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Agosto 18, 2026

Catapilco multiplicado por cuatro

La Concertación ha sido repudiada por la mayoría de los electores no porque los Seremis y otros funcionarios secundarios se hayan llevado la “caja chica” para su casa, tampoco porque los partidos de este conglomerado hayan parcelado el Estado, como si fuera su fundo personal, menos por el “pituto o muerte”.

El drama es mucho más complejo; si hubiera que usar una palabra para caracterizarlo, sería la indecencia referida a una carencia completa de responsabilidad política y una incapacidad, a grado heroico para reconocer las causas de una derrota tan catastrófico, como la del domingo pasado. Nuestra Presidenta podría decir, el 17 de enero próximo, al igual que el egoísta rey Luís XIV, “después de mí, el diluvio”.
 
No todos los jefes de partido de la Concertación son iguales: hay distintas graduaciones respecto a la indecencia, tontera y ceguera, por ejemplo, Pepe Auth ha demostrado ser una persona decente y bastante más preclaro que sus torpes compañeros jefes de partido. El pueblo concertacionista, que capta perfectamente la situación pifió, con razón, cuando Eduardo Frei, con una torpeza inaudita, mencionó a los cuatro jefes de partido en su reciente  proclamación, en el Estadio Nacional, (“los dioses ciegan a quienes quieran perder”). Cómo no pueden entender los dirigentes de la Concertación que lo único que piden sus electores es que, al menos, vean la realidad tal cual es.
 
La soberbia es el peor defecto que pueden tener los miembros de una combinación política. Seamos claros: Camilo Escalona condujo al Partido Socialista a una de las peores derrotas de su historia, perdió dos senadores emblemáticos y la bancada bajó de ocho a cinco padres conscriptos, y de quince a once diputados. Es cierto que –y sería bueno reconocerlo- que, desde el punto de vista parlamentario, el PS ha fluctuado entre once punto noventa y tres y diez por ciento, lo que hace pensar, muy críticamente, sobre su factibilidad histórica dentro del panorama político actual.
 
Como Escalona está cerrado a comprender la realidad busca explicaciones tan tontas como cuando sostiene que si bien el PS perdió a Gazmuri y Naranjo, ganó a Isabel Allende y a Rossi. Nunca he visto sostener una payasada igual, además, muy orondo, sostiene haber triunfado. Hay que reconocer sí que Escalona ha hecho todo lo posible para hundir a su partido: lo llevó a la división con la renuncia de los socialistas-allendistas y los seguidores de Carlos Ominami y M E-O; movido, tal vez por la envidia, realizó todo tipo de maniobras espurias para hacer la candidatura de Ricardo Lagos, por último, víctima de un loco amor otoñal por Eduardo Frei, cedió toda la franja al candidato presidencial.
 
No sé si los socialistas sean los mismos de antaño, aquellos de quienes el periodista Lira Massi describía como “tipos que estaban todo el tiempo enojados, como si anduvieran con zapatos pequeños, que les hiciera doler los callos”. Los socialistas eran jacobinos, una especie de furiosos montañeses; hoy son una broma y al sólo mirarlos con su puño en alto dan ganas de sonreír; es que bajo la dictadura de escalona el Partido Socialista se ha convertido en un “gatito” de la Democracia Cristiana.
 
El día jueves último, la directiva se reunió, dicen que para hacer una autocrítica, pero todo terminó dándole oxígeno al Atila del socialismo chileno que, de todas maneras, caerá inexorablemente después del 17 de enero, y será recordado como el más servil –otros lo llaman leal- de los válidos, una especie de Manuel Godoy del decadente Carlos IV, que no me parece muy diferente a Eduardo Frei. Por desgracia, tanto Catapilco nos va a llevar entregar a este sufrido país al depredador, Sebastián Piñera.
 
No me referiré particularmente a Juan Antonio Gómez, un personaje que nos hizo creer que tenía muchos valores al enfrentar los insultos de Camilo Escalona, luego de la faramalla ridícula de las primarias; al fin terminó siendo un mozo de Frei después de unas pataletas para lograr, con menos del cinco por ciento de los votos, los tres cupos de la elección de 2005; la verdad es que tan viveza fue inútil, pues quedó con un solo diputado y perdió con todos sus candidatos al senado.
 
Para colmo de males, el presidente del partido democratacristiano se vanagloria por haber aumentado de cinco, a nueve senadores y perdido solamente dos diputados (de 21 a 19), y el porcentaje de trece noventa y seis, a catorce treinta (aumento de un cero treinta y cuatro por ciento), un verdazo triunfo a lo Pirro, si consideramos que la Democracia Cristiana ha tenido su más baja votación parlamentaria prácticamente desde su fundación.
 
Los verdaderos Catapilcos, jefes de partido, han decidido apernarse en sus puestos, y Eduardo Frei sigue demostrando su incapacidad de liderazgo: nada hará para defenestrarlos y así está cavando su tumba.
 
Rafael Luís Gumucio Rivas
18-12-09