Quizás lo más importante sea que Ziraldo ha sido fiel al sentido del humor, que siempre va, dicen los sabios, en sentido contrario. Contrario a los prejuicios, los dogmas, las convenciones y los desafíos conceptuales del lenguaje gráfico. ¿A qué dibujante se le ocurre renunciar a la línea para contarnos las tribulaciones de Flicts? Flicts es un color que deambula, con su baja autoestima, porque no encuentra su lugar en este mundo. Hasta que un astronauta le dice que no busque más en la tierra sino en la luna que es, vista con ojos peatonales como los de él, toda pintada con el color de Flicts.
Una historia como la del extraterrestre E.T., una bella metáfora del exilio, diría un trasterrado.
Ziraldo echa a andar en un mundo que exalta el individualismo agresivo, la depredadora competitividad, a Jeremías o bom, Jeremías el bueno, un portaestandarte de la bondad y del “ama a los otros como a ti mismo”, que armado sólo de una beatífica sonrisa termina, al final de cada viñeta, pagando los platos rotos y, por supuesto, la cuenta. Se interna junto a la pandilla del duende Saci Pereré en la frondosa tradición de las leyendas del Brasil profundo.
Durante la “larga e interminable noche de la dictadura brasileña”, y cuando se escucha y tararea el murmullo del “faz escuro mas eu canto” de Chico Buarque, Ziraldo, junto al querido Jaguar, Millor Fernandez, Henfil, Ivan Lessa y la larga “turma” de Ipanema, editan O Pasquim.
Un semanario que a punta de viñetas y periodismo desenfadado sostenía que la vida es infinitamente más digna de ser vivida en sandalias que con la bota militar, O Pasquim se transformó en un verdadero foro democrático, en algun momento el único,nexo con el Brasil del exilio, encarnando el ideal de Arthur Miller : “Un buen periódico es una nación hablándose a sí misma”. El VI Premio Quevedos que otorga la Ministra de Cultura y el Rector de la Universidad de Alcalá de Henares hace justicia a un trabajo bien hecho, prestigia el humor gráfico y alegra al paisanaje lector.
¡Recordando a Quevedo ,
Ziraldo, ¡saraváh!
pepe palomo

