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Agosto 18, 2026

(Crónica optimista) Discursos suicidas y los ojos de la Pepa

La verdad  es que a estos no se les ocurrió.
Estos ganaron cuando a los otros ya se les había ocurrido.
Fueron esos otros los que creyeron  -hace más de veinte años, unos treinta- que había que lograr la unidad en la diversidad para ser mayoría nacional democrática que “resistiera” al fascismo y luego que lo venciera.  

 

Y de allí las alianzas amplias. Fue a Gazmuri y Correa y Carlos Montes, a Valdés, Figueroa y Arriagada, a Lagos y Schnake y Arrate, a Silva Cimma y hasta a Tomás Hirch. También a Pepe Auth, que estuvo en los orígenes del PPD. Desde el lado de los comunistas a Orlando Millas, a Guastavino, a Leal, a Fanny Pollarolo, a Jorge Insunza hijo.

Para el Plebiscito Camilo venía saliendo, con barba, desde la clandestinidad. Insulza no estaba en Chile. Frei Ruiz Tagle era un aparecido de buen apellido, que podía aparecer en alguna concentración y leer un discurso. Latorre no importaba mucho como dirigente, si es que estaba. Bowen –que debía haber renunciado el 14 de diciembre para mostrar algo de “renovación”- era un niño si es que era. Halpern se encontró consigo mismo unos cinco años después. Marco tenía unos quince años, no es culpa de él. Lo mismo Escobar.

No originaron la experiencia en crear mayorías pero pueden practicarla.

¿Habrán aprendido? Quedan muy pocos días. Tres o cuatro y hay que cambiar el switch.

¿Lo cambiarán? No hay ni siquiera tiempo para que un ámbito crítico los haga cambiar, si es que hay ese ámbito crítico. Ahora, y no en marzo o abril, como piensa Ricardo Núñez. Ahora es cuándo.

Los discursos son preocupantes. Son discursos suicidas. Torpes. Un tanto esquizofrénicos. Recuerdan a Nerón tocando la lira mientras Roma ardía por todos los costados.

Primero se negaron a la propuesta unitaria de Arrate hecha antes de la primera vuelta.

No la escucharon o simplemente la encontraron “poco seria”, muy aliancista.

Ahora dicen “No se preocupen, lean mejor los resultados, no hemos perdido, ganamos, sacamos unos 38 ó 40 por ciento en diputados, sacamos un 10 por ciento como partido mientras la UDI sacó el 23, y no se fueron muchos militantes, dos ex militantes del partido sacaron sólo más de un millón y medio de votos, nada más”.

“Daremos participación a los más jóvenes, a las minorías, a otras voces”, dicen otros. ¿Pero por qué van a dar participación? ¿Es que ellos tienen el poder per se y para siempre? ¿Se trata de aristócratas de la política en un sistema censitario, de pontífices en un sistema teocrático? Con un 30 por ciento nacional no se da participación. Tampoco con un 40. Con un 40 o un 30 se entrega el poder presidencial obligatoriamente. Tendrían que pedir participación.

Y finalmente reaccionan señalando “¿Y quién es éste que nos pone esas condiciones, de dónde salió…si sólo sacó…a ver… el 20 por ciento de los votos?” O “¿Acaso yo me meto en sus problemas?” ¿Le doy consejos yo a él acerca de qué hacer con sus votos?”

Pobres dirigentes los dirigentes que no entienden que deben abrirse con aquellos que sencillamente, con sus diferencias, los pueden salvar, a ellos como dirigentes y al país como país. Califican la cuerda que les lanzan para salir del pantano. ¿De qué color es? ¿De qué grosor? ¿De qué largo? ¿Me meto yo en sus asuntos?

Pobre Chile con estos dirigentes.

La Pepa fue candidata a diputada por el distrito 15 de San Antonio, Casablanca y la costa central. Contó para ello con el apoyo de la UDI, la pasividad y modorra de la centro izquierda, circos, pancartas, mucho dinero y el aliento permanente de Lavín, en una campaña hueca. ¡Puro futuro! ofrecían y, por cierto, un millón de empleos y “el fin de la puerta giratoria”. Entregaron regalos para la Pascua, con globos, fotos de la Pepa y de Lavín a todo color y con sonrisas bobaliconas, en un circo que armaron en El Quisco. La Pepa, además de repetir lo del millón de empleos y “el fin de la puerta giratoria”, insistía en todos lados, mirando con ojos soñadores a Lavín, su guía y gurú, que ella no era más que “los ojos de Lavín”, una pobre discípula de ese gran maestro, una simple seguidora de ese iluminado. Finalmente se perdió Lavín y ganó la Pepa. La puerta giratoria de los escrutinios le pegó un portazo al ex panegirista de Pinochet. Nadie sabe para quién trabaja.