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Agosto 18, 2026

Ni a extranjero dominio sometida

El lector reconocerá en los versos de “La Araucana” de Alonso de Ercilla, la referencia a los mapuches en Chile: “La gente que produce es tan granada/ tan soberbia, gallarda y belicosa/ que no ha sido por rey jamás regida/ ni a extranjero dominio sometida”. Al glorificar el poeta al pueblo nativo en cuanto a su belicosidad, aumentó el prestigio del soldado español que vino a conquistar.

El dicho, buenos enemigos hacen buenos contrincantes, puede aplicarse en este caso. Retrocedamos en la Historia, Cristóbal Colón para manifestar la presencia de las Indias en España, llevó a siete nativos a la corte española. Hernán Cortés trasladó malabaristas y jugadores de pelota con los cuales incluso viajó a Roma para que el Papa disfrutase del espectáculo. Los puritanos en Norte América no le fueron a la zaga, pues llevaron sus indios a la corte de Enrique VII en 1502. No dejemos de lado el caso de Squanto, glorificado por Hollywood y el de Michel de Montaigne, el creador del ensayo, cuando entrevistó a tres nativos de Brasil en Rouen. En 1755 Jean- Jacques Rosseau idealizó al indio con el término de ‘bon savage’. El araucano sirvió de modelo en los comienzos de la república. El 20 de agosto de 1820 con la presencia del Director Supremo Bernardo O’Higgins, se representó la obra de Joseph Addison Catón de Utica que glorificó los sentimientos liberales. El espectáculo  comenzó con una loa, en que no por casualidad intervienen personajes mapuches. La naciente república reconocía inconscientemente sus orígenes y a la vez enlazaba la gesta araucana con la nacional. Camilo Henríquez fundó “La Aurora de Chile” (1812) que luego llamó “El Monitor Araucano” (1813). Andrés Bello publicó la gaceta “El Araucano” (1830-1877). La Armada de Chile en su historia, ha contado con cuatro buques  “Araucano”, y suma y sigue. Como se observa, la referencia a la raza indígena es útil en el imaginario político y social del país.   

Leí una crónica en “El Mercurio” (8/11/09) acerca de un proyecto de ley para que las señales camineras aparezcan conjuntamente con el nombre y su traducción. Por ejemplo: ‘Bienvenidos a Iquique: Lugar apto para dormir’. Según el profesor de lingüística de la U. de Chile, Gilberto Sánchez, “Los topónimos aportan conocimientos acerca de nuestra geografía, flora y fauna, como también acerca de las culturas y ‘visión de mundo’ de los pueblos originarios. El profesor Gilberto Sánchez facilitó como muestra un estudio  que tituló “De Arica a Coyhaique: las traducciones de lugares emblemáticos” y empieza por nuestro Norte: Arica, podría provenir del quechua “Ariyaka” nombre de un cacique o del aimara “Ariqa” (la) piedra aguda. Iquique: probablemente del aimara “ikiñiqui”, lugar apto para dormir o quizá de “ikinki” jornada de camino. Illapel: probablemente del mapuche colonial, “illav” llano, plano y “pele” barro. Rancagua: del mapuche “ranca”, una planta y “wa”. Curicó: del mapuche “kurü”, negro y “ko”, agua. Maule: del mapuche “mawle (n)”, estar lloviendo. Temuco: del mapuche “temu”, un árbol y “ko”, agua= agua de temu. Coyhaique: del tehuelche “koi”, laguna y “haike”, campamento. Es decir, paradero de la laguna o campamento. La toponimia quechua y aimara cubre desde la I a la IV región. Obviamente el mapuche se manifiesta desde la Región Metropolitana al sur.

Todo esto y mucho más de la topografía chilena se lo debemos  a sus habitantes originales. Tiempo de reconocer una deuda y admirar y respetar sus derechos ciudadanos. Caso contrario, pareciera que la Guerra de Arauco aún sigue vigente y  “El Cautiverio Feliz” de Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán (1673, publicada en 1863) tendría que ser lectura obligada para los estudiantes de primaria y secundaria. Tal vez así entenderían al soldado español cautivo por seis meses por los araucanos y quien en su narración demostró tolerancia hacia sus captores, al entender la cultura del “Otro”.

Pedro Bravo-Elizondo
Wichita State University