|
Lo que se interpretó al principio como una victoria definitiva del capitalismo como vía de la felicidad social ha sido demolido por los hechos y los estudios de opinión, tanto como la muralla berlinesa que cayó hace dos décadas.
|
Pero todo esto es sólo epidérmico. Lo profundo es que el capitalismo no ha logrado convencer de sus bondades a los supuestos beneficiarios. Quienes primero lo supieron fueron los alemanes del Este: la mitad de ellos en edad laboral –unos 5 millones de personas- se encontraba, menos de dos años después de la caída del Muro, sin un trabajo real. Junto con la privatización forzada de las empresas estatales se clausuraron las policlínicas de salud y los centros sociales. Esto se dio en el marco de una descalificación de algunos de los valores del socialismo del Este: la asistencia social y las garantías laborales, que “eran mejores que lo que vino a continuación”, según sostiene el escritor nacido en Dresde Ingo Shulze, quien acusa al Oeste de comportarse “como si la libertad fuera un regalo para nosotros. Pero la libertad sin justicia social no es libertad en absoluto”.
El científico Jens Reich, que se manifestó hace dos décadas contra el Estado policial en la Alexanderplatz, es hoy, a los 70 años de edad, todavía un disidente, “porque nosotros buscábamos una progresiva e igualitaria unificación con el Oeste, pero en vez de esto se dio una reunificación forzada: la Alemania del Este fue absorbida por las leyes y la Constitución de la República Federal.
Más allá de estos damnificados directos, una encuesta global de la BBC de Londres mostró que de 29 mil consultados en 27 países fluye un fuerte rechazo al supuesto vencedor de la Guerra Fría. Sólo un 11% de los encuestados cree que el capitalismo esté funcionando. Los mismos participantes de la encuesta demolieron no el muro, sino la tesis del estadounidense Francis Fukuyama de que el libre mercado es la vía de la felicidad social.
Lo que lleva a pensar en la persistencia de un Muro entre la libertad y la justicia: así como los socialismos reales no concretaron los ideales de ruptura de todas las cadenas, los capitalismos reales que campean en el mundo actual, con mayores y menores grados de desarrollo, no aseguran un consumismo feliz que logre satisfacer a las mayorías no ya en el conjunto de sus necesidades, ni siquiera en las de índole puramente material.
