| Jorge Arrate no es el candidato de toda la izquierda, así como Frei no lo es de toda la Concertación. No es Piñera del gusto de toda la derecha, ni Enríquez Ominami santo de la devoción de todos los independientes.
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Lo debates, de lo cuales no ha habido, ni habrá ninguno, debieran ser un momento en que candidatos dijeran sus propuestas y las contrastaran con la de los otros.
En subsidio, se ha visto por estos días, un programa de televisión que muestra resumidamente el Chile de hoy. Lo que no es, parece que fuera, lo que parece ser, en definitiva tampoco es.
Veamos.
Parte de la derecha trata de hacerse, sin necesidad alguna, de la única fracción de poder que no tiene. Postula a uno de los hombres más ricos de Chile, Sebastián Piñera, quien se come las uñas y se traga todo lo que puede comprar a la mitad y vender al doble. Su filosofía ha sido ganar hasta que duela. Se sube al estrado y repite la monserga cansadora de la puerta giratoria, la clase media, mano dura con la delincuencia y asegura que generará un millón de empleos.
Pareciera que la economía que le ha permitido ser millonario no tiene nada que ver con las lacras que la sociedad sufre. Como si no fuera cierto que la riqueza de los pocos cada vez más ricos, no fuera la madre los muchos cada vez más pobres.
Un ex presidente y colega empresario le recuerda su yayita con las acciones de LAN, línea aérea que hasta hace años era una empresa de todos los chilenos. Su corbata nunca más estuvo en su lugar a partir del momento en que el ex presidente le deja caer parte de su ficha. Sus asesores estudian formas de decir que no fue un delito, sabiendo que en un país con leyes decentes, estaría preso por ladrón y mentiroso.
El ex presidente Eduardo Frei Ruiz Tagle, apoyó sin disimulo a la dictadura con un silencio que terminó cuando ya hablar no era gracia. También entregó parte del ingreso suyo y de sus trabajadores a la reconstrucción nacional, cogoteo magnífico a los que creyeron, hace muchos años, que para levantar el país del desastre de la UP, eran necesarios anillos de oro y dinero constante y sonante.
Durante su presidencia, raro, no hizo lo que ahora se propone. Con un olfato especial para el poder, cambió de look para el efecto de que nadie recuerde su gesto pesado, su ceño fruncido, su prepotencia en el acto y la palabra. A su estilo autoritario y sin gracia, le sobrevivieron sus magníficas joyas de estadista que terminaron con narcotraficantes indultados, el agua y otros recursos fiscales en manos de privados, avances en materia de depredación medioambiental y el rescate del dictador desde Inglaterra. Uno de sus ministros del Trabajo fue Jorge Arrate Mac Niven
No sólo Ministro del Trabajo. También Jorge Arrate fue Secretario General de Gobierno, en la administración Frei Ruiz Tagle, entre otros cargos no menos modestos. Porque hasta ayer, Jorge Arrate pasaba sus mejores años en la coalición de gobierno y, de un momento a otro, en escasos veinte años, se dio cuenta de que lo obrado no es suficiente y se propone como candidato de parte de la izquierda para levantar consignas novedosas: nueva constitución, reforma laboral, fin a la exclusión, entre otras.
Jorge Arrate militó toda su vida en el Partido Socialista en el cual compartía La Marsellesa y el puño en alto con Marco Enríquez Ominami, MEO, para sus amigos.
Hijo de Miguel Enríquez, podría hacer lo que su padre no alcanzó: incendiar Chile. Descubrió que era un cachorro de león que podía disputarles a los ancianos machos alfa la conducción de la manada y se lanzó al empeño de desordenar lo que parecía ordenado. Han tratado de liquidarlo mediante distintas fórmulas porque da la impresión que su aventura tiene revuelta a la Concertación más allá de lo que pueden soportar sus dueños.
La irrupción del diputado cruzándose al ex presidente, ungido en una primaria chamullenta, ofrece la extraordinaria posibilidad de despeinar las cosas como están, darles una nueva manito de pintura y dejarlas de otro color y de paso, el llanterío en los partidos de la Concertación.
Alentado por la gracia de la diferencia, entre Arrate y él median 32 años, se dio cuenta que a la falta de ideas y novedosas propuestas de la Concertación, achanchada en la inercia del poder y de una izquierda perdida en la bruma y la soledad de la amnesia, le queda bien tantear por aquí y por allá.
Con un rating modesto, el programa que mostró a los candidatos presidenciales en horario prime, dejó en claro que falta mucho para hacer las preguntas que faltan y responder las que sobran. Y superar su modesto 26 % y alcanzar el 48% de “Dónde Elisa”.
