Por otro lado, don Javier tiene prefecto derecho a poner su pluma al servicio o mostrar simpatías conmovedoras por los muchachos venezolanos que, viviendo en sus mansiones ubicadas en las hermosas “colinas” de Caracas, descienden sobre la plaza Francia y denuncian con varonil energía los desmanes del chavismo, mientras los menos favorecidos que sólo viven en “cerros”- pues hasta en el lenguaje se acusan las diferencias- mantienen un ojo abierto por si aparece un pinochet disfrazado de libertario civil.
Recoger las palabras de Funes, ex combatiente del FMLN, saboreando su incipiente perfume neoliberal como argumento de peso, no parece una tarea intelectual muy titánica y solvente ya que Chile está plagado de “ex” dedicados a la poca virtuosa tarea de defender y sacarle partido al neoliberalismo instalado por la dictadura. Arremeter contra Chávez y ALBA y desparramar tinta de pulpo para esconder las visibles y vergonzosas ausencias de los neoconservadores chilenos que no se han matriculado con ninguna de las iniciativas que o en las que ALBA ha impulsado o participado: desdolarización de la economía mundial, el Banco del Sur, los vínculos de Africa con América del Sur, Petrocaribe, etc., no parece ser una tarea muy digna.
Tampoco es original ni novedad que don Javier desarrolle urticaria por las palabras del cineasta Oliver Stone al calificar a Uribe de títere del “imperio yanqui”, ya que debiera saber que también hay gringos derechos que tienen la película clara o se la han aclarado últimamente. Sin ir más lejos, algunos medios de comunicación han exhibidos estos últimos dias videos con cientos de muchachos que se proclamaban anarquistas-comunistas, palabrotas que ciertamente atentan contra el pudor ideológico y el entrecejo de muchos denominados columnistas y escritores.
Don Javier podrá utilizar todo los argumentos que desee contra la Revolución Bolivariana, pero se olvida que, al igual que los niños pequeños, las revoluciones tropiezan, caen, se levantan y finalmente caminan erguidas hasta cumplir su tiempo histórico, sin que valgan pataleos.
Por último, su majadera insistencia en equiparar nazismo y stalinismo, revela, por decir lo menos, incomprensión de la Historia: los ideales de los bolcheviques que edificaron y murieron en defensa del primer pais socialista, siguen y seguirán inspirando a las nuevas generaciones que luchan en cualquier parte del mundo por una sociedad más justa, en cambio el triunfo de la raza superior y el exterminio de las inferiores jamás será un ideal progresista.
Héctor Arroyo Llanos
