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Agosto 18, 2026

¿Reactivación económica o la misma desolación?

 La última reunión de los líderes del G-20, realizada en Pittsburg, Estados Unidos, vino a confirmar la estrategia levantada por los países ricos y las potencias emergentes para enfrentar la crisis: gigantescos paquetes de rescate financiero en conjunto con otros de estímulo fiscal para consolidar la endeble recuperación. Una serie de regulaciones coordinadas que ha llevado a los gobernantes y operadores financieros a anunciar, desde hace ya unos meses, el fin de la crisis. “Hemos tocado fondo”, se escucha como rumor extendido desde Wall Street a Santiago.

Y en Pittsburg, Barack Obama llegó a cantar victoria: “Hemos salvado a la economía mundial de caer en el abismo, pregonó en tono triunfal. Los “brotes verdes” de la economía, anuncian, derivarán en profusa vegetación. Pero podría, continuando con la figura retórica vegetal, mutar en maleza.

Lo que ha llevado a esta incipiente euforia no es mucho más que una atenuación de la caída de los indicadores económicos, los que se mantienen aún en un rojo furioso, y un alza en los precios de las acciones de las grandes corporaciones. Pero no resuelve ni da una respuesta al fondo del asunto: sobre qué bases se reactivará la economía mundial. Porque los problemas que condujeron al colapso, cuyo mayor estruendo lo marcó la caída del banco Lehman Brothers en septiembre del año pasado, siguen intactos. La actual recuperación, o ilusión de una recuperación, está apoyada en algo tan artificial como los billonarios paquetes de ayuda fiscal otorgados por los estados a las grandes corporaciones financieras e industriales. Sin esta ortopedia financiera, General Motors o el AIG (American Internacional Group) ya estarían quebrados.

La reactivación de la economía mundial busca apoyarse en las mismas bases del neoliberalismo globalizado. Comercio de bienes y servicios, flujos de inversiones, créditos y especulación financiera. Y, especialmente, consumo global. Sin consumo, o sin los niveles de consumo que obliga el dinamismo del capitalismo extremo, no hay producción ni crecimiento. Ni trabajo.

Reactivación sin empleo

Aquí está la gran y evidente paradoja en esta ilusoria reactivación de las economías. En Estados Unidos el nivel de desempleo alcanzó en agosto un 9,7 por ciento, el mayor índice registrado en 26 años. Y hacia el futuro, las cosas no vienen mejor. La OIT (Organización Mundial del Trabajo) publicó hacia la mitad de septiembre un informe dramático. En el mundo habrá 241 millones de desocupados, 61 millones más que el 2007 y tres millones más que la proyección realizada por esta misma organización en mayo pasado. Y sanciona: no se podrá hablar de verdadera recuperación económica hasta que se reponga el mercado laboral.

El director de la OIT, el chileno Juan Somavía, intenta ser un poco optimista. Pero no oculta el verdadero problema. Ante la cumbre en Pittsburg dijo que “las medidas de protección social y en favor del trabajo tomadas por el G-20 crearán o preservarán hasta once millones de empleos este año, lo que no impedirá que la desocupación mundial alcance niveles récord en 2009”.

Pero se trata de medidas de emergencia, de empleos con bajos salarios, insuficientes para estimular el consumo mundial. Sin ir más lejos, el último informe de desempleo entregado por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) reveló que la desocupación en Chile llegó al  10,8 por ciento, lo que representa más de 783 mil personas sin trabajo. El mismo informe dice que en julio pasado –que es el último mes medido- los desempleados habían aumentado, respecto a un año atrás, en más de un 30 por ciento. Y si miramos el comportamiento del empleo en las áreas productivas, tenemos que en la construcción ha caído casi un 50 por ciento respecto a julio del 2008 y en la industria más de un 30 por ciento. Hay algunos aumentos en servicios, pero bien sabemos que aquellos empleos son siempre muy precarios e inestables. En materia de empleo, en Chile y en el mundo estamos en plena recesión.

