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Compañeras y compañeros: participar de un acto fundador no es cosa banal. Se trata de un acontecimiento tanto más importante cuanto que se trata de crear una organización política, hecho que ocurre muy de tarde en tarde en la vida de un país, principalmente cuando las estructuras existentes dejan de tener arraigo en la sociedad real y abandonan la defensa de los grupos sociales que dicen representar para transformarse en activos agentes de la conservación de lo que hay y en enemigos jurados del cambio.
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Ese es el fenómeno que vivimos hoy, allí están la razones esenciales que llevan a la fundación de nuestro partido. Hoy no existe ninguna organización política con representación parlamentaria que pretenda seriamente recuperar para Chile su calidad de República democrática. No existe ningún partido aceptado por la institucionalidad ilegítima de la dictadura que se proponga devolverle al pueblo de Chile los derechos ciudadanos secuestrados por la Constitución de 1980. No existe ninguna estructura política que se proponga como objetivo el fin de la militarización de la Araucanía y el reconocimiento de los pueblos originarios, ni la renacionalización del cobre y de las riquezas básicas, ni la protección del medio ambiente, ni la recuperación de las misiones fundamentales del Estado y del sector público entregadas a la voracidad del mercado: salud, educación, previsión, servicios básicos como el agua y la energía. No existe ningún partido político tolerado por esta “democracia protegida” que ose proponer el desarrollo de actividades financieras públicas que le pongan fin a los créditos usureros. No hay un partido que, en un arranque de lucidez, haga suya la reivindicación fundamental de convocar una Asamblea Constituyente para dotar al País de una Constitución democrática, eliminando de una plumada los intolerables amarres institucionales heredados de Pinochet y de Guzmán.
Ese partido, que hasta ayer no existía, se alza hoy proclamando con voz clara y fuerte cuáles son sus objetivos. Ese partido es el Partido de Izquierda que nace hoy en esta Sala, para transformarse en el portador de la esperanza.
Los nobles objetivos que anunciamos ante la opinión pública, solo pueden ser alcanzados gracias a la extensión y a la profundización de los derechos democráticos. Para hacer realidad el sueño es necesario movilizar al pueblo de Chile, construir vastas mayorías, incorporar a la vida política a millones y millones de chilenas y chilenos que hasta ahora han estado ausentes, o excluidos, de las decisiones que les conciernen. Nosotros no aspiramos al “empoderamiento de la gente”, ese pobre sucedáneo con el que algunos pretenden calmar la impaciencia popular. El Partido de Izquierda aspira, nada más pero nada menos, que a devolverle el poder al pueblo, a devolverle su calidad de único Soberano. Aspiramos a ejercer responsabilidades de gobierno construyendo una alternativa real a la dominación neoliberal. El proyecto del Partido de Izquierda consiste en reunir a las fuerzas democráticas, plurales, populares, revolucionarias, para convertirlas en amplia mayoría capaz de dirigir, junto al pueblo de Chile, los destinos de la Nación.
El Partido de Izquierda aspira a hacer realidad los sueños de la inmensa mayoría de la población: el ejercicio ilimitado de los derechos ciudadanos, la participación sin trabas en las decisiones vitales para el destino de la Nación, la protección de la Naturaleza como único medio de preservar nuestro futuro, la justa distribución de la riqueza creada con el esfuerzo de todos, la construcción de un zócalo común de intereses que garantice la convivencia democrática en el que se incluyan los aspectos institucionales y los servicios públicos esenciales (la educación obligatoria, laica, gratuita y libre, la protección social y la salud como derechos), la propiedad inalienable del agua para el pueblo de Chile, el derecho de imponer el interés general y la voluntad general por sobre intereses corporativos o particulares como es el caso en todos los países democráticos, el control inalienable del Estado y las Regiones sobre el dominio marítimo de Chile, el reconocimiento del carácter plurinacional y pluricultural de nuestro país, el ejercicio efectivo de la libertad de prensa.
Vasto programa. Duro programa. Por estos principios y estos intereses viene luchando nuestro pueblo desde la Conquista. Nuestro combate encuentra sus raíces en el combate de Lautaro. Se enriquece con la lucha de los Libertadores, O’Higgins, San Martín, Sucre, Bolívar y otros, unidos en el combate por la independencia de la gran patria Americana. Nos sentimos herederos de Santiago Arcos y de Francisco Bilbao que escucharon y prolongaron en Chile los ecos de la Comuna de París, primera gran batalla por los intereses del proletariado. Somos, como todos los chilenos, los hijos políticos de Luis Emilio Recabarren, legendario organizador de los trabajadores. Nos inspira la lucha de los mineros del salitre y del carbón. La de los campesinos de Ranquil. La figura luminosa de Clotario Blest. Vienen con nosotros, en nosotros, los constructores del gran movimiento popular que llevó a Salvador Allende a ser el primer presidente revolucionario elegido por votación democrática.
