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Por primera vez desde la elección del primer presidente progresista, José Manuel Balmaceda, en 1886, la derecha chilena puede ganar la elección presidencial con mayoría absoluta. Y como su candidato, Piñera, está en la lista Forbes de las 793 personas más ricas del mundo, con algo más de 500.000.000.000 de pesos, fusionaríamos el poder político y el económico, algo inusitado en las democracias, la excepción es Berlusconi, lo que podría causar graves conflictos sociales .
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Esa situación se repite en todas las elecciones generales, tanto de Congreso como municipales, salvo en la última de alcaldes. No obstante, ello se debió a la alta votación de los independientes, 10,2% de los votos; la primera manifestación electoral de los díscolos concertacionistas.
Ello ha ocurrido a pesar de un notable envejecimiento del padrón electoral, que se supone favorece a la derecha. El partido de los no votantes (no inscritos, abstenciones, votos nulos y en blanco) ha sido el que más ha crecido durante la transición a la democracia.
En la elección de Aylwin fueron el 17,9% de los ciudadanos, y en la de Bachelet, el 38,5%. En el padrón electoral los menores de 30 años eran en la elección de Aylwin el 36,0% y en la de Bachelet, el 9,7%. Para la elección de diciembre, sólo son el 9,3%.
En esta oportunidad la Concertación y Juntos Podemos van en pacto para las elecciones del Congreso, lo que podría suponer que se pondrán de acuerdo para la segunda vuelta presidencial. No obstante, por primera vez, su suma es insuficiente para lograr la mayoría absoluta.
La razón es el nacimiento de una tercera fuerza, los díscolos concertacionistas, que van por afuera. Encabezados por Marco Enríquez-Ominami hacen incierto el resultado de la elección presidencial y amenazan también con romper el binominalismo en el Congreso.
A lo que se suma el populismo cada día más desbordante del multimillonario candidato de la derecha, que aumenta sus ofertones, no solamente para los sectores populares, también aunque sin publicitarlo, para los procesados y condenados por crímenes de lesa humanidad durante la dictadura.
Con todo, en las cinco últimas encuestas presidenciales, los apoyos de los tres candidatos de centroizquierda e izquierda (Frei, Enriquez y Arrate) siguen superando al derechista si lograran sumarlos.
En la CEP de agosto, Piñera tiene el 37%, sus tres rivales suman 46% y están indecisos el 15%. En la de Imaginaccion, que es posterior, Piñera logra el 37,8%, y sus tres rivales el 51% y los indecisos se reducen a 8,8%. En la del CERC, empatan ME-O y Frei, y necesitan además los votos de Arrate para superar a Piñera por solamente un punto porcentual. En la de Ipsos, Piñera tiene el 36,7% y sus contendores, 48,7%. Y en la última del CEP, el resultado es similar, 36% vs. 50%.
En segunda vuelta, sin embargo, según esas encuestas, Piñera se impondría a Frei o a Enríquez (salvo en una en que empata con este último) por escasos puntos porcentuales, pero nunca se acerca a la mayoría absoluta.
La razón es obvia. Seguimos siendo un país más inclinado hacia la izquierda que a la derecha. Según la última encuesta CEP, en una escala en que 1 es extrema izquierda y 10 la extrema derecha, 49% se ubica en la izquierda (27% en el centroizquierda), 27% en la derecha (9% en el centroderecha) y 24% en la nada
Por consiguiente, la única posibilidad de Piñera para ser elegido presidente es el fraccionamiento del centroizquierda o progresismo, es decir, que en la segunda vuelta, no se apoyen entre Frei y Enríquez y, por consiguiente, que aumente el partido de los no votantes, a los que podrían sumarse algunos tránsfugas hacia la derecha..
Esas odiosidades centroizquierdistas no tienen más explicación que la arrogancia de frondas politiqueras, que decidieron de súbito, olvidando la historia, de avanzar sin transar y asegurar así la derrota de todos.
Para la ciudadanía, según las encuestas CEP, las posiciones de Frei y Enríquez son muy cercanas. En la mencionada escala de izquierda a derecha, 1 a 10, en la primera, a Frei lo califican en 4,28 y a Enríquez en 4,20, y en la segunda, a Frei en 4,29 y a Enriquez en 4,51. Y a Piñera, en ambas, bastante cerca de la extrema derecha. 8, 27 y 8,30, respectivamente.
Es de esperar que se imponga la razón y se construyan puentes..De no ser así, la derecha está a las puertas de su más grandioso triunfo electoral en la historia de Chile, con un abanderado plutócrata y a pesar de su disimulado acercamiento a los procesados por crimenes de lesa humanidad.
