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Por primera vez desde la elección de José Manuel Balmaceda en 1886, la derecha chilena podría ganar la elección presidencial con la mayoría absoluta. Ello sería el derrumbe de la Concertación de Partidos por la Democracia que ha gobernado por 20 años.
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Los candidatos presidenciales concertacionistas, Aylwin y Frei en primera vuelta, Lagos y Bachelet, en segunda, lograron mantener una votación similar a la del “no” en el plebiscito de 1988, que fue de 3.917.000 (55,99%). El techo fue Frei, 4.040.000 (57,98%), y el piso, Lagos, 3.628.000 (51.31%). Y la votación de Bachelet el 2006 sólo anota una disminución de 194.000 (2,5%) de los votos del “no” dieciocho años antes.
Ello ha ocurrido a pesar de un notable envejecimiento del padrón electoral, que se supone favorece a la derecha, y el debilitamiento de la Democracia Cristiana, uno de los pilares de la Concertación.
El partido de los no votantes (no inscritos, abstenciones, votos nulos y en blanco) ha sido el que más ha crecido durante la transición a la democracia.
En la elección de Aylwin fueron 17,9% de los ciudadanos con derecho a voto, y en la de Bachelet, el 38,5%. Y en el padrón electoral los menores de 30 años eran en la elección de Aylwin el 36,0% y en la de Bachelet, el 9,7%. Para la elección de diciembre, sólo son el 9,3%.
La DC obtuvo su mejor votación y porcentaje en las elecciones municipales de 1992, 1.854.000 (28,93%). Y sus peores, en las últimas municipales, el 2008, 850.000 (14%).
La baja comenzó durante el gobierno de Frei, en las elecciones al Congreso en 1997,en que cayó al 22,9%, y en las del 2001, al 18,9%, con una pequeña recuperación en las municipales del 2004, al 20,3%, y en las de diputados del 2005, al 20,8%, cuando Adolfo Zaldívar era su presidente.
En contraste, los otros tres partidos concertacionistas (PS, PPD, PRSD) subieron, desde 1.563.000 (24,4%) en las municipales de 1992 a 2.047000 (31%) en las de diputados de 2005, para disminuir a 1.731.000 (28,5%) en las municipales de 2008.
Por ello, la derecha jamás logró superar la votación concertacionista en ningún tipo de elecciones generales, salvo en la última de alcaldes. No obstante, ello se debió a la alta votación de los independientes, 10,2% de los votos.
Esa fue primera manifestación electoral de los díscolos concertacionistas. Hasta ese momento, la primera luz roja de descontento dentro de la Concertación, pero al ser aceptada en silencio por sus barones no trascendió, fue la imposición popular de la candidatura presidencial de Bachelet, que sorprendió a todo el muy cerrado mundo político chileno
Esta vez las coaliciones de centroizquierda e izquierda van en pacto para las elecciones del Congreso, e implícitamente para la segunda vuelta presidencial. Empero, por primera vez, su suma es insuficiente para lograr la mayoría absoluta.
La razón primaria es el nacimiento de una tercera fuerza, los díscolos concertacionistas, los que van por afuera. Y que encabezados por Marco Enríquez-Ominami hacen incierto el resultado de la elección presidencial y amenazan también con romper el binominalismo en el Congreso.
A lo que se suma el populismo cada día más desbordante del milmillonario candidato derecha, que aumenta sus ofertones.
Con todo, en las tres últimas encuestas presidenciales, los apoyos de los tres candidatos de centroizquierda e izquierda (Frei, Enriquez y Arrate) siguen superando al derechista si lograran sumarlos.
En la del CEP, Piñera tiene el 37%, y sus tres rivales suman 46%, y están indecisos el 15%. En la de Imaginaccion, que es posterior, Piñera logra el 37,8%, y sus tres rivales, el 51%, y los indecisos se reducen a 8,8%. Y en la de Ipsos, Piñera tiene el 36,7% y sus contendores, 48,7%.
En segunda vuelta, sin embargo, a la que Arrate no tiene opción de pasar, en las dos primeras encuestas, se impone Piñera sobre Frei y Enríquez y, en la última, empata con Enríquez y le gana a Frei, pero nunca se acerca a la mayoría absoluta.
El problema es obvio. La única posibilidad de Piñera para ser elegido presidente es el fraccionamiento de la centroizquierda, es decir, que en la segunda vuelta, no se apoyen entre Frei y Enríquez y, por consiguiente, que aumente el partido de los no votantes y los tránsfugas hacia la derecha..
Esas odiosidades centroizquierdistas no tienen más explicación que la soberbia de frondas oligárquicas. Se pasó, parafraseando a Jocelyn Holt, de transar sin parar, para gobernar, a avanzar sin transar, para perder.
Para la ciudadanía, según la encuesta CEP, las posiciones de ambos candidatos son muy cercanas. En una escala en que 10 es la extrema derecha y 1 la extrema izquierda, a Frei lo califican en 4,28 y a Enríquez en 4,20.
Es de esperar que se imponga la razón. Y en la construcción de puentes Arrate puede prestar un gran servicio al país.
De no ser así, la derecha está a las puertas de su más grandioso triunfo electoral en la historia de Chile, a pesar de que todavía no se limpia totalmente de la dictadura.
