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Agosto 18, 2026

Aniversarios

Supongo que en Chile habemos muchos que no seguimos con la intensidad que merecía la caída del Muro de Berlín en 1989. Ello se debió a nuestro provincialismo sempiterno porque nosotros entonces ya habíamos derrotado a nuestra propia tiranía el 5 de octubre del año anterior y el año 1989, cuando cayó el Muro, nos hallabamos concentrados en darle el triunfo a Aylwin y volver a derrotar a la dictadura -como de hecho ocurrió-, iniciándose así una Transición pactada entre los líderes concertacionistas y el régimen militar, que había establecido las reglas del juego y olvidando aquellos hasta el presente la soberanía popular que acababa de manifestarse por el retorno a la democracia en el plebiscito del año previo.

Quiza si el ejemplo más patetico de la mesquindad e incosistencia democrática de nuestros líderes después del triunfo ciudadano del 5 de octubre, haya sido el voto No de Piñera en aquel plebiscito de 1988 seguido de su desempeño como jefe de campaña del candidato presidencial del pinochetismo, Hernán Büchi, el año siguiente, debido a que la Democracia Cristiana le negó el cupo de candidato a senador por Santiago, que sí obtuvo en Renovación Nacional. Semejante pirueta sólo se explica si se entiende su voto No en el plebiscito como carente de toda convicción democrática y sólo un acto especulativo más de los tantos que ha efectuado Sebastián Piñera en su vida de especulador exitoso y siempre guiado por su apetito voraz.

Cara nos ha costado esta obsecuencia de nuestros líderes de entonces (los que, básicamente, siguen siendo los mismos, por lo que, mirado desde su propio interés, podría otorgárseles cierta consecuencia a sus actos) y que nos mantiene, después de dos décadas, aún atrapados en la camisa de fuerza que representa la institucionalidad legada por la dictadura y aceptada por la clase política y cuya llave maestra es el antidemocrático y fraudulento sistema binominal (33%=66%), sin equivalente en el mundo y sólo utilizado anteriormente por la dictadura del general Jaruzelski en Polonia.

La conclusión que podemos sacar es que poco o nada debemos esperar de nuestros líderes y que, en cambio, hemos de retomar la mística y el entusiasmo democrático de 1988 para exigir la aprobación soberana de una nueva Constitución para el bicentenario que se conmemora el año 2010. Al igual que en Alemania en 1989, el anhelado arribo a la democracia plena sólo podrá provocarlo la anónima y masiva movilización ciudadana que habrá de estallar el próximo año y a la que habrá de ceder quienquiera que resulte elegido Presidente.

Rafael Enrique Cárdenas Ortega.