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Al parecer, la pobreza entendida como austeridad, no ; entendida como acceso digno e igualitario a los bienes sociales fundamentales, los cuales enaltecen y promueven la humanidad de lo humano y de cada ser humano.
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Porque por ahí va la oferta que ha tenido la derecha : como norte existencial, el enriquecimiento; la búsqueda constante para maximizar ( posesiones o imagen); privatizar la vida social, los bienes comunes. Más allá, en su trasfondo, la oferta antropo-valórica – el modelo valórico- del capitalismo mercantil que nos rige es uno que termina naturalizando la persecución unilateral del propio interés y la maximización de la ganancia como leitmotiv del existir personal: pero no todos somos iguales en relación a ganancias o frente a la competencia. Hay entonces asimetrías e injusticias. Todavía hay más de 30 mil niños que nacen en nuestra América y viven en contextos tales que no tendrán posibilidades de un buen desarrollo personal por ejemplo. Por supuesto, también ofrece ocuparse de los pobres. Para que pasen a otra categoría. Se ve difícil cómo el promedio de 250 mil pesos que gana la mayoría de los chilenos pueda pasar, en cuatro u ocho años, a algo así como USS 1000 millones de dólares en la cuenta personal de cada uno de nosotros. Cuántos chilenos han accedido a la fortuna que tiene el candidato de la derecha? . Dos, tres, cuatro ?. Es hermosa la libertad que nos ofrece la propiedad y el mercado desregulado: con astucia y empeños varios, un puñado podrá ser inmensamente rico.
Los demás? Vivir endeudados de todo, en salud, educación, vivienda; con prenda en bancos, aseguradoras, retails varios. Por tanto, no siendo dueños de sí mismos; no pudiendo ser libres, viviendo de prestado, de la caridad o la dádiva de los más poderosos. Y todo ello para inmolarnos en la oferta repetida de que el crecimiento económico como panacea mágica nos sacará del pantano, nos hará a todos ricos, e incluso repartirá muy bien los bienes fundamentales (el agua entre otros) . Que ceguera estimado lector¡ La búsqueda de la opulencia y el privatismo no ha resuelto ni de lejos el problema de las desigualdades y la miseria, ni aquí, ni a nivel mundial. Usted lo sabe, tampoco resuelve los desequilibrios que genera el modelo de crecimiento infinito en la naturaleza. Por ello M.Walzer, filósofo americano, comentaba a propósito de la actual crisis en los USA, que la “arrogancia de la elite económica, que tiene la convicción de ser libre de hacer todo lo que le venga en gana, es sideral”. Aquella de los de acá, no debe andar tan lejos. Imagíneselos además en la presidencia. Lo complicado es lo corruptor de este poder. Según Walzer, porque “gana progresivamente la esfera pùblica, donde la influencia del dinero ganado sin restricciones en un mercado no regulado, amenaza la moral política misma”. Por eso quizá de lo que se trata no es tanto de luchar contra la pobreza, cuanto de redistribuir la riqueza generada de acuerdo a criterios de justicia social, de solidaridad, de una vida decente para todos. Pero esto parece demasiado para la media actual de la cultura política nacional. Mas bien lo que parece reclamarse –como ya alguien lo vio bien-, es que al menos si los pobres y endeudados no pueden consumir riquezas, bueno, puedan al menos consumir la vida de los ricos y los riesgos que toman, por ejemplo, intentando alcanzar una primera magistratura. La desigualdad -se preguntaba Santiago Alba-, acaso no es un derecho de los pobres?. No deberíamos, acaso, defender con armas en mano, nuestro derecho a que otros sean ricos? No deberíamos agradecer sus desmesuras o despilfarros? . No debemos al menos votar por ellos? . Sin embargo, no podemos soslayar lo que ya advirtiera M.Bunge: las desigualdades provocan enfermedades: envidia, rabia, impotencia. Aumenta el stress, disminuyen las defensas, nos hace menos inmunes. En una palabra, resentimiento. Con todo, siempre estamos a tiempo..
PSAlvatb
Profesor Departamento Ciencia Política y RRII, Universidad Alberto Hurtado
Dic09
