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Agosto 18, 2026

¿Qué hicimos el 5 de octubre?

Los bombazos, la noche anterior, el 4 de octubre de 1988, y los apagones, trataron de detener la marea libertaria, por si acaso.
Pero fue en vano.
Ahora la llama era de verdad la verdadera llama de la libertad.
 

Corría de mano en mano, era multitudinaria, de mujer en mujer, de apoderado en apoderado, de viejo en viejo. Y los vientos soplaban a favor de la llama, inflamándola  aún más.

Y la llama –nunca había visto cosa igual el Mediocampista- la encendían los muertos, aparecían los desaparecidos, la encendían y la traía Akim sin dolores de huesos, la traía el profesor de la UTE sin scotch en los párpados, la traían sin miedo el Onda Que Fa, y el dirigente poblacional que repetía los números durmiendo en La Patilla, ahora bien despierto.

“A la hora del naufragio y de la oscuridad alguien te rescatará para ir cantando”.

Los cortes de luz en la tarde y la noche de la votación no importaban, la llama era demasiado potente.

La paz era demasiado potente y ahogaba la guerra.

La bondad enterraba a los degolladores.

La votación era ordenada, silenciosa, espléndida, magnífica.

Silenciosa. Por todos lados. Por todas las calles corría el silencio.

El silencio amargo de los yanaconas y el silencio maduro y solemne de los disciplinados demócratas, sumados, inundaban Santiago y las regiones y sólo era quebrado por el rítmico canto de una mujer que nombraba los votos de una mesa rodeada de gente vigilante también silenciosa: No, Sí, Sí, No, No, No…y sepultaba al tirano.El tirano, que empezó a vomitar y a marearse con la abrupta subida del colesterol del miedo, y las palpitaciones triglicéridos, quiso resucitar en la noche, cuando Fernández y Cardemil le dieron la definitiva mala nueva, y ordenó a Zara estar presto con sus corvos para salir a la Alameda que estaba desierta y abalanzarse contra el Comando del NO, donde en un piso estaba el Mediocampista trabajando en informes de prensa y preparando la nueva edición del Vamos Chile. En otro, el hijo mayor del Mediocampista en el conteo rápido de los votos que llegaban por doble línea de apoderados. Pudieron morir los dirigentes y funcionarios del NO pero la fuerza de la historia detuvo ahora el brazo de Pinochet y la disposición sanguinaria de Zara. Ya no estaban detrás los norteamericanos, ya no había una sola voz en el alto mando, ya hasta los Jarpa y los Matthei querían diferenciarse, desligarse un centímetro, para que el guillotinazo blanco de sufragios ciudadanos sólo alcanzara en el cuello al milico de los lentes oscuros, el ignorante que se creía invencible, el follón.

A 21 años recuerdo bien el periódico del NO, el Vamos Chile.

Aprobado el proyecto de tabloide por Carlos Figueroa y Genaro Arriagada, del Comando Metropolitano, formamos un equipo con ex destacados de Fortín, como Jorge Rojas y Pedro Armendáriz, pedimos fotos a Tito Palacios y a la Paty Alfaro, incorporamos a prensa a Marianela Ventura y confiamos en la imprenta de Jojagoja. Instalamos las “oficinas” del periódico en una que nos entregó gratuitamente Jaime Manuschevich en la calle Tarapacá, entre San Diego y Zenteno. Y recibimos el apoyo de las periodistas del  Comando,  Josefina Rossetti y Ximena Gattás.

Eso fue todo.

Fue un éxito el Vamos Chile. No por su venta, porque no se vendía, si no porque los activistas sin sueldo del NO se lo peleaban todas las semanas en el Comando de Lastarria con Alameda, muy cerca del Diego Portales, y porque servía para informar en los comandos comunales que crecían como callampas en un Santiago en primavera.