El atentado fue ejecutado en una unidad militar de la ciudad de Pishin, donde un hombre hizo estallar su chaleco cargado de explosivos en medio de docenas de integrantes y comandantes militares y civiles.
Un comunicado del CGRI afirmó que “los enemigos tratan de romper la unidad entre chiitas y sunnitas”, y que en la acción estuvieron involucrados “elementos foráneos”, los cuales no identificó.
Por su lado, el presidente del parlamento iraní, Ali Larijani, confirmó las muertes de quienes calificó de mártires y apuntó que “la intención de los terroristas fue definitivamente alterar la seguridad en la provincia de Sistán-Balouchestán”.
Jundulah (Soldados de Dios) es un movimiento que asegura tener unos mil miembros identificados con la rama del Islam sunnita que se oponen con métodos terroristas al gobierno de la República Islámica (predominantemente chiita) y se le asocia con la red Al-Qaeda.
El ejecutivo de la nación persa ha denunciado en varias ocasiones que esa milicia irregular, asentada en la frontera de la referida demarcación con Paquistán y Afganistán, recibe apoyo financiero de Estados Unidos y de otras potencias occidentales.
La acción armada de hoy fue una de las mayores y más mortífera perpetradas por Jundulah, que en su alegada lucha por los derechos de los musulmanes sunnitas en Irán asegura haber abatido a unos 400 soldados y a un número impreciso de civiles nacionales.
Un total de 25 personas murieron y más de 100 resultaron heridas en esa misma región por una explosión reivindicada por esos rebeldes, justo semanas antes de las elecciones presidenciales de junio último.