Lo confirma la OIT, y también el mismo Fondo Monetario Internacional (FMI). Hacia la última semana de septiembre el organismo multilateral  lanzó proyecciones que parecen venir de un mundo diferente al que habitan los banqueros de Wall Street y los gobernantes. Para el FMI, esto va para largo. Por lo menos, siete años. “Las pérdidas en el crecimiento a mediano plazo son significativas luego de una crisis. Siete años después de la misma, el crecimiento declinó cerca de un diez por ciento en promedio”. Según explica el mismo FMI, se trata de una afirmación hecha sobre la observación de anteriores 88 crisis bancarias.

Pero Obama tampoco ha podido ocultar estas cifras ni el escenario que se abre en el empleo en el corto plazo. En una entrevista con la cadena de televisión CNN dijo que el desempleo va a  empeorar  durante los próximos meses.”Quiero dejar claro que probablemente la situación laboral no mejorará considerablemente y que podría incluso empeorar un poco durante los próximos meses”.

La economía y su círculo vicioso

La economía ha entrado en un círculo vicioso del que no saldrá pese a todos los interesados augurios del establishment político-empresarial. Porque todas las fuerzas actuales apuntan, sino a la recesión y su profundización, a un largo estancamiento. Hay fuertes restricciones en el acceso al crédito, tanto para consumidores como productores, especialmente los más pequeños, lo que lleva a menor producción y consumo. Y, de allí, como consecuencia, más desempleo. La retroalimentación de todas estas variables nos conduce a un nuevo resumidero.

Y por qué les ha ido bien a las grandes corporaciones. La respuesta es bien clara: unas, las muy grandes, recibieron en Estados Unidos y Europa enormes paquetes de ayuda. Otras, muchas, han venido reduciendo costos mediante la incorporación de más tecnología y, principalmente, a través de despidos masivos.

Sin trabajo y sin crédito, quién comprará los juguetes tecnológicos, las nuevas viviendas, los automóviles asiáticos y europeos, las frutas exóticas. Porque en una economía basada en el alto consumo masivo y en la entelequia del crecimiento perpetuo, este no es un simple traspié, sino un obstáculo estructural. Una posibilidad es dejar que el mercado lo resuelva todo, con el riesgo ya anunciado por no pocos analistas de un estadillo social sin precedentes en la sociedad estadounidenses. Otro es recurrir a estímulos tipo keynesianos en la economía, como la creación de millones de empleos de emergencia, lo que significaría un nuevo abultamiento del ya gigantesco déficit fiscal estadounidense.

Es cierto que la economía estadounidense se contrae menos que hace unos meses, lo que es el efecto a las ingentes cantidades de dólares fiscales inyectados hace. Pero es una acción que tendrá también tremendos efectos indeseados. Alguien tendrá que pagar esa billonaria cuenta a favor de las grandes corporaciones. Y no serán ellas, sino el resto de la economía, el resto de la población del mundo.

Se estima que el déficit fiscal estadounidense alcanza ya 1,5 billones de dólares, o alrededor del diez por ciento del PIB, lo que es un nivel ya insostenible. ¿Cómo cubrirá ese déficit la Reserva Federal, que ya acarrea el peso del rescate extraordinario de los bancos? Cualquiera sea la solución, ésta arrastrará complicaciones inflacionarias y nuevas pérdidas de valor del dólar.

A partir de aquí, con esta magnitud de problemas económicos en Estados Unidos, los que con toda seguridad seguirán contaminando al resto del planeta, es muy improbable que la idea del fin de la recesión y la inminente reactivación llegue a realizarse. Lo que se abre son otras interrogantes. Uno, es un largo periodo de estancamiento, como prevé el FMI. El otro, es que la fractura al modelo capitalista globalizado pase a ser un daño estructural.

Las masivas protestas ante la cumbre de Pittsburg tienen que haber llamado la atención de numerosos observadores. Aunque no llegó a parecerse a las manifestaciones de Seattle en noviembre y diciembre de 1999 contra la reunión de la OMC –lo que dio inicio al movimiento mundial contra la globalización neoliberal- miles de manifestantes marcharon y centenares se enfrentaron a la policía, en lo que puede ser un preámbulo de una nueva convulsión social: existen ahora mayores condiciones objetivas que hace diez años atrás. El aumento del desempleo y los recortes a los planes sociales no auguran un futuro muy tranquilo en el corazón del imperio.