Y somos conscientes de que esa rica herencia no nos entrega las respuestas ni para el presente, ni para el futuro. Esa es nuestra tarea. La tarea del Partido de Izquierda y de quienes converjan en el mismo combate.
¡Me llamo Luis Casado, tengo 61 años, milité durante 48 años en el partido socialista que hoy abandono definitivamente para militar en el Partido de Izquierda!
Ese partido, que hasta ayer no existía, se alza hoy proclamando con voz clara y fuerte cuáles son sus objetivos. Ese partido es el Partido de Izquierda que nace hoy en esta Sala, para transformarse en el portador de la esperanza.
Los nobles objetivos que anunciamos ante la opinión pública, solo pueden ser alcanzados gracias a la extensión y a la profundización de los derechos democráticos. Para hacer realidad el sueño es necesario movilizar al pueblo de Chile, construir vastas mayorías, incorporar a la vida política a millones y millones de chilenas y chilenos que hasta ahora han estado ausentes, o excluidos, de las decisiones que les conciernen. Nosotros no aspiramos al “empoderamiento de la gente”, ese pobre sucedáneo con el que algunos pretenden calmar la impaciencia popular. El Partido de Izquierda aspira, nada más pero nada menos, que a devolverle el poder al pueblo, a devolverle su calidad de único Soberano. Aspiramos a ejercer responsabilidades de gobierno construyendo una alternativa real a la dominación neoliberal. El proyecto del Partido de Izquierda consiste en reunir a las fuerzas democráticas, plurales, populares, revolucionarias, para convertirlas en amplia mayoría capaz de dirigir, junto al pueblo de Chile, los destinos de la Nación.
El Partido de Izquierda aspira a hacer realidad los sueños de la inmensa mayoría de la población: el ejercicio ilimitado de los derechos ciudadanos, la participación sin trabas en las decisiones vitales para el destino de la Nación, la protección de la Naturaleza como único medio de preservar nuestro futuro, la justa distribución de la riqueza creada con el esfuerzo de todos, la construcción de un zócalo común de intereses que garantice la convivencia democrática en el que se incluyan los aspectos institucionales y los servicios públicos esenciales (la educación obligatoria, laica, gratuita y libre, la protección social y la salud como derechos), la propiedad inalienable del agua para el pueblo de Chile, el derecho de imponer el interés general y la voluntad general por sobre intereses corporativos o particulares como es el caso en todos los países democráticos, el control inalienable del Estado y las Regiones sobre el dominio marítimo de Chile, el reconocimiento del carácter plurinacional y pluricultural de nuestro país, el ejercicio efectivo de la libertad de prensa.
Vasto programa. Duro programa. Por estos principios y estos intereses viene luchando nuestro pueblo desde la Conquista. Nuestro combate encuentra sus raíces en el combate de Lautaro. Se enriquece con la lucha de los Libertadores, O’Higgins, San Martín, Sucre, Bolívar y otros, unidos en el combate por la independencia de la gran patria Americana. Nos sentimos herederos de Santiago Arcos y de Francisco Bilbao que escucharon y prolongaron en Chile los ecos de la Comuna de París, primera gran batalla por los intereses del proletariado. Somos, como todos los chilenos, los hijos políticos de Luis Emilio Recabarren, legendario organizador de los trabajadores. Nos inspira la lucha de los mineros del salitre y del carbón. La de los campesinos de Ranquil. La figura luminosa de Clotario Blest. Vienen con nosotros, en nosotros, los constructores del gran movimiento popular que llevó a Salvador Allende a ser el primer presidente revolucionario elegido por votación democrática.
Y somos conscientes de que esa rica herencia no nos entrega las respuestas ni para el presente, ni para el futuro. Esa es nuestra tarea. La tarea del Partido de Izquierda y de quienes converjan en el mismo combate.
¡Me llamo Luis Casado, tengo 61 años, milité durante 48 años en el partido socialista que hoy abandono definitivamente para militar en el Partido de Izquierda!
Discurso de Luis Casado – Secretario de Relaciones Internacionales – Santiago 28/11/2009
