google-site-verification: google096975d001c6a771.html
Agosto 18, 2026

Desmitificando la invencibilidad de Piñera

La segunda vuelta presidencial se inició con un gran mito, la invencibilidad de Piñera. Su votación sería espectacular y su distancia sobre Frei inalcanzable. Sin embargo, las dos premisas de que se deduce el mito son más bien fruto de una publicidad ensordecedora que de la realidad y el análisis.

La larga y cara campaña del candidato supuestamente invencible no ha dado los rendimientos esperables. Logró menos votos que Pinochet en el plebiscito de hace más de 21 años, que Lavín, hace diez años, en la elección de Lagos, y que el mismo, hace cuatro, en la elección de Bachelet.  

Además, si bien superó en sufragios a su lista de diputados, en 215.000, esta última logró la mayor votación en números totales, aunque algo menos en porcentaje que la de 2001, en ese tipo de elecciones desde el plebiscito. Una señal de que la votación de Piñera podría haber llegado al tope. Por lo demás, los rendimientos son decrecientes cuando se está cerca del máximo histórico, como es el caso de la derecha en esta oportunidad.

El más beneficiado con ese derrame fue el segmento más conservador de la coalición de derechas, la UDI, y no su partido, Renovación Nacional, a pesar de que Piñera se presenta como liberal y centrista (en la elección anterior fue humanista cristiano). Ironías de la vida. 

Ahora bien, ¿es remontable la diferencia de 14,45 puntos porcentuales (un millón de votos) de Piñera por sobre Frei?

Primero y antes que nada, hay que descontar de esa diferencia los votos de Arrate, 431 mil (6,21 puntos porcentuales). La hasta ahora llamada izquierda extraparlamentaria siempre ha recurrido en auxilio de la Concertación en la segunda vuelta presidencial, y ahora con mayor razón, como consecuencia de que fueron ambas fuerzas en una misma lista parlamentaria, que quebró la exclusión al elegir a tres diputados comunistas.

En seguida, hay que tener presente que la lista a diputados de la Concertación y Juntos Podemos sacó más votos que la suma de los sufragios de los candidatos presidenciales de ambas coaliciones,  Frei y Arrate, cuando siempre es al revés. Esa lista obtuvo 2.901.000 votos, mientras que ambos candidatos presidenciales solamente lograron 2.494.000, es decir, 407.000 sufragios menos. Y ello a pesar de que, como es habitual, en esta oportunidad también hubo más votos válidos en la presidencial que en la de diputados, 398.000.

Para conquistar esos votos hay que movilizar, no a las estrellas santiaguinas, sino a los candidatos a diputados y senadores que obtuvieron esos votos, apoyados por alcaldes y concejales. Las diferencias de votación son de fácil conocimiento, incluso a nivel de mesas.

La gran pregunta es de quiénes se trata. En ello concuerdo con Carlos Hunneus, aunque en mi caso es una especulación fundada en evidencia anecdótica, que lo más posible es que sean votantes  PS/PPD que sufragaron por candidatos de sus partidos para el Congreso y por Enríquez-Ominami para presidente. Y de ser así, algunos personajes de esos partidos que han sido particularmente agresivos con la candidatura de Marco, deberían pasar a un discreto segundo plano.

El segundo grupo de electores más accesibles son los 353 mil que votaron por la lista D, Chile Limpio Vote Feliz, que formaron el PRI y el MAS. Siempre lo sostuvo así el senador Navarro, líder de esta última organización. Y muchos candidatos pristas, no solamente los tres electos, son más cercanos históricamente a la DC que a la derecha. Aquí hay que mandar embajadores, más que dirigentes santiaguinos, locales. Y Frei llamarlos personalmente cuando lo crea conveniente. 

Los dos últimos grupos que quedan para conquistar votos son los más difíciles. El electorado duro de Marco, los 298 mil ciudadanos que también votaron por la lista al Congreso Nueva Mayoría para Chile (según mi evidencia anacdótica, muchos no son tan duros) y los 144 mil que votaron por independientes fuera de pacto, que son muy heterogéneos.

Además de movilizar a los mandos medios, que son los que mejor los conocen a los electores conquistables, y de que algunos dirigentes muy agresivos pasen a segunda línea, no basta con insistir en más de lo mismo, como las inyecciones de bacheletismo o la contradicción entre la política y los negocios que hasta ahora han dado magros resultados.

Hay que incorporar al proyecto algún concepto atractivo, p.ej., una reforma educacional financiada por una reforma tributaria (Marco tiene algunas buenas ideas al respecto). Y los presidentes de los partidos concertacionistas deberían escuchar la pifiada de sus militantes más fieles que asistieron al relanzamiento de la candidatura de Frei.

En otras palabras, con algo de imaginación, desprendimiento de los dirigentes y mucho trabajo territorial, la victoria estaría más cerca de lo que muchos piensan.