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Edgar Allan Poe escribió un magnifico cuento “La Máscara de la Muerte Roja” Cuenta en el alucinante relato que en un remoto país una peste se fue infiltrando en el Reyno de Próspero, un Príncipe. Como toda peste primero fueron pequeños y casi insignificantes síntomas, luego fueron más notorios e intensos y finalmente, como toda peste atacó con fiereza y sus efectos devastadores.
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Próspero, el Príncipe de aquel remoto Reyno, no halló mejor cosa que encerrarse con sus adláteres en su palacio y dar una fastuosa fiesta. Pensaba el Príncipe, asesorado por los consejeros de su Corte, que de esta manera podría burlar a la “peste Roja” que asolaba el Reyno. En Palacio estarían resguardados de lo que sucedía en el mundo exterior. Para ello organizaron, como ya he dicho, una gran fiesta de disfraces. Música, juglares y sobre todo los bufones del segundo piso del palacio entretenía al Príncipe y lo distanciaban de sus súbditos que golpeaban las puertas pidiendo ayuda.
Edgar Allan Poe, con delirante imaginación, narra en tan magnifico relato que el Palacio consta de varios aposentos, salones, todos ellos pintados de diferente color. Entre los selectos invitados, mientra el pueblo, para variar, muere irremediablemente por la peste implacable, logra divisar a un extraño. Un invitado que resulta ser un invitado de piedra. Aquel sujeto, que no pertenecía al grupo selecto, vestía una túnica blanca como la primera nieve que cae en la madrugada, antes que canten los gallos y se enciendan las chimeneas, y su rostro lo cubría con una máscara. El Príncipe, vaya a saber por que, Allan Poe no lo dice, se siente ofendido con la presencia de aquel ajeno al festín. No sigo contándoles el resto del relato pues prefiero que ustedes lo lean por si mismos. Lo cierto es que al leer esta obra no pude, por más que quise evitarlo, dejar de pensar en nuestra política nacional. Relacionar la historia con la coalición gobernante. También con la Coalición opositora.
No obstante el alto apoyo ciudadano que goza nuestra Presidenta- históricamente la mayor adhesión ciudadana que registra un Presidente a meses de dejar su cargo- no traspasa, transfiere, este respaldo popular al bloque político del cual surgió nuestra mandataria. Por otra parte el sector más duro, intransigente, ultramontano, del bloque opositor que en los primeros años de Gobierno ninguneó a la Presidenta con insolente verborrea –incluido el actual candidato Presidencial- hoy ante el masivo respaldo popular debe tragarse, cual sapo frío, sus palabras.
A diferencia del cuento de Allan Poe, en nuestra historia la máscara roja muere de una muerte anunciada. Y así como Próspero y sus selectos amigos y amigas se encerró en su gran palacio olvidándose del mundo real, pensando que con esto evitaba el contagio, sin importarle que el pueblo que no fue invitado a la fiesta de palacio moría en las calles, plazas, campos y esquinas del Reyno, hoy sucede lo mismo en la gran fiesta de mascaras que organizaron en su momento los príncipes criollos, con su selecto grupo de cortesanos de Expansiva, Chile XXI y con otro más selecto grupo de amigos del bloque opositor. La política de “la justicia en la medida de lo posible” la política “de los acuerdos” no tenía, en su ADN, defensas para un pueblo que se cansó de no ser invitado a las fiestas de palacio. Edgar Allan Poe cuenta que en el palacio de Próspero había un salón (recordemos que estos aposentos estaban pintados de distintos colores) que en su centro estaba instalado un enorme reloj de ébano, que cada cierto tiempo interrumpía la fiesta con un lúgubre sonido –cuando anunciaba las horas- lo que provocaba en los perpetuos invitados una sensación de terror impresionante. Sus rostros se desfiguraban, los manjares y bocados se volvían amargos y corrían presurosos a buscar sus asientos. El ruido ensordecedor del reloj de ébano tenía una especial cualidad: hacía desaparecer las sillas y, como en la verdadera versión de la sillita musical, de pronto habían más posaderas que sillas. El caos y confusión que esto provocaba era una fiesta para los que sobrevivieron a la peste. Los que llevan 20 años apoltronados en sillas afirmadas por el sudor del pueblo, cada día más conciente de caer en cuenta que puede abrir las puertas de palacio, escuchan lívidos y aterrados, como el sonido del reloj de ébano, inexorable, a medida que la tierra se mueve al mes de la fiesta del sol, se siente cada día más fuerte.
