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Agosto 18, 2026

Marca registrada

 Martin Gore se para frente al micrófono envuelto en un traje plateado y baja las revoluciones del show con la serenidad de “Jezabel” y “Home”. Es quizás el momento más sublime entre varios de alto vuelo. Porque Depeche Mode hace mucho rato dejó las piezas electrónicas como parte de su repertorio acercándose a un sonido más introspectivo, menos comercial y separado de esa etiqueta de “música para las masas”.

Las más de dos horas de potente espectáculo en el Club Hípico de Santiago –no sé si hay peor lugar para montar un mega evento de tales características- son una verdadera montaña rusa de sensaciones, con tintes de recital rock a ratos, con pasajes de fiesta a gran escala en otros. Aunque siempre con lo austero como denominador común.

Hay cosas que nunca van a pasar de moda y el trío británico calza justo en ese precepto musical. Longevos, con estilo marcado e incapaces de amagar su grandilocuencia, Gaham, Gore y Fletcher asumen el rol de estrellas del firmamento apelando a lo simplista, con un set list rotundo que no deja espacio a extrañar tantas piezas del cancionero universal que en el “Tour Of The Universe” quedan guardadas en el baúl de los recuerdos.

Cinco músicos en escena, una pantalla LED gigante más otras dos laterales que se reparten los tracks entre animaciones y proyecciones de la misma tarima, un círculo fulgente en lo más alto revistiéndose de colores o asimilando un mapamundi más arreglos especiales en las cuerdas de Gore marcarían la secuencia que comenzó con “In Chains”, “Wrong” y “Hole To Feed” para desatar el jolgorio con “Walking In My Shoes” e “It’s No Good” en su primera arremetida.

Destacadas líricas sobre filosofía personal se leen en el fondo mientras su vocalista de impecable negro y voz indeleble seduce al son de “Precious”, otro de los segundos trascendentes que cautivaron a los 50 mil fanáticos que ignorando el frío hicieron posible el mejor coro multitudinario.

Ya con clásicos como “Policy Of Truth”, Enjoy The Silence” o “I Feel You” la banda explota en júbilo y deja servida la expectativa para el primer bis, que avala los pronósticos cuando “Somebody” emerge cual himno al amor irresoluto. Una majestuosa parte del concierto seguida por un público que hace rato hipotecó la timidez.

“Behind The Wheel” y un segundo encore al ritmo contagiante de “Personal Jesus” cierran la velada. Sólo queda aplaudir la interpretación a dúo de Gore y Gaham para “Waiting For The Night”, el último episodio de los reyes del synth rock en Chile. De seguro, la postrera vez que los veremos por nuestras alejadas latitudes. Fue tan elegante como inolvidable. Una deuda saldada con tintes de sutil despedida. La vara más alta cuando de hacer balances del año se trate.