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Agosto 18, 2026

TELESCOPIO: ¡Sin subirse a la lámpara tampoco!

“Las expresiones soeces no hacen más que retratar a quien recurre a ellas”, podría uno decir respecto del titular utilizado por el diario peruano La Razón en relación a la presidenta chilena Michelle Bachelet. Mientras no cabe duda que las expresiones groseras buscan llevar el debate a un nivel en que nadie que se respete a si mismo puede entrar gustosamente, por otra parte el exabrupto del tabloide limeño cumplió dos tareas que – probablemente – eran las que sus editores se proponían:  

  

primero, exacerbar los sentimientos anti-chilenos que cada cierto tiempo afloran entre algunos sectores de la población peruana, y segundo – de manera paralela – despertar similares sentimientos pero anti-peruanos, en sectores de la población chilena.
 
A ambos lados de la frontera los segmentos políticos más retardatarios, apoyados de una buena dosis de prejuicios, encontraron en la sensacionalista portada del periódico limeño el condimento perfecto para agitar sus posiciones. Con un poco de cordura entonces uno tendría que decir desde aquí que tampoco se trata de subirse a la lámpara…
 
En ese ambiente creado por el grosero titular al final se pierden de vista problemas importantes que subyacen en la difícil relación entre los estados de Perú y Chile. Incluso se oscurece una importante cuestión que fue la que motivó el soez titular: ¿Está Chile embarcado en una carrera armamentista?
 
El tema por cierto no es nuevo y ha estado presente desde antes que asumiera el actual gobierno chileno, pero el hecho de que hace unos meses Perú decidiera llevar el diferendo sobre delimitaciones marítimas a la Corte Internacional de Justicia en La Haya, tiende a producir un contexto en el cual parece dominar el tono de conflicto, el cual por de pronto todo el mundo sitúa en el plano diplomático, pero que de todas maneras dado lo sensitivo de la situación, también es relativamente fácil pensar en escalarla a niveles más altos. Así las cosas cualquiera palabra, incluso cualquier gesto que se produzca en torno a la delicada situación puede ser interpretado del modo más provocativo. Por lo demás – como a menudo ocurre en situaciones de diferendo limítrofe – nunca faltan los que estén dispuestos a echarle más combustible al fuego para verlo escalar a un punto desde el cual el retorno sea más difícil.
 
Desde la perspectiva peruana la mezcla de motivaciones detrás de los sectores que quisieran ver escalar el diferendo contiene desde el revanchismo histórico de grupos ultranacionalistas hasta quienes buscan simplemente sacar provecho político frente al gobierno de Alan García, sean ellos fujimoristas u oponentes a García desde alguna otra trinchera. El gobierno de García mismo también puede entrar en este juego porque cuando una determinada actitud es vista como “vendedora”, en este caso la postura anti-chilena, la tentación de subirse al vagón de una causa que goza de popularidad es muy fuerte. Por lo demás, la agitación de una presunta amenaza externa ha sido siempre un eficaz vehículo a utilizar tanto por quienes están en el gobierno como por quienes están en la oposición.  Históricamente, los gobiernos chilenos controlados por la derecha, proporcionan ilustrativas experiencias a este respecto, recuérdese la famosa “guerra de Don Ladislao” de 1919, cuando el ministro Ladislao Errázuriz utilizó el pretexto de una inminente guerra con el Perú sobre el diferendo de Tacna y Arica, para desatar una feroz represión principalmente contra el movimiento estudiantil de la época, la que incluyó un asalto por parte de grupos ultranacionalistas a la Federación de Estudiantes. La llamada Canalla Dorada, autora de ese asalto, mezcla de pijes y lumpen, operaba al margen del gobierno, pero con el completo beneplácito de las fuerzas del orden. De paso hay que decir que ese grupo puede contarse como un antecedente histórico de lo que en los años 70 sería el movimiento conocido como Patria y Libertad, sólo que este último operaría a una escala mucho mayor.
 
