Hace unas semanas, se presentó un libro de cocina vegetariana que se llama “COCINA PARA EL ALMA”. Son 84 deliciosas recetas vegetarianas que, primero que nada nos cambian el concepto errado que se tiene de este tipo de comida. La cocina es el alma de la casa; es el ambiente más cálido y acogedor donde se comparte diariamente con la familia. Sin lugar a dudas, el fuego siempre ha sido un elemento cultural convocante. Cuando se reúne un grupo, en una situación dominada por la informalidad, lo más frecuente es acercarse a este lugar tan especial donde además de prepararse los alimentos, la familia transita muchos de los momentos más intensos del día.
Por otro lado, se piensa que la comida vegetariana es aburrida y, en una cultura muy acostumbrada a las carnes, sosa. En cambio, este recetario nos muestra y demuestra una comida fina, en la cual la carne no se extraña
Heidi Dettwiler, la autora, propone una “alternativa de ocio espiritual, una invitación a la mesa y a la tranquilidad, un antídoto contra la prisa, un inventario de recetas para el alma y para el cuerpo”. Para Heidi, hay un secreto muy importante para cocinar maravilloso. No tiene que ver con los años de formación o el tener un gran libro de cocina. “No importa la receta que cocines o cuan preciso seas. El factor más importante en la cocina es un ingrediente muy simple: el amor. Cocinar con amor no tiene nada que ver con comidas gourmet o delicatessen… lo que sí prevalece es el espíritu que lleves a la cocina al momento de cocinar un plato, ya sea para tu familia, amigos, invitados, a ti mismo o en la vida en general ¡Que significativo es cocinar con vivacidad, atención, paciencia y alegría… es justamente ahí cuando resultan las mejores comidas¡.” Cocinar, también muestra la faceta más cariñosa de las personas como es la de cuidar a los demás o de desear ser cuidado. Amar la cocina no conlleva necesariamente tener un restaurante u obsesionarse por abrir uno. El aficionado a la cocina se convierte en un cocinero o cocinera de excepción cuando, expresa toda su pasión por agradar y hacer felices a los demás a través del gusto y los olores. Cocinar es un acto por el que todo ser humano se diferencia del resto de animales. La cocina es un símbolo de civilización, un acto de comunicación. Por eso, cocinar de verdad significa expresar toda una cultura a través de los platos. Es amansar el fuego; salpimentar; aliñar, añadir azúcar y especias de forma equilibrada; tener en la cabeza muchos despertadores que marcan distintos tiempos, de tal modo que, antes de que suenen, el cocinero sabe el punto de cocción de cada cosa, en definitiva, es dejar fluir un don expresivo que no se puede explicar con palabras, empezando por la elección de los alimentos, continuando con algo tan simple como cortar la cebolla, picar el perejil o saber darle el justo aire a una crema, para dar con el gusto ajeno. Pero en realidad cocinar es un acto de humildad en el que la perfección no existe. Con nuestra actitud al cocinar expresamos nuestra voluntad de construir una sociedad más equilibrada y justa. Combinando la práctica de la tradición zen y la cocina, este original libro de recetas plantea una nueva forma de entender el arte culinario. Muestra cómo cocinar con sensibilidad e imaginación y alienta a adaptar las recetas que se proponen al gusto de cada uno. Porque cocinar es vida, es cultivar el espíritu y compartir el placer que proporciona. Cuando los colores y sabores se mezclan con la certeza creciente por parte del cocinero de que el manjar será exquisito, algo pasa a través del cocinero, a través de los alimentos, a través del vestíbulo de meditación y regresa después.
Porque cualquiera que haya preparado una comida para alguien querido, ya sea familia, amistades o todo lo que existe, como en la gran reunión, quizá haya experimentado un sentimiento placentero cuando se juntan los alimentos. Supongo, que podría llamársele amor. La gente ha disfrutado ya de los alimentos antes incluso de habérselos comido. El cocinero lo percibe y crece una sensación de bienestar. La comida que Heidi nos propone pasa por el precepto budista de no matar a seres sensitivos y sentir gratitud por los alimentos recibidos lo que contribuye, entonces, al bienestar de la sociedad y de nosotros mismos ya que, una comida sana alegra el corazón, aclara la mente y energiza el cuerpo. Entones, probemos.
Heidi Dettwiler, la autora, propone una “alternativa de ocio espiritual, una invitación a la mesa y a la tranquilidad, un antídoto contra la prisa, un inventario de recetas para el alma y para el cuerpo”. Para Heidi, hay un secreto muy importante para cocinar maravilloso. No tiene que ver con los años de formación o el tener un gran libro de cocina. “No importa la receta que cocines o cuan preciso seas. El factor más importante en la cocina es un ingrediente muy simple: el amor. Cocinar con amor no tiene nada que ver con comidas gourmet o delicatessen… lo que sí prevalece es el espíritu que lleves a la cocina al momento de cocinar un plato, ya sea para tu familia, amigos, invitados, a ti mismo o en la vida en general ¡Que significativo es cocinar con vivacidad, atención, paciencia y alegría… es justamente ahí cuando resultan las mejores comidas¡.” Cocinar, también muestra la faceta más cariñosa de las personas como es la de cuidar a los demás o de desear ser cuidado. Amar la cocina no conlleva necesariamente tener un restaurante u obsesionarse por abrir uno. El aficionado a la cocina se convierte en un cocinero o cocinera de excepción cuando, expresa toda su pasión por agradar y hacer felices a los demás a través del gusto y los olores. Cocinar es un acto por el que todo ser humano se diferencia del resto de animales. La cocina es un símbolo de civilización, un acto de comunicación. Por eso, cocinar de verdad significa expresar toda una cultura a través de los platos. Es amansar el fuego; salpimentar; aliñar, añadir azúcar y especias de forma equilibrada; tener en la cabeza muchos despertadores que marcan distintos tiempos, de tal modo que, antes de que suenen, el cocinero sabe el punto de cocción de cada cosa, en definitiva, es dejar fluir un don expresivo que no se puede explicar con palabras, empezando por la elección de los alimentos, continuando con algo tan simple como cortar la cebolla, picar el perejil o saber darle el justo aire a una crema, para dar con el gusto ajeno. Pero en realidad cocinar es un acto de humildad en el que la perfección no existe. Con nuestra actitud al cocinar expresamos nuestra voluntad de construir una sociedad más equilibrada y justa. Combinando la práctica de la tradición zen y la cocina, este original libro de recetas plantea una nueva forma de entender el arte culinario. Muestra cómo cocinar con sensibilidad e imaginación y alienta a adaptar las recetas que se proponen al gusto de cada uno. Porque cocinar es vida, es cultivar el espíritu y compartir el placer que proporciona. Cuando los colores y sabores se mezclan con la certeza creciente por parte del cocinero de que el manjar será exquisito, algo pasa a través del cocinero, a través de los alimentos, a través del vestíbulo de meditación y regresa después.
Porque cualquiera que haya preparado una comida para alguien querido, ya sea familia, amistades o todo lo que existe, como en la gran reunión, quizá haya experimentado un sentimiento placentero cuando se juntan los alimentos. Supongo, que podría llamársele amor. La gente ha disfrutado ya de los alimentos antes incluso de habérselos comido. El cocinero lo percibe y crece una sensación de bienestar. La comida que Heidi nos propone pasa por el precepto budista de no matar a seres sensitivos y sentir gratitud por los alimentos recibidos lo que contribuye, entonces, al bienestar de la sociedad y de nosotros mismos ya que, una comida sana alegra el corazón, aclara la mente y energiza el cuerpo. Entones, probemos.
Loreto Soler
