| Personalmente, no creo en el “eterno retorno”, tampoco en aquello de que los acontecimientos trágicos se transformen en comedia, pero ocurre, a veces, encontrarse con situaciones que uno piensa haberlas soñado. En octubre de 2005 la encuesta CEP daba al humanista Tomás Hirsch un 2,5% de opiniones favorables; en septiembre de 2009 este mismo oráculo de la derecha da a Jorge Arrate un 1%. |
Días antes en un foro televisivo en 2005 se presentaron los candidatos a la presidencia de la república Michelle Bachelet – que por ese entonces encabezaba las encuestas – Joaquín Lavín por la UDI y Sebastián Piñera por RN. Como siempre, el CEP se equivocó en toda la plana: en la encuesta estaba Lavín sobre Piñera y el resultado fue a la inversa; Hirsch obtuvo 5,5% y no 2,5%. Creer en las encuestas es tan ingenuo como tragársela que los candidatos van a cumplir lo que prometen.
El foro televisado de 2005 fue verdaderamente catastrófico: los candidatos no dijeron más que tonterías, salvo Hirsch; la derecha repetía las mismas ideas de siempre – la del “candado para cerrar la puerta giratoria o la de enviar a los “rotos” a una isla para que no sigan atentando contra la propiedad-; Piñera repetía la canción de que “jubilación viene de júbilo”, ofrecía un millón de empleos – al igual que hoy- y mejorar la educación: todo para los rotos, pero sin los rotos. Uno creería que Piñera y Lavín eran asimilables a Danton y Marat, pero como siempre hay carneros en esta maldita viña del Señor, podrán seguir engatusando a los electores.
Michelle, siempre auténtica, virginal, transparente y amorosa – en ese tiempo yo escribía en Las Últimas Noticias, con el seudónimo “Diógenes de Pelequén”, y se me ocurrió invitarla a una quinta de recreo, en la calle Matucana, barrio que me parecía muy adecuado para la mentalidad y modo de vida de su principal asesor, Camilo Escalona; la verdad es que fue una simulación de un encuentro amoroso que terminaba pésimo para “Diógenes de Pelequén”- desgraciadamente contaba con el mismo consejero comunicacional de Eduardo Frei, Pablo Harpen, quien no pudo aconsejarle más tonterías y, como consecuencia, Michelle se presentó al foro con una imagen acartonada, adusta, lejana, y repitiendo una especie de catecismo concertacionista de lo más torpe y aburrido – incluso, me atrevería a pensar que no contestó adecuadamente una pregunta simple sobre “el tipo de cambio”.
En esa ocasión Hirsch estuvo genial: acusó a los derechistas de “frescos de raja” cuando se atrevían a hablar de los derechos humanos que ellos mismos habían atropellados; se le veía lúcido, relajado e, incluso, irónico y jocoso. No faltó el imbécil y amargado que acusó a Tomás de ser el “cura de Catapilco” – al igual que hoy lo hacen con Marco E-O- que, en 2005, sólo podía estar en la mnete de un desconformado cerebral.
En Chile, los comentaristas políticos son similares a las sacerdotisas de Atenea: dicen puras estulticias que la gente toma por opiniones científicas –algo parecido ocurre con los médicos y otros profesionales, que le ponen raíz griega para describir un simple dolor de cabeza-. Roberto Méndez dijo que Hirsch era “atípico para la izquierda”, que poseía un alto nivel intelectual y que su única debilidad era hablar sin parar contra el imperialismo; para Germán Gamonal, el candidato de Juntos Podemos Hirsch era “serio y no farandulero”; para Marta Lagos, este candidato no era “ningún fenómeno”- igual expresión, hace pocos días, tuvo respecto a Marco E-O. No se extrañe querido lector si lee los mismos comentarios cuatro años después.
El éxito de Jorge Arrate, en el foro del pasado miércoles, es completamente explicable: es el político con más trajín en las lides políticas, así como habilidad con respecto a sus rivales; Eduardo, a pesar de haber sido Presidente, sigue siendo bastante limitado en oratoria, y Sebastián, una locomotora en paquete de nervios, con un registro político bastante escaso; sólo Marco, aun cuando joven y sin la experiencias y edad de Jorge, podría acercarse. Por lo demás si hiciéramos un ranking de cultura, Arrate tiene no sólo una gran capacidad de lectura –variadas, incluyen novelas y cuentos, géneros que nuestros prohombres, salvo Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende, son incapaces de explorar- sino que también ha escrito varios ensayos sobre la renovación del socialismo, entre otras materias – incluso, creo que está escribiendo una novela, según dicen, entretenida; no será un Simenón, pero al parecer promete ser un buen escritor en nuestro medio, la Beocia de América Latina. Es evidente que debido a su capacidad cultural era lógico que se luciera.
Marco también es un hombre bastante culto e inteligente; por lo demás, mi madre, Marta Rivas, y abuela de Marco educó a sus nietos, durante el exilio en París, en la lectura de los mejores autores europeos – en especial Marcel Proust, Montaigne, Voltaire y otros-; además, Marco estudió filosofía, y no sé bien la razón por la cual sigue citando a Schopenhauer, en la idea de El mundo como voluntad y como representación, pero a marco le sobra cultura e imaginación.
De Sebastián Piñera ignoro sobre sus lecturas, pero intuyo que las encamina hacia libros de moda, aquellos que seleccionan Artes y Letras, de El Mercurio, y escritos de economía, como las Memorias de los famosos empresarios y ex presidentes e la FED.
Eduardo Frei es hijo de uno de los hombres más cultos de la época republicana –pasaba fácilmente de Mounier a Thomas Mann; conocía a cabalidad la literatura histórica chilena, incluso escribió un libro sobre la historia de los partidos políticos chilenos, junto a Alberto Edwards. Con Eduardo Frei hijo ocurre un fenómeno que se ha dado, a menudo, en la historia: querer hacer algo muy diferente a su padre y estar harto de la lectura de títulos de su progenitor. Eduardo hijo, ingeniero hidráulico, pienso que prefiere los libros sobre logaritmos y cálculo infinitesimal a las latas de los humanistas de los años 30, de quienes su padre era tan aficionado. Muchas veces pasa que un hijo de intelectual quiera convertirse en un hombre manual y que sólo lea la mecánica popular.
Jorge Arrate tuvo la habilidad de centrar su discurso y sus respuestas en los postulados de la izquierda y en la herencia del allendismo; muy razonablemente, no le interesó ganar la acomodaticia y pacata clase media y menos los magnates; así fue fácil para Jorge presentar un coherente plan de izquierda, de ideas tan atractivas como derogar inmediatamente la monstruosa Constitución de 1980, nacionalizar nuestras riquezas básicas – pienso que debiera incluir el litio, explotado por el yerno del baboso y ladrón Augusto Pinochet.
En otra oportunidad seguiré analizando los pormenores programáticos de los candidatos a la presidencia de Chile, que fueron enunciados en el foro.
Rafael Luís Gumucio Rivas
25-09-09
El foro televisado de 2005 fue verdaderamente catastrófico: los candidatos no dijeron más que tonterías, salvo Hirsch; la derecha repetía las mismas ideas de siempre – la del “candado para cerrar la puerta giratoria o la de enviar a los “rotos” a una isla para que no sigan atentando contra la propiedad-; Piñera repetía la canción de que “jubilación viene de júbilo”, ofrecía un millón de empleos – al igual que hoy- y mejorar la educación: todo para los rotos, pero sin los rotos. Uno creería que Piñera y Lavín eran asimilables a Danton y Marat, pero como siempre hay carneros en esta maldita viña del Señor, podrán seguir engatusando a los electores.
Michelle, siempre auténtica, virginal, transparente y amorosa – en ese tiempo yo escribía en Las Últimas Noticias, con el seudónimo “Diógenes de Pelequén”, y se me ocurrió invitarla a una quinta de recreo, en la calle Matucana, barrio que me parecía muy adecuado para la mentalidad y modo de vida de su principal asesor, Camilo Escalona; la verdad es que fue una simulación de un encuentro amoroso que terminaba pésimo para “Diógenes de Pelequén”- desgraciadamente contaba con el mismo consejero comunicacional de Eduardo Frei, Pablo Harpen, quien no pudo aconsejarle más tonterías y, como consecuencia, Michelle se presentó al foro con una imagen acartonada, adusta, lejana, y repitiendo una especie de catecismo concertacionista de lo más torpe y aburrido – incluso, me atrevería a pensar que no contestó adecuadamente una pregunta simple sobre “el tipo de cambio”.
En esa ocasión Hirsch estuvo genial: acusó a los derechistas de “frescos de raja” cuando se atrevían a hablar de los derechos humanos que ellos mismos habían atropellados; se le veía lúcido, relajado e, incluso, irónico y jocoso. No faltó el imbécil y amargado que acusó a Tomás de ser el “cura de Catapilco” – al igual que hoy lo hacen con Marco E-O- que, en 2005, sólo podía estar en la mnete de un desconformado cerebral.
En Chile, los comentaristas políticos son similares a las sacerdotisas de Atenea: dicen puras estulticias que la gente toma por opiniones científicas –algo parecido ocurre con los médicos y otros profesionales, que le ponen raíz griega para describir un simple dolor de cabeza-. Roberto Méndez dijo que Hirsch era “atípico para la izquierda”, que poseía un alto nivel intelectual y que su única debilidad era hablar sin parar contra el imperialismo; para Germán Gamonal, el candidato de Juntos Podemos Hirsch era “serio y no farandulero”; para Marta Lagos, este candidato no era “ningún fenómeno”- igual expresión, hace pocos días, tuvo respecto a Marco E-O. No se extrañe querido lector si lee los mismos comentarios cuatro años después.
El éxito de Jorge Arrate, en el foro del pasado miércoles, es completamente explicable: es el político con más trajín en las lides políticas, así como habilidad con respecto a sus rivales; Eduardo, a pesar de haber sido Presidente, sigue siendo bastante limitado en oratoria, y Sebastián, una locomotora en paquete de nervios, con un registro político bastante escaso; sólo Marco, aun cuando joven y sin la experiencias y edad de Jorge, podría acercarse. Por lo demás si hiciéramos un ranking de cultura, Arrate tiene no sólo una gran capacidad de lectura –variadas, incluyen novelas y cuentos, géneros que nuestros prohombres, salvo Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende, son incapaces de explorar- sino que también ha escrito varios ensayos sobre la renovación del socialismo, entre otras materias – incluso, creo que está escribiendo una novela, según dicen, entretenida; no será un Simenón, pero al parecer promete ser un buen escritor en nuestro medio, la Beocia de América Latina. Es evidente que debido a su capacidad cultural era lógico que se luciera.
Marco también es un hombre bastante culto e inteligente; por lo demás, mi madre, Marta Rivas, y abuela de Marco educó a sus nietos, durante el exilio en París, en la lectura de los mejores autores europeos – en especial Marcel Proust, Montaigne, Voltaire y otros-; además, Marco estudió filosofía, y no sé bien la razón por la cual sigue citando a Schopenhauer, en la idea de El mundo como voluntad y como representación, pero a marco le sobra cultura e imaginación.
De Sebastián Piñera ignoro sobre sus lecturas, pero intuyo que las encamina hacia libros de moda, aquellos que seleccionan Artes y Letras, de El Mercurio, y escritos de economía, como las Memorias de los famosos empresarios y ex presidentes e la FED.
Eduardo Frei es hijo de uno de los hombres más cultos de la época republicana –pasaba fácilmente de Mounier a Thomas Mann; conocía a cabalidad la literatura histórica chilena, incluso escribió un libro sobre la historia de los partidos políticos chilenos, junto a Alberto Edwards. Con Eduardo Frei hijo ocurre un fenómeno que se ha dado, a menudo, en la historia: querer hacer algo muy diferente a su padre y estar harto de la lectura de títulos de su progenitor. Eduardo hijo, ingeniero hidráulico, pienso que prefiere los libros sobre logaritmos y cálculo infinitesimal a las latas de los humanistas de los años 30, de quienes su padre era tan aficionado. Muchas veces pasa que un hijo de intelectual quiera convertirse en un hombre manual y que sólo lea la mecánica popular.
Jorge Arrate tuvo la habilidad de centrar su discurso y sus respuestas en los postulados de la izquierda y en la herencia del allendismo; muy razonablemente, no le interesó ganar la acomodaticia y pacata clase media y menos los magnates; así fue fácil para Jorge presentar un coherente plan de izquierda, de ideas tan atractivas como derogar inmediatamente la monstruosa Constitución de 1980, nacionalizar nuestras riquezas básicas – pienso que debiera incluir el litio, explotado por el yerno del baboso y ladrón Augusto Pinochet.
En otra oportunidad seguiré analizando los pormenores programáticos de los candidatos a la presidencia de Chile, que fueron enunciados en el foro.
Rafael Luís Gumucio Rivas
25-09-09
