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Agosto 19, 2026

20 muros son nada

Estamos a veinte años de la irrupción de miles de ciudadanos de la RDA o Alemania Comunista en los pocos pasos peatonales que existían entre un lado y otro del muro de hormigón armado, que dividía la ciudad de Berlín, hoy, capital de Alemania y dirigida por una mandataria querida por su pueblo, que cicatriza sus heridas ideológicas.

Esa noche cientos de jóvenes, mujeres y algunos viejos  rompieron las barreras y cruzaron y se abrazaron entre parientes, amigos o entre simples desconocidos por el hermoso y simple hecho de que ser de la misma nación.

Allí cambió un poco la tierra de Hitler y el mundo. En las cervecerías del lado occidental abrieron sus locales y ofrecieron cerveza gratis a todos los que se atrevieron a celebrar en fin de la pesadilla impuesta a la ciudad.

Esa algarabía pacifica había roto el dique de piedra que los camaradas mandaron construir.
Desde ese 9 de noviembre de 1989, hasta este noviembre en que leemos esta columna, afortunadamente Europa, no está sumergida en ninguna de las guerras fratricidas que se desarrollaron en el viejo continente durante el siglo XX.

Algo de satisfacción se  veía en los rostros de M.Gorbachov, el creador soviético de la Glasnost y la Perestroika, en H.Kohl el canciller alemán y en Bush-padre.

Los tres sentados contemplando el desfile Berlinés y con sus sonrisas para las cámaras de la televisión global, con la certeza de que habían aportado a la consolidación de la democracia en Europa o más bien habían cedido a las luchas pacíficas y populares que se habían venido desarrollando desde el mismo fin de la segunda guerra mundial.

Las modestas luchas de los disidentes sometidos bajo el llamado “Pacto de Varsovia”.Como el escritor checo Milán Kundera. Las frescas consignas del mayo del 68 francés. La importancia simbólica del Sindicato Solidaridad del  puerto Polaco de Gdansk liderado por el obrero Lew Valessa.

Porque fueron los obreros apoyados por la iglesia los que jaquearon a la dictadura polaca y de paso a la Alemana, donde el camarada Hooneker, seguramente atormentado por las llamadas desde Moscú, sobre cómo frenar el deseo de libertad de sus propias gentes sin poder hacer nada.

Veinte años después USA, Rusia y Alemania se encuentran saliendo de la peor crisis económica que nunca viviera la humanidad llamada occidental.

Los tres jerarcas ahora están unidos en la lucha contra un nuevo fantasma que recorre sus urbes. El terrorismo que mata en Madrid,Londres y Nueva York.

Sus ejércitos, sobre todo el norteamericano, combaten en un año particularmente sangriento en las lejanías de Irak y Afganistán.

Y la sonrisa de Bush/padre conteniendo un espanto de ver que su hijo George, en los hechos, autorizó bajo su mandato  la construcción del muro de Jerusalén por parte del estado de Israel y el de la frontera con México.

Quizás el señor Hooneker, en su noventero exilio chileno, veía en trance paranoico el video de los Pink Floid, justamente llamado “El Muro”.

Desde la caída del muro Berlinés a la caída de Wall Street el 2008, el mundo fue dejando atrás, los dos extremos.

Los extremos ideológicos y económicos.

El mundo intenta salir de esta crisis revitalizando los organismos internacionales como la ONU, la OEA, los G2 o G20.

La misma ciudad de Berlín se ha transformado en una nueva Babilonia de tolerancia entre distintas razas,ideas y proyectos de mejores vidas para todos.

El desafío es enorme. Hay mil millones de personas que ahora mismo pasan hambre en lugares tan distintos como Corea del norte o Haití.

Frente a lo que quedó del muro. En los asientos de los tres  jerarcas citados. Hoy podrían estar tres seres muy distintos. Un talentoso hombre de color llamado Obama, el joven ruso Melediev y la popular señora Merkel, presidenta de todos los alemanes y que tiene en su memoria su vida bajo la dictadura comunista y quizás soñó ir una noche con un martillo a golpear el hormigón armado.
 
Jorge Lloret