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Agosto 18, 2026

Reconocimiento público. ¡Gracias Jorge!

Por ser el candidato más capaz, más culto, más claro, más propositivo, en síntesis más cuerdo.

Por educar.  La izquierda puede educar. Los otros, no. Los otros, y algunas veces nosotros, publicitan, verborrean, aplastan, abruman y muchas veces vencen.

Por hacer triunfar la memoria.

Por proclamarte permanente partidario del socialismo libertario.

Por configurar una alianza de socialistas con comunistas y cristianos de izquierda
que debe ser, de nuevo, la base de una nueva izquierda.

Por definir la política de izquierda como aquélla que amplía en la cabeza ciudadana los márgenes de lo posible.

Por usar los medios de comunicación sin venderte a ellos.

Por enfrentar la campaña presidencial más desigual en recursos de los últimos cincuenta años.

Por seguir adelante cuando tus apóstoles parecían flaquear.

Por señalar que la política, en democracia, debe ser siempre un ejercicio en búsqueda de mayorías, porque la política está hecha no sólo para contestar o para protestar sino para transformar la vida social.

Por parecerte a Allende.

Por haberte planteado en torno a todos los grandes temas, no como otros que no dicen nada, que dicen cosas que no se entienden o que se visten con discurso ajeno.

Por haber planteado la renacionalización del cobre, abierto a estudiar asociaciones necesarias con extranjeros en esta materia. Y haberla dejado allí, imborrable.

Por haber planteado una reforma tributaria seria, la única medida pública permanente para disminuir la pobreza y, sobre todo, combatir la inequidad.

Por haber calificado de demagogia el invento de “la puerta giratoria” y el inmediato término de la delincuencia. (¡).

Por haber señalado tus diferencias con Cuba sin caer en la chupilca ignorante y oportunista tipo Roberto Ampuero.

Por haber señalado que no hay solución definitiva con Bolivia sin estudiar con ellos una salida al mar.
Por haber criticado a fondo la postura actual con Chile del señor Alan García.

Por no haber dicho de nuevo que en tal fecha terminaremos con la pobreza, que es relativa, o con el subdesarrollo, que también lo es.

Por haber negado la institución de la Primera Dama, que supone que siempre los Presidentes de Chile serán hombres y ningunea con ello a las mujeres.

Por haber demostrado que lo mejor es tener principios, cultura y experiencia.

Por dar clases magistrales, día a día, sobre la altura de miras.

Por diseñar un camino abierto de reformas indispensables y posibles.

Por exigir sensatez, con prudencia pero con firmeza, a todos los que se dicen demócratas, y, al país, distinguir entre los males el peor.

Por habernos mostrado a todos que es posible actuar cincuenta años en política sin enriquecerse y sin cometer ilícitos.

Por habernos aclarado que estábamos equivocados los que creíamos que no había nada que hacer.