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Agosto 18, 2026

La falta de algodón y los Misiles Stinger

Chile es el país más pituco que hay en el cono sur del continente. Vota la plata. Compra misiles hasta para lavarse los dientes. Los americanos, que no son jetones, andan con la idea de venderles “MisilesStinger”, que son unos tarros del 1981, por la módica suma de  US$ 445 millones. 

 

Se compran unos misiles y nace la idea de una agresión. Algunos, los más armamentistas, dicen que  los armamentos no son para agredir los vecinos sino que son para “desuadir los enemigos”.
 
Cierto que las agencias, llamadas “Cooperación de Seguridad” se andan haciendo el pino. Los congresitas gringos andan sonrientes. En fin de cuentas, 455 millones de dólares son una cagada.

Pero, bueno, estamos cerca de Navidad, y, aprovechando la ocasión, se podría adornar el árbol de pascua con otros misiles, tipo, AIM, que valen un moco de pavo: 145 millones de dólares. Cierto, la yapa, aunque da vergüenza pagar un precio tan bajo, trata de sistemas radar, “Sentil” que valen 65 millones de lechugas.

Los ministros chilenos andan eufóricos. Comprar todo esos petardos contribuye a mantener un una política de seguridad. Cierto que el ciudadano chileno es peligroso. Las armas son para paralizar cada gesto de rebelión interna.

Lentamente podemos ir viendo dos Estados en la patria: uno es el armado el otro el pueblo desarmado. Nos da la impresión de ver palestina en Chile. Los Estados Unidos, se dice, son los mejores amigos que tiene la patria. Por eso ayudan al país.

Pero, claro, no hay que alarmarse: los misiles son para modernizar las fuerzas armadas

La pregunta que uno se hace es: ¿qué mierda se hará con los misiles Mistral?

Posiblemente, creo, o podría creer, que los misiles viejos son iguales a los medicamentos caducos. Uno puede devolverlos a la farmacia.

Cierto que la defensa de los armamentistas chilenos son agresivas. Dicen que los presupuestos de educación y salud para el 2010 son entre 8 mil millones de dólares.

Llegan arcadas  leer ciertas cifras. Niegan el algodón en los hospitales, bueno, hay poco o casi nada.
Claro que no podemos mandar un herido chileno  al Haya para que denuncie al gobierno por la falta de parches o médicos en la patria.

En fin, Chile tiene plata y no sabe invertirla. Se podrían construir nuevos caminos, casas, escuelas, centros culturales, baños públicos, aumentar las pensiones mínimas, crear colonias de veraneo para todos los pingüinos, construir centros dentales para una población que se alimenta como las pelotas y a corta edad ya andan desdentados…

Pero bueno, el fascismo en Chile no ha muerto. Muchos prefieren un misil en el ropero, porque estará disponible en cualquier momento, a que se le pague las deudas a los profesores que pasan de huelga en huelga.
A tal punto, me saltan preocupaciones de tipo histórico.

Hace dos días atrás, 11 de Nov, se conmemoró el fin de la primera guerra mundial celebrado por los Ingleses. (11.Nov. 1918). En una encuesta, sobre historia y la segunda guerra mundial, llevada a cabo en las salas de las escuelas británicas se preguntó a los pingüinos si sabían algo de Hitler. Muchos respondieron que fue un “entrenador de Fútbol” Otra pregunta de historia: “El holocausto”. Para tantos, entre los 2000 encuestados, respondieron que era una fiesta que con-memoraba el fin de la segunda guerra mundial.

En fin. Chile sigue armando su defensa, pero un día, en una encuesta,  toda madem in Schile, se dirá que Pinochet fue el goleador de la selección chilena y que los desaparecidos fueron un poema de Neruda. En fin la plata, como llega se va.

Godosky