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Agosto 18, 2026

La “Negra” de todos los colores…

  Más allá de los gustos, hay ciertos preceptos que un buen melómano sabe y reconoce casi por osmosis. Y yo no le voy a mentir. Nada me molesta más que ver movimientos izquierdistas revolucionarios apocalípticos circunbirumbicos –sí, me burlo de ellos sin asco- adueñándose del legado cultural de la Negra Sosa. Como si de golpe pudiesen afincar la música y los artistas que esta engendra a ciertos estratos, ideologías o meros mandamientos rebosados de cinismo.

Mercedes Sosa se definía como una artista del pueblo y ni su apego a las causas izquierdistas ni su devoción por el peronismo la apartaron de ese carácter transversal. Mala costumbre la de simbolizar a todo aquél creador exiliado por un gobierno militar como simpatizante y cultor de ciertas patrañas políticas libertarias cuando en definitiva se trata de extraer la base de esos envoltorios discursivos para labrar lo simple: la igualdad.

Esa simple búsqueda equitativa motivó a la “cantora” tucumana a iniciarse en la veta musical que exploraba los sones del folclore campestre sin oponerse al gen de los ritmos citadinos. Más bien, buscaba el paradigma que uniese la corriente nativa y la popular, subida en un carro artístico surgido en Mendoza y bautizado como el Movimiento del Nuevo Cancionero Argentino, junto a Tejada Gómez -el autor de “Canción con Todos”, el himno latino e integrador  por excelencia)- Matus y Aragón, todos a la vera de Atahualpa Yupanqui.

La principal idea, la más genuina era aunar las diferentes expresiones melódicas, creando un cancionero popular integral y extirpando la idea de tango versus los acordes del interior. Nada ulterior ni más pretencioso. Y como pasó veinte años después con el rock latino influenciado por Charly García y sus discípulos en todo un continente, o también con las primeras formaciones en instalar el reggae y el ska a fines de los ’80 y comienzos de la década siguiente, Argentina propició el chorreo.

Por eso pueden atribuirles el formato “canción de autor” que simboliza el amor por la tierra y la hermandad de los pueblos.  Tal obra encarna más una utopía artística que una emancipación bolivariana o partituras Made In Soviet basadas en fundamentos sociopolíticos añejos. No es bueno mezclar, por más que Chile veamos con espanto como algunos se alinean con la moda y el discurso populista –confundiéndolo con lo popular-, alimentando desequilibrios pérfidos entre los que se abanderizan en uno u otro bando.  

Mi memoria retrotrae a la Sosa por sucesos ampliamente expresivos del arte latinoamericano moderno, muy lejos de la etiqueta que varios quieren poner hoy sobre su ataúd. La recuerdo versionando canciones de Violeta Parra –el más preciado regalo que la voz grave ofrece a Chile fue trascender el catálogo de nuestra más célebre compositora por el orbe-, de León Gieco, de Víctor Heredia, Fito Páez o incluso Divididos, una de mis bandas rock favoritas. Jamás en una parada de política divergente.

Yo sé que la mayoría comparte y abraza este criterio. Pero aún así, me parece bueno hacer justicia sobre las conciencias de los menos amplios, los que se pegaron en épocas pasadas, ven todo en blanco o negro y conservan resquicios de idiotez que trasladan su propia tranca a la única herencia que trasunta la totalidad de colores: el arte. Más cuando algunos aún miran a Victor Jara como enemigo de los milicos y amigo de los trotskistas o sienten que Silvio Rodríguez es la expresión viva de las ideas anticapitalistas de Fidel Castro. La buena música no patrocina a sádicos pero de igual manera rellena sus espacios vacíos de resentimiento.

Si el viejo y reformateado Charly cantaba no querer vestirse de rojo, no cometamos el desacato moral de recordar a Mercedes Sosa como la expresión de unos pocos, de los más resentidos o los miembros del pueblo combatiente. No señores, ese acto injusto sería echar por tierra su herencia, manchar su trayectoria y obviar su verdadero norte, la integración más allá de la frontera, el origen o el idioma.

Las canciones son de todos, los artistas pasan también a ser parte de todos. “ La Negra ” traspasó los ínfimos colores para juntarnos en un gran coro libre de expresiones ideológicas. Yo, al menos, voy a recordarla así…