En la zona de Swat, el ejercito había concluido el pasado mes de julio, el grueso de sus operaciones actuales contra los insurgentes, que el mando militar calcula hoy en día en unos pocos centenares.
Por otro lado, una fuente de un hospital pakistaní informó a un medio de comunicación de la localidad que la cifra de fallecidos llegaba a 36, mientras que el número de heridos se registraba en 30.
Fuentes oficiales calificaron este ataque como el cuarto de mayor envergadura que sufre Pakistán en tan sólo una semana, pues el pasado lunes en las oficinas de la Organización de Naciones Unidas (ONU), un atentado suicida dejó como resultado cinco trabajadores del organismo en Islamabad (norte y capital de Pakistán).
Asimismo, bajo las mismas condiciones de ataque, 53 personas murieron el pasado viernes en una zona comercial de Peshawar, capital de la Provincia de la Frontera Noroeste.
Durante este sábado en la ciudad de Rawalpindi, cerca a Islamabad, los insurgentes asaltaron el cuartel general del Ejército y tomaron algunos rehenes antes de que el Ejército controlara la situación.
En medio de este ataque 20 personas fallecieron, entre ellos nueve insurgentes, tres rehenes y ocho miembros de las fuerzas de seguridad.
Cerca de 280 atentados perpetrados en su mayoría por kamikazes talibanes han matado a más de dos mil 200 personas en todo el país en poco más de dos años.
Este nuevo ataque se produce justo después de que el ejército anunciase que había bombardeado los refugios de los talibanes en las zonas tribales del noroeste del país, fronterizas con Afganistán.
Por su parte, el portavoz del Movimiento de los Talibanes de Pakistán (TTP), declaró que “tenemos capacidad para golpear donde queramos en Pakistán, podemos tomar como blanco los lugares más importantes”.
Este grupo es uno de los principales responsables de la ola de atentados que sacude al país desde 2007, pues el TTP reprocha al gobierno de Islamabad de ser aliado de Washington desde finales de 2001 en su “guerra contra el terrorismo”.
Con regularidad, los aviones sin piloto de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA, por su siglas en inglés) o del ejército estadounidense disparan misiles en las zonas tribales contra supuestos dirigentes de la red de Osama bin Laden y de los talibanes.
Esta intensificación de violencia tiene lugar en momentos en el que presidente estadounidense, Barack Obama, se le atribuyó este viernes el premio Nobel de la Paz, y cuando el Gobierno de ese país ha lanzado una importante revisión de la estrategia de su país en Afganistán y Pakistán.
La Casa Blanca (sede de Gobierno estadounidense) anunció el pasado lunes que el presidente Obama no ordenará un retiro de tropas de la guerra de Afganistán, pese a que el mandatario enfrenta decisiones difíciles para sus fuerzas armadas en el país centroasiático.
Eso sumado a que el jefe de Estado del país norteamericano estudia el pedido del máximo comandante de las fuerzas de su país en Afganistán, que sugirió que Estados Unidos envíe 40 mil soldados adicionales a la guerra en esa nación.
Ésto pese a que en ocho años de invasión estadounidense en Afganistán han muerto más de 860 militares de esa nación y otros 570 de las fuerzas extranjeras, según cifras oficiales.
