La Habana.- La velada anticipaba evocaciones muy enraizadas en caminos de excelencia del jazz universal. Era más que el adelanto de un nuevo disco de Chucho Valdés, aún por ser difundido, con el sugestivo nombre de Chucho´ Steps.
Además, el día de diciembre escogido para su presentación en el relevante Teatro Amadeo Roldán de la capital cubana no parecía casual, porque el 17 de diciembre se honra -junto al santo católico San Lázaro- a la importante deidad africana Babalú Ayé.
En el nombre del álbum que encarna la nueva línea musical de Chucho se recuerda la grandeza de un tema que inmortalizó John Coltrane: Giant Steps
Los pasos de gigante del saxofonista afronorteamericano marcaron una etapa del jazz como los del pianista cubano lo han estado haciendo desde que comenzó a caminar por escenarios y estudios desde su adolescencia.
Y con el paso del tiempo cada nueva fase del músico afrocubano ha significado un crecimiento, no sólo sonoro. Una profunda concepción de la creatividad vinculada con las raíces, de lo contemporáneo con el rescate permanente de lo histórico, de lo propio y lo universal como aguas de un mismo río, siempre en movimiento, se encuentra en la base de lo hechoâ�� y lo por hacer.
Aunque Irakere fue su fruto más perdurable y emblemático, ya se le veía pujante desde el Teatro Musical de La Habana y sus escapadas jazzísticas por Europa.
En ese crecimiento continuo también se deben interpretar sus desdoblamientos mas recientes en cuartetos, piano solo, acompañamientos memorables -muy recomendable su reciente grabación con la española Concha Buika-, una ampliación del pequeño formato que le acompañaba habitualmente, hasta llegar al septeto de esta noche fundacional.
Y en este instante viene a la mente el batería Art Blakey, quien asumió por décadas la conducción y formación de los Jazz Messengers, primero junto al pianista Horace Silver y después -con visión de futuro- sumando a sus-casualmente- septetos una pléyade de astros en formación.
Es largo el listado de quienes pasaron por las filas de aquellos mensajeros y luego fueron primerísimas figuras del mundo del jazz. Pero también lo sería la que contenga la estela luminosa que ha dejado Chucho como formador e impulsor de talentos. Mencionar algunos indiscutidos no haría total justicia a su papel en esa vital faceta de creador.
Los nuevos Pasos de Chucho al frente de músicos notables -incluso resaltando virtudes de instrumentistas con cierta veteranía- abren caminos poco explorados en el jazz cubano. Una música a la que no le hace falta más apellidos.
La música cubana y el jazz, como parte de ella, seguro que dará la bienvenida al camino por el que transitarán Jesús “Chucho” Valdés y sus Mensajeros Afrocubanos.