Un informe publicado a comienzos de septiembre por la  Oficina del Censo de Estados Unidos, reveló un aumento en los niveles de pobreza. Hacia finales del 2008 casi 39 millones de personas estuvieron bajo la línea estadística de pobreza, cifra que no tiene precedentes desde finales de los años 50.  Todo ello indica que la recuperación sólo ha llegado a los bancos y a Wall Street. Se trata más que nada de un asunto estadístico, técnico, sin relación alguna con la vida de los trabajadores y consumidores. En las actuales circunstancias y con los problemas ya citados, será muy difícil que el sol que ha aparecido en las cúpulas financieras llegue a las calles.

De una recesión en W a los guarismos chilenos

Una figura que hoy se discute entre los economistas es la forma gráfica que seguirá esta recesión, la que podría representarse como una W. Una primera caída violenta, que ya la tuvimos el año pasado, un recuperación, vivida en estos momentos, y una nueva caída brutal. ¿Cuándo? Tal vez muy pronto, como afirma el economista Nouriel Roubini. A diferencia de un largo período de estancamiento, como prevé el FMI, Roubini, que pudo predecir con increíble exactitud la actual crisis, cree que una nueva caída de la economía está ad portas. El mismo Premio Nobel de Economía del 2008, el estadounidense neokeynesiano Paul Krugman, también ha afirmado que la actual reactivación es un efecto de corto plazo. No es que la economía crezca, sino simplemente ha dejado de perder debido a la reducción de costos.

Y no sólo lo advierten economistas. Sino también otras instituciones, como el periódico Financial Times. Para el influyente medio sólo existen dos posibilidades: la primera es la tesis del FMI, una recesión larga con un prolongado periodo de estancamiento. La otra es la teoría de la W. Cuando desaparezca el efecto de los billones de dólares entregados para salvar bancos y empresas la economía estadounidense arrastrará al mundo a una nueva crisis y recesión. Una recaída impulsada por la contracción en el crédito y el alto desempleo.

En Chile, sin embargo, todo es euforia. El gobierno actúa como si ya no hubiera crisis, en circunstancias que son mínimos los números para sacar esas cuentas alegres. Solo tienen dos explicaciones: demagogia, por el lado gubernamental. Y oportunismo electoral: a ninguno de los candidatos del establishment le interesa profundizar el debate económico, en cuanto las soluciones sólo están fuera del modelo neoliberal. Y está el poder económico, expresado a través del duopolio informativo. Nada mejor que seguir haciendo negocios con la crisis, como ha quedado demostrado en los resultados de la banca y de las grandes corporaciones. Quien sufre los efectos de la recesión en Chile es el trabajador, el ciudadano.

Si miramos otros indicadores económicos, veremos que el desempleo seguirá su curso ascendente, aun cuando también es posible afirmar que el gobierno hará nuevamente sus interpretaciones en octubre, cuando aparezcan las estadísticas de agosto. Es un hecho que el desempleo es más alto en los meses de invierno, por tanto cuando hacia la primavera los números tiendan a descender oiremos gritos eufóricos. Pero será simplemente parte de un largo ciclo de altos niveles de desempleo.

Tras la crisis asiática, el desempleo tardó cinco años en alcanzar los niveles precios al colapso. En la actual coyuntura, si estimamos las proyecciones del FMI, el estancamiento podría extenderse por más tiempo. Según los economistas Juan Carlos Scapini y Hernán Frigolett, de la Universidad Central, el alto desempleo se mantendrá por lo menos por unos cuatro años: “El pronóstico del empleo para los próximos 48 meses es malo. Tendremos un pic de la tasa de desempleo del 11,8% en el mes de septiembre y el total de desocupados bordeará los 900.000 trabajadores, ese mes. Al igual que en ciclos recesivos anteriores, la creación de empleo evidenciará una reacción tardía, debido a que las empresas capitalizadas aprovecharán esta recesión para sustituir maquinaria por fuerza de trabajo”.

PAUL WALDER
Publicado en Punto Final