: si el 2005 desde el Juntos Podemos se mostró una falta de coordinación en el mensaje post primera vuelta, y recién la segunda semana de enero las fuerzas de la izquierda (PC-IC, Fuerza Social y Nueva Izquierda) llamaron a votar por Bachelet, esta vez, fue distinto. La significativa diferencia Frei-Piñera, unida a la instalación de la discusión sobre la segunda vuelta en el Comando de Arrate a comienzos de diciembre, junto a hechos simbólicos irrefutables como el rechazo a los presidentes de los partidos de la Concertación desde su sector en el Court Central del Estadio Nacional, y la presión de líderes de este sector como Pepe Auth y José Antonio Gómez, Juan Pablo Letelier, Germán Correa, entre otros, han permitido que no sólo se realice un llamamiento unitario (con excepciones poco significativas), sino que, en menos de una semana, se haya comenzado a trabajar para detener a la derecha. La izquierda que levantó la candidatura y el programa que Jorge Arrate representó, será reconocida en el futuro por haber roto el inmovilismo y salir de la queja como práctica política. El que plantee en esta coyuntura sea más que el mal menor, y que su participación en la segunda vuelta no sólo constituya una simple sumatoria al candidato concertacionista que enfrenta a la derecha en el balotaje, sino la ejerza desde un discurso y sentido progresista, le permite abocarse a la tarea de reconstruirse nacionalmente como una alternativa seria de poder. Hoy eso pasa por levantar y ser parte de un programa que represente a todas las fuerzas que sienten y quieren participar de la batalla política que representa la 2ª vuelta y que nos pone en la disyuntiva de ofrecerle al país la oportunidad de profundizar la democracia o de colaborar, por acción u omisión, con el triunfo de Piñera y el consiguiente retroceso a todo nivel de la sociedad y del sentido común, del espacio público y de la necesaria dignificación de la política que esta opción, sin duda, significaría.
COMITÉ DE INDEPENDIENTES DE IZQUIERDA, CINDA
