Siempre me han sorprendido los evangelios apócrifos. El de María Magdalena, porque nos muestra más que a una ramera al discípulo más inteligente y cercano a Jesús. También disfruto aquel otro en el que el pequeño Emmanuel, después hacer una paloma de barro con las manos, le confiere vida y la lanza a volar.
Philip K. Dick es uno de los escritores que más me han asombrado por su imaginación desbordada, por su lógica implacable, por su escritura cargada de emoción, por sus mundos plagados de máquinas y preguntas filosóficas. Si nuestros clásicos abrevaron en lo humano, Dick ha desmontado, como pocos, esos valores. Sus androides, sus robots parecen, por momentos, más humanos que los seres de carne y hueso que aparecen en sus páginas.
Su novela dio lugar a una de las películas más alucinantes de ciencia ficción: y , a otra del mismo nombre que dirigió Steven Spielberg.
Su novela dio lugar a una de las películas más alucinantes de ciencia ficción: y , a otra del mismo nombre que dirigió Steven Spielberg.
Su novela dio lugar a una de las películas más alucinantes de ciencia ficción: y , a otra del mismo nombre que dirigió Steven Spielberg.