Edgar Allan Poe, con delirante imaginación, narra en tan magnifico relato que el Palacio consta de varios aposentos, salones, todos ellos pintados de diferente color. Entre los selectos invitados, mientra el pueblo, para variar, muere irremediablemente por la peste implacable, logra divisar a un extraño. Un invitado que resulta ser un invitado de piedra. Aquel sujeto, que no pertenecía al grupo selecto, vestía una túnica blanca como la primera nieve que cae en la madrugada, antes que canten los gallos y se enciendan las chimeneas, y su rostro lo cubría con una máscara. El Príncipe, vaya a saber por que, Allan Poe no lo dice, se siente ofendido con la presencia de aquel ajeno al festín. No sigo contándoles el resto del relato pues prefiero que ustedes lo lean por si mismos. Lo cierto es que al leer esta obra no pude, por más que quise evitarlo, dejar de pensar en nuestra política nacional. Relacionar la historia con la coalición gobernante. También con la Coalición opositora.
No obstante el alto apoyo ciudadano que goza nuestra Presidenta- históricamente la mayor adhesión ciudadana que registra un Presidente a meses de dejar su cargo- no traspasa, transfiere, este respaldo popular al bloque político del cual surgió nuestra mandataria. Por otra parte el sector más duro, intransigente, ultramontano, del bloque opositor que en los primeros años de Gobierno ninguneó a la Presidenta con insolente verborrea –incluido el actual candidato Presidencial- hoy ante el masivo respaldo popular debe tragarse, cual sapo frío, sus palabras.
A diferencia del cuento de Allan Poe, en nuestra historia la máscara roja muere de una muerte anunciada. Y así como Próspero y sus selectos amigos y amigas se encerró en su gran palacio olvidándose del mundo real, pensando que con esto evitaba el contagio, sin importarle que el pueblo que no fue invitado a la fiesta de palacio moría en las calles, plazas, campos y esquinas del Reyno, hoy sucede lo mismo en la gran fiesta de mascaras que organizaron en su momento los príncipes criollos, con su selecto grupo de cortesanos de Expansiva, Chile XXI y con otro más selecto grupo de amigos del bloque opositor. La política de “la justicia en la medida de lo posible” la política “de los acuerdos” no tenía, en su ADN, defensas para un pueblo que se cansó de no ser invitado a las fiestas de palacio. Edgar Allan Poe cuenta que en el palacio de Próspero había un salón (recordemos que estos aposentos estaban pintados de distintos colores) que en su centro estaba instalado un enorme reloj de ébano, que cada cierto tiempo interrumpía la fiesta con un lúgubre sonido –cuando anunciaba las horas- lo que provocaba en los perpetuos invitados una sensación de terror impresionante. Sus rostros se desfiguraban, los manjares y bocados se volvían amargos y corrían presurosos a buscar sus asientos. El ruido ensordecedor del reloj de ébano tenía una especial cualidad: hacía desaparecer las sillas y, como en la verdadera versión de la sillita musical, de pronto habían más posaderas que sillas. El caos y confusión que esto provocaba era una fiesta para los que sobrevivieron a la peste. Los que llevan 20 años apoltronados en sillas afirmadas por el sudor del pueblo, cada día más conciente de caer en cuenta que puede abrir las puertas de palacio, escuchan lívidos y aterrados, como el sonido del reloj de ébano, inexorable, a medida que la tierra se mueve al mes de la fiesta del sol, se siente cada día más fuerte.
