Hace unos días en el Centro Cultural Palacio La Moneda se presentó el libro “Niña errante, que muestra una nueva visión sobre Gabriela Mistral (1889- 1957) primer Premio Nobel (1947) de nuestra América Latina. En ese lugar, fue exhibido oficialmente el libro “Niña Errante” el que nos revela las íntimas cartas que Mistral y su albacea, Doris Dana, intercambiaron desde 1948 a 1956, dejándose al descubierto, el apasionado amor lésbico entre ambas mujeres.
La publicación que fue presentada por su editor Pablo Zegers, por el representante de la Fundación Premio Nobel Gabriela Mistral, Jaime Quezada, y por la académica María Soledad Falabella, está lejos de ser un libro en que se expongan miserias humanas. Es un libro en que se devela una realidad, con mucho respeto y dignidad, una nueva humanidad de una mujer que escribió versos que hasta el día de hoy emocionan y conmueven a quien los lee.
Pertenezco a una generación que creció con la imagen de la divina Gabriela, de una mujer que ocultaba su vida en medio de una niebla que no permitía visualizarla bien. Con este libro, se devela la realidad de la mujer en su plenitud. En la presentación, ninguno de los panelistas mencionó la palabra “lesbiana”, pero dejaron en claro que se trataba de ello. Este libro, muestra esa faceta oculta, callada, pero conocida por todos. En ese sentido, se agradece la cuidadosa compilación del epistolario y sobre todo el desprejuiciado prologo, que permite comenzar a leer el libro con una mente abierta y sobre todo expectante por lo que se va a leer, que es la relación amorosa entre Doris Dana y la Mistral. Comprendo ahora, el celo con que Dana guardó el legado de Gabriela, aunque siempre negó su relación homosexual.
Jaime Quezada, presidente de la Fundación Gabriela Mistral, dijo en su discurso que para conocer bien a una mujer había que ver como rezaba y como amaba. Al leer Interrogaciones, Tribulación, Nocturno, Dios lo quiere, Éxtasis y Al oído de Cristo por nombrar algunos poemas de los Sonetos de la Muerte, vemos una fe profunda, desgarrada donde la mujer se aferra a ella frente al dolor. Ahora, “ Niña. .., nos muestra que amaba con la misma intensidad con que oraba, de manera profunda y con una entrega total.
Hay que releer a Gabriela. No para encontrar “indiscreciones amorosas” sino para encontrarnos con el talento enorme de una mujer que dicen que parecía una montaña, no solo por lo grande y recia, sino por esa sensación que daba de pureza elemental y para encontrarnos con su humanidad. Imperfecta para algunos, perfecta para otros. Cada uno tiene su juicio.
LORETO SOLER