Los antecedentes de la “mala leche” entre Chile y Perú por lo demás vienen siendo alimentados desde hace ya algún tiempo, por el lado peruano las declaraciones “off the record” del ex jefe del ejército por cierto contribuyeron a ese clima de tensiones innecesarias. Por lo demás la arrogante actitud chilena de exigir la inmediata salida del alto oficial – en efecto, a días de su paso a retiro – no ayudó justamente a distender los efectos del incidente. Un gobierno extranjero no tiene derecho alguno a exigir la remoción de altos jefes militares de otro gobierno, esto es un punto elemental en materia de diplomacia.
 
En Chile por otro lado es necesario enfocar estos incidentes de una manera más cerebral que emocional. El titular de La Razón fue simplemente soez y en su grosería últimamente ha reflejado la propia calidad de ese medio. En estricto sentido el gobierno peruano puede señalar (como ya lo hizo) su completo desacuerdo con el lenguaje utilizado por el diario pero más allá de eso ¿qué más se puede esperar? Un gobierno no puede  hacerse responsable de lo que publican medios que – por lo que se sabe – no son controlados por él.
 
Por otra parte la manera grosera como el tema fue abordado por el periódico en cuestión no debe eludir su enfoque tampoco, el tema después de todo, una seria acusación, es el supuesto armamentismo en que Chile estaría incurriendo. Apoyado en los recursos que una ley de la dictadura le adjudica a las fuerzas armadas (un 10% de los ingresos de CODELCO) estas habrían adquirido material bélico de gran eficiencia y modernidad, que como son las cosas en el vecindario, a su vez gatilla una carrera con los demás países de la región. Todo esto por cierto causando un serio desvío de recursos que podrían ser utilizados en educación, salud, obras públicas u otros gastos que sin duda son mucho más apremiantes que disponer de los más modernos cazabombarderos o los tanques más resistentes. Eso sin contar el daño que la carrera armamentista inflinge a algo siempre frágil en nuestra región: la confianza entre estados históricamente tan cercanos pero a la vez empujados a odiosos conflictos armados que no es siempre fácil borrar de las conciencias ciudadanas, a pesar de los discursos de fraternidad.
 
El armamentismo por lo demás tiende a situar nuevamente el eje de las relaciones entre los estados sobre las fuerzas militares en lugar de sobre sus sociedades civiles. Los militares recuperan importancia y legitimidad, en circunstancias que en muchos de esos países (Chile, Argentina, Uruguay por cierto) deberían estar cubiertos de vergüenza y descrédito.
 
En lo que a la responsabilidad de Chile atañe, no ayuda a un mejor entendimiento iniciativas como la Operación Salitre (hasta el nombre es provocativo, ya que fue el mineral por el cual se enfrentó a Perú y Bolivia en 1879), un ejercicio militar multinacional con fuerzas de Chile, Estados Unidos, Francia y Argentina, localizado en el norte de Chile y que obviamente no iba a pasar desapercibido en Lima.
 
Que conste que a mi parecer no valen mucho las expresiones sentimentales de “hermandad” entre los pueblos y toda esa retórica que en los hechos pocos toman en serio. Más bien este problema de las relaciones entre Chile y Perú y la carrera armamentista entre ambos, habría que enfocarlos desde un punto de vista más pragmático: que si ambos países quieren reforzar sus aun débiles democracias, es mejor que hablen los diplomáticos a que lo hagan sus generales; ah, y por supuesto que hablen con racionalidad y no con meros arranques emocionales, y que por supuesto es aun mejor que los limitados recursos de nuestros países se destinen a mejorar las escuelas, los hospitales y el transporte público, que a comprar pertrechos militares. Eso que es muy visible desde aquí con mi telescopio, curiosamente parece muy difuso a los que están allá a ambos lados de la frontera, alimentando sus mentes con la basura patriotera que los quiere ver enemistados con quienes en verdad no digo que puedan ser sus hermanos – porque ya dije que esos llamados a la hermandad suenan un tanto sensibleros – pero al menos puedan ser sus buenos vecinos y hasta a lo mejor, socios en proyectos que trasciendan los estrechos alcances de las fronteras de hoy.