google-site-verification: google096975d001c6a771.html
Agosto 18, 2026

HERIDO POR EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI

Cuando un escritor y columnista como el ciudadano don Javier Campos se duele de las iniquidades que atentan contra la hidalguía y virilidad de Uribe y Vargas Llosa, las torturas a las que se exponen los “freedom fighters” venezolanos que defienden la “libertad”, condena con denuedo y energía a los Stone, Chávez, Chomsky, Moore de este mundo y saborea con deleite las palabras del presidente de San Salvador que avanza la puntita de un programa neoliberal (sujeto a futura confirmación histórica), pienso que vale la pena comentar su égloga.

Previamente, sin embargo, recuerdo, y espero que él también, que el discurso de los freedom fighters que combatían a Allende se parece mucho al que usan los enemigos del Socialismo Siglo XXI, denunciando la pérdida de la querida libertad que la dictadura les recuperó para que se sentaran en ella y sirviera sólo para devolverles las empresas expropiadas e instalar a punta de metralleta el modelo neoliberal que aún cuenta con sus derviches acríticos. Al respecto, las palabras de Walter Riesco, en una declaración pública del 14 de Junio de 2000, publicada por el periódico electrónico Tutopia, agradeció la recuperación de sus fundos, bancos y fábricas, diciendo: “El empresariado chileno tiene una gran lealtad hacia Augusto Pinochet. Tenemos razones para estarle agradecido, porque devolvió a los empresarios todas sus propiedades, que habían sido requisadas por las autoridades marxistas de aquella época”. Más libre no hay.

Por otro lado, don Javier tiene prefecto  derecho a poner su pluma al servicio o mostrar simpatías conmovedoras por los muchachos venezolanos que, viviendo en sus mansiones ubicadas en las hermosas “colinas” de Caracas, descienden sobre la plaza Francia y denuncian con varonil energía los desmanes del chavismo, mientras los menos favorecidos que sólo viven en “cerros”- pues hasta en el lenguaje se acusan las diferencias- mantienen un ojo abierto por si aparece un pinochet disfrazado de libertario civil.

Recoger las palabras de Funes, ex combatiente del FMLN, saboreando su incipiente perfume neoliberal como argumento de peso, no parece una tarea intelectual muy titánica y solvente ya que Chile está plagado de “ex” dedicados a la poca virtuosa tarea de defender y sacarle partido al neoliberalismo instalado por la dictadura. Arremeter contra Chávez y ALBA y desparramar tinta de pulpo para esconder las visibles y vergonzosas ausencias de los neoconservadores chilenos que no se han matriculado con ninguna de las iniciativas que o en las que ALBA ha impulsado o participado: desdolarización de la economía mundial, el Banco del Sur, los vínculos de Africa con América del Sur, Petrocaribe, etc., no parece ser una tarea muy digna.

Tampoco es original ni novedad que don Javier desarrolle urticaria por las palabras del cineasta Oliver Stone al calificar a Uribe de títere del “imperio yanqui”, ya que debiera saber que también hay gringos derechos que tienen la película clara o se la han aclarado últimamente. Sin ir más lejos, algunos medios de comunicación han exhibidos estos últimos dias videos con cientos de muchachos que se proclamaban anarquistas-comunistas, palabrotas que ciertamente atentan contra el pudor ideológico y el entrecejo de muchos denominados columnistas y escritores.

Don Javier podrá utilizar todo los argumentos que desee contra la Revolución Bolivariana, pero se olvida que, al igual que los niños pequeños, las revoluciones tropiezan, caen, se levantan y finalmente caminan erguidas hasta cumplir su tiempo histórico, sin que valgan pataleos.

Por último, su majadera insistencia en equiparar nazismo y stalinismo, revela, por decir lo menos, incomprensión de la Historia: los ideales de los bolcheviques que edificaron y murieron en defensa del primer pais socialista, siguen y seguirán inspirando a las nuevas generaciones que luchan en cualquier parte del mundo por una sociedad más justa, en cambio el triunfo de la raza superior y el exterminio de las inferiores jamás será un ideal progresista.

Héctor Arroyo Llanos